Rayos en Asia, truenos en América

Rayos en Asia, truenos en América

Sin una comunidad internacional que alivie tensiones podría ser que ya no tuviésemos a dónde ir.

28 de junio 2020 , 12:59 a.m.

En Asia, China ejercita su músculo, Japón regresa a la arena militar, Corea del Norte está sin líder, India es apabullada por China. Trump y Putin, los dos en trance de reelección, no son instancia confiable para la tranquilidad global, ni siquiera en Venezuela.

Los líos de Asia son territoriales, incluido el de Hong Kong. El más apremiante, no el único, es el de la frontera de India y China, de casi 3.400 km, accidentada política, histórica y geográficamente. La línea entre los dos gigantes se ve interrumpida por Bután y Nepal. Al oriente de Bután rige desde 1914 la Línea MacMahon, nombrada en honor del secretario de Exteriores del gobierno colonial de India. Esta reconoce su validez, pero la cuestiona China y ha generado numerosos incidentes en estos cien años, el más grave en 1962.

Al occidente de Nepal, esa frontera tiene disputas serias: China administra la región de Aksai Chin, pero la soberanía la reclaman India y Pakistán. Es territorio de los Himalayas, inhabitado, corredor de la Nueva Ruta de la Seda y poseedor de agua dulce glaciar, otra razón de peso en la disputa.

Hace dos semanas, serios movimientos de tropas alteraron la frágil tranquilidad del Valle de Shaksgam. Como los acuerdos del 72, origen de la Línea de Control Actual, prohibieron el uso de armas de fuego por los soldados que patrullan, la escaramuza con decenas de muertos se llevó a cabo con piedras, palos y puñales. Casi todos murieron de frío. China dijo que era “una provocación” de la India, y viceversa. La frontera ha sido fuertemente reforzada. El riesgo de una escalada es grande. India, China y Pakistán tienen armamento nuclear, cuatro de cada diez habitantes del planeta viven en esos tres países. Y Rusia y EE. UU., a la expectativa.

Otro es al sur de Japón: las autoridades municipales en Okinawa decidieron cambiarles el nombre a unas islas que administra Japón y reclama China, las Senkaku/Diaoyu, 2.000 km al sur de Tokio. China ha despachado una flotilla de guardacostas, y Japón ha incrementado el patrullaje aéreo. Desde 2014, los dos países habían mejorado sus relaciones, al acordar el Consenso de Cuatro Puntos, referente a los tratados vigentes, a mirar hacia el futuro, a reconocer las diferencias en materia de soberanía de las islas en cuestión y a favorecer el diálogo para solucionar diferencias. Los interesados son potencias nucleares.

Corea del Norte hizo explotar la Oficina de Enlace y ha cerrado toda comunicación con el sur, y en Seúl renunció el ministro de la Reunificación. Se rumora que la hermana menor de Kim Jong-un, la hábil diplomática y jefe de propaganda, Kim Yo-jong, es quien maneja las riendas ante los problemas de alcohol y obesidad del misterioso líder.

El libro de Bolton en EE. UU. revela que los encuentros entre Trump y Kim fueron desaconsejados desde el principio, pero que la necesidad de la foto para el presidente norteamericano los había forzado a cualquier costo.

Nadie sabe qué es más peligroso, si la hermana creando un conflicto para afirmar su mando, el hermano dando bandazos de ebrio o Trump reeligiéndose. Aquí también la tecnología nuclear está a disposición de las partes. Y EE. UU. y Rusia observan el panorama.

China patrulla el Pacífico con satélites y su más poderosa flota: portaviones, acorazados, submarinos, misiles, aviones de combate y bombarderos de última generación. Se preocupa Taiwán, y los norteamericanos sienten la necesidad de garantizar “la libre navegación” con un despliegue igual. El riesgo de incidentes bélicos es grande. Rusia presente.

Se revela que sería ‘cool’ una invasión a Venezuela, país que “siempre ha pertenecido a EE. UU.”, según Trump, el mismo que podríamos ver en una foto con Maduro, como lo hizo con Kim. Y Rusia, ahí.

Sin una comunidad internacional fuerte que alivie tensiones y vigile la tentación de usarlas para fines electorales domésticos, podría ser que ya no tuviésemos mundo a dónde ir cuando nos suelten.

LUIS CARLOS VILLEGAS

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