Porque sudamos, sangramos menos

Porque sudamos, sangramos menos

Las decisiones de reapertura son correctas: con gradualidad y en sectores que tengan menor riesgo.

27 de abril 2020 , 12:55 a.m.

El Cid Campeador, magistralmente novelado por Pérez Reverte, arengaba al entrenar a su mesnada diciéndole: “Si sudamos abundantemente antes de la batalla, sangraremos menos en ella”. Es el sabio comportamiento que ha seguido Colombia en este trance del virus, como lo muestran las estadísticas de crecimiento de los casos, de las muertes y de los casos por millón de habitantes.

A 24 de abril había en el mundo unos tres millones de casos registrados, 200.000 muertes, 5.500 diarias, 800.000 recuperados y 60.000 casos severos o críticos; eso significa, por cada millón de habitantes, 360 casos registrados, 26 muertes y 15.000 pruebas para detectar el contagio.

En Colombia teníamos a la misma fecha 4.800 casos, 215 muertes y 98 casos severos o en estado crítico, lo que nos da por cada millón de colombianos 90 casos, 4 muertes y 1.500 pruebas de contagio, según Worldometer. Hemos logrado desacelerar eficazmente la propagación de la enfermedad; nuestro sistema de salud ha podido atender los casos críticos; y las muertes derivadas del covid-19 en el país son la séptima parte de las mundiales con respecto a la población. Buenas noticias: estamos viendo las bondades de habernos aislado durante estas cinco semanas que ordenó el presidente Duque con buen criterio. La mala noticia es que hacemos la décima parte de las pruebas promedio del mundo. Eso hay que remediarlo ya, para poder tomar futuras decisiones informadas con respecto al regreso a las actividades ciudadanas con el menor riesgo posible.

El rol del gerente para enfrentar la pandemia se torna crítico: debe ser libre, debe contar con los recursos financieros y logísticos y, sobre todo, debe ser fuente única de información para el Gobierno, por supuesto con pleno conocimiento del Presidente. Nada de anuncios sobre reinicio de actividades que no vengan de esas dos cabezas, ojalá de una sola; nada de anuncios sobre gasto que no provengan de las carteras respectivas en acuerdo con el gerente; nada de decisiones de logística que se salten el conducto emergente. Igual cosa para los organismos de control: en buena hora han entendido que su papel fiscalizador y de castigo, si es el caso, debe dirigirse a los ordenadores y contratantes del gasto, sin afirmaciones generales que hacen dudar al ciudadano de a pie sobre la transparencia de la totalidad de la política de emergencia. Bien la lucha contra la corrupción allí donde se da, en el gasto puntual y no en general.

Las decisiones de reapertura son correctas: con gradualidad y en los sectores que tengan menor riesgo y mayor capacidad de aplicar los protocolos de distanciamiento que las autoridades locales estén en capacidad de enforzar. No todas las empresas de construcción, no todas las industrias manufactureras pueden abrir cumpliendo estas condiciones. Las que no pueden deben esperar a que puedan, especialmente si tienen una historia de trabajo informal que debe corregirse en esta crisis. En materia de transporte, no he visto el incentivo a caminar, a usar la bici y la moto. Como decía un diplomático en los 80, un colombiano en París camina más que un francés; pero en Bogotá, para dos cuadras, usa el bus o el taxi porque lo paran en cualquier parte. No puede descansar la reapertura en los sistemas de transporte masivo sin más: también deben seguir los protocolos de distanciamiento.

Creo que es hora de pensar en el regreso a clases de los universitarios y jóvenes de 10.º y 11; son de menor riesgo y pueden acatar racionalmente la condición de mantener cuidados en la relación con sus abuelos o parientes enfermos de otras cosas. Sobre los mayores, pensar hacia julio o agosto en protocolos que les permitan escoger su riesgo conscientemente: morirse de viejos, no de virus, solos y tristes, o volver al cariño de sus familias con todas las precauciones.

Hasta ahora las personas hemos sudado bien y sangrado poco, a pesar del dolor de las muertes. Pero la economía pasa a la UCI.

LUIS CARLOS VILLEGAS

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