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¡Por amor a Dios, paguen impuestos!

¡Por amor a Dios, paguen impuestos!

No critico el destino del dinero que recaudan las iglesias, solo apoyo a que se tribute por aquel.

13 de abril 2021 , 09:10 p. m.

Lo primero que debo advertir es que soy católico, creyente y practicante moderado. Creo firmemente en el poder de sanación interior que nos ofrecen las religiones, pero también soy objetivo y busco ser justo en mis letras.

Recientemente, se suscitó una controversia en nuestro país en materia de tributación por parte de las iglesias, pues la representante a la cámara Katherine Miranda señaló que podría el Estado recaudar cerca de 1,8 billones de pesos anuales si se obligaran a estas agremiaciones religiosas a declarar renta, además afirmó que “en Colombia tener una iglesia es un negocio redondo”, lo cual no causó mucho agrado en sus feligreses, y mucho menos en quienes son sus líderes, como el senador John Milton Rodríguez, el cual, según su propia biografía, es pastor desde el año 1995. Así las cosas, veamos por qué la representante Miranda lanzó tales afirmaciones.

En Colombia hay aproximadamente 8.000 iglesias de todos los cultos, según cifras de la dirección de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior, y para el año 2017 se registraban dos (2) iglesias por día, ¿qué será lo que motiva la apertura de tantas iglesias?

El art. 23 del Estatuto Tributario establece lo siguiente: “ARTÍCULO 23. ENTIDADES NO CONTRIBUYENTES DECLARANTES. No son contribuyentes del impuesto sobre la renta los sindicatos, las asociaciones gremiales, los fondos de empleados, los fondos mutuos de inversión, las iglesias y confesiones religiosas reconocidas por el Ministerio del Interior o por la ley (…)”, y de acuerdo a la revista Dinero, la Dian reportó en el 2017 que las iglesias del país declararon un patrimonio bruto de $ 14,4 billones y un patrimonio líquido de $ 13 billones, las cuales a su vez percibieron ingresos brutos de $ 5,4 billones; no obstante, no declaran renta conforme el art. 23 antes mencionado.

Para entender por qué las iglesias no pagan impuestos debemos buscar el espíritu que motivó la norma, y es allí donde nos encontramos con la llamada “finalidad sin ánimo de lucro”, es decir, estas organizaciones son creadas para ayudar a sus semejantes, para realizar obras sociales, apoyar en catástrofes y desastres naturales, ayudar a los menos favorecidos y realizar campañas a favor de los enfermos, los niños y los ancianos, entre otras.

En este orden de ideas, pareciera que la razón para no pagar impuestos encuentra un fundamento justo y además noble, pero ahora veamos la realidad. En Colombia, una de las líderes religiosas más fuertes ha sido la señora María Luisa Piraquive, cabeza de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional y quien actualmente se encuentra en líos con la justicia. Vale la pena resaltar una reciente investigación periodística transfronteriza de EL TIEMPO y otros 11 medios de América Latina, coordinada por el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística(Clip), según la cual entre los bienes asociados a los Piraquive están: Creaciones Cedival Ltda., dedicada a la comercialización de ropa femenina y masculina (cancelada en 2005); Mercadeo Internacional de Reactivación y Apertura Mira EU, Librería y Papelería Futuro Ltda. (activa), Libertadora de Seguridad Ltda. (cancelada en 2010), Libertadora de Seguridad Servicios Integrales Ltda. (cancelada en 2010), Fundación Internacional María Luisa de Moreno, Asociación de Usuarios de la Fundación Médica Tu Salud y Editorial el Arte de Escribir Ltda. (activa), entre otras. En todas estas empresas hay miembros de la familia Piraquive entre sus directivos y, según peritos de la Fiscalía, aparecen donándose o girándose dineros entre sí, además de poseer bastantes bienes lujosos en los Estados Unidos.

De igual manera, uno de los pastores evangélicos más importantes de EE. UU, el señor Kenneth Copeland, fundador de una organización cristiana llamada Ministerios Kenneth Copeland, es actualmente poseedor (según medios públicos) de una fortuna de US 300 millones y quien a mediados de 2019 se compró un jet privado por un valor, de acuerdo a sus propios seguidores, de 6 millones de dólares, y del cual el mismo Copeland aparece en un video dando las gracias a Dios así: “Porque usted me dijo en 2002: ‘te estoy enviando nuevos socios con gran solvencia financiera que me obedecerán’ (…) Sé que no fallas. Alabado seas, señor”.

De nuevo, hablando en materia local, para nadie es un secreto la reputación económica de los pastores de los diversos cultos en nuestro país, fruto de lo cual hace unos años me encontraba sosteniendo una conversación con un gran amigo, fiel seguidor de uno de estos cultos cristianos, a quien le manifesté mi inconformidad con la camioneta y lujos de su pastor, cuando él y otras personas que acuden a su iglesia no cuentan con los recursos para darse dicha abundancia y suntuosidad; sin embargo, son ellos quienes le aportan al pastor para que los tenga. Frente a mis manifestaciones y de manera –para mí– muy sensata, me expresó mi amigo: “¿Acaso Dios quiere que suframos en la tierra, no resulta correcto que quien nos ayuda a salir adelante y nos reconforta en materia espiritual y emocional tenga una buena vida?”, en aquel momento no pude responderle, pero acá me permito hacerlo, y para ello acudo a las palabras del célebre expresidente Pepe Mujica, eso sí, cambiando la palabra “política” por la palabra “religión”, “El que quiere hacer plata, que se vaya al mundo de la industria, que se vaya al mundo del comercio, que entregue su existencia al mundo financiero, y está bien, lo aplaudiremos, pero que no se atreva con la –religión–”. Por supuesto que bajo ninguna circunstancia deseo ver a dicho pastor y/o a cualquier otro usando harapos o pasando necesidades, pero no me resulta justo que pretenda enriquecerse y hacer negocio con la fe, y sobre todo con la necesidad y angustias de las personas. Ahora bien, y es acá donde creo que cobra mayor importancia el análisis, si la realidad nos demuestra como las iglesias se han convertido en un muy próspero negocio, y además vemos que sus seguidores parecen estar satisfechos y regocijados en bienestar de manera espiritual, pues bien, la propuesta no es cancelar este tipo de organizaciones, la consigna es regularlas, y que, como cualquier otra actividad, paguen impuestos.

En el evangelio de Mateo 22:15-21 encontramos la expresión: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Creo que, como seguidores de Cristo, deberían las iglesias cumplir con esta consigna y darle al Estado la tributación que le corresponde por permitirles su funcionamiento y facilitarles las vías, la iluminación, el alcantarillado, la recolección de basuras, las vacunas contra el covid-19 y demás derechos que obtiene un ciudadano cualquiera dentro de un Estado democrático. ¿Y a Dios?, a él deberíamos ofrecerle gratitud, pedirle perdón por la vanidad, la avaricia, la codicia, la soberbia y demás antivalores que lastimosamente hoy en día nos dominan a los seres humanos. Creo que la idea del cristianismo es seguir a Jesús y vivir a su imagen y semejanza, no actuemos como los judíos de aquella época, quienes, según las escrituras, fueron los que orquestaron su crucifixión, pues ¿cómo aceptar que el mesías llegara en burro y fuera pobre?, lo bueno, parece, es que hoy en día los ‘mesías’ llegan en jet.

En materia laboral existe un excelente principio rector emanado directamente de la Constitución Política Nacional, establecido en el art. 53, el cual reza: “Primacía de la realidad sobre las formalidades”, este extraordinario postulado, considero, cobra especial relevancia en la materia que estamos tratando, toda vez que si bien es cierto en la letra estas organizaciones religiosas son “sin ánimo de lucro”, la realidad nos demuestra una cosa totalmente diferente, y no pretendo criticar el uso o destino del dinero que recaudan, solo apoyo que se tribute por aquel, y así y solo así seremos un Estado SOCIAL DE DERECHO, que, por demás, también es LAICO.

La verdadera justicia social la construimos entre todos.

Luis Felipe Gómez Ávila

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