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Los quince de Luis Alberto Moreno

Los quince de Luis Alberto Moreno

Su sucesor no puede ser de EE. UU.: se requiere alguien que abogue por intereses latinoamericanos.

Por estos días, con exceso, se calificó de “amplio” el rol multilateral de Colombia porque entró a la presidencia de la CAN, que es rotativa; porque pagamos cuota en el Fondo Monetario Internacional o porque usamos el mecanismo de solución de controversias de la OMC, quedó de último lo más trascendente: que un colombiano, Luis Alberto Moreno, dirige el Banco Interamericano de Desarrollo hace quince años.

Salvo esta importante posición que termina, comparados con Argentina, Brasil, México, Chile o Uruguay, Colombia no tiene actualmente figuración internacional de trascendencia. Atrás quedaron la presidencia del Mundo de Indalecio Liévano y la secretaría general de la OEA de Alberto Lleras y César Gaviria.

El ingreso a la Ocde, la asociación con la Otán, los TLC y la mejoría sustancial en el acceso al mundo sin visas, cuatro de los amplios logros de política exterior del gobierno anterior y su cancillería, son importantes credenciales recientes de Colombia en lo global; la membresía de la Ocde ha seguido avanzando. Pero hay que buscar liderazgo, porque nuestro rol internacional no es amplio aún y porque somos un país de tamaño suficiente y con experiencia en resolución exitosa de crisis, útil en el mundo hoy.

A Luis Alberto Moreno le debe Colombia reconocimiento por el BID y por una larga y brillante carrera al servicio de intereses nacionales y hemisféricos que en otras latitudes sería leyenda.

Moreno, embajador en Washington, llegó al BID en 2005. El Banco prestaba al año 5.000 millones de dólares. En 2020 prestará 20.000 millones, cuatro veces más. El capital se dobló en ese tiempo, y la inversión del Banco en el sector privado de las Américas pasó de 200 millones de dólares a 7.000 a través de su filial, la CII.

Moreno ha logrado movilizar más de 500 millones de dólares de las grandes empresas del mundo, cada año, a proyectos de emprendimiento, medio ambiente, educación, administración pública, vivienda y mitigación de riesgos, apalancados y administrados por el BID. Como prueba de su importancia para nuestro país, Colombia ha recibido en total 17.500 millones de dólares, 1.200 millones por año, desde que Luis Alberto dirige el BID.

La capacidad técnica de la institución está a la altura de la del Birf (Banco Mundial) o del FMI; la tecnocracia que se entrena en Washington puede regresar a sus países para mejorar las políticas públicas. Tenemos al presidente Duque con ese origen.

Moreno abrió una agenda acorde con los tiempos: digitalización, bancarización, cambio climático, políticas públicas de cultura, inclusión, género y equidad.
A excepción de siete islas del Caribe, todo el hemisferio está en el Banco junto con 22 países de fuera de la región, 12 de los cuales son europeos; otros importantes son China, Israel, Corea y Japón. Moreno capoteó con liderazgo y éxito la crisis de la capitalización del BID en la crisis financiera de 2008, cuando la oposición del Gobierno de EE. UU. fue feroz y casi lleva al traste la cooperación norte-sur hemisférica.

Si no fuera por la mano hábil de Moreno, el Banco habría perdido a EE. UU. y, así, su viabilidad. La crisis del covid-19 es el reto para el Banco: queda bien reforzado en capital y en capacidad para atender una región que vive momentos inéditos de economía y de cohesión política y social.

El sucesor de Moreno no puede ser de EE. UU.: se requiere alguien que tenga a flor de piel la tragedia que vivirán muchos países por el virus y que conozca y abogue por los intereses latinoamericanos en profundidad. No caiga el Banco en manos del extremo exilio cubano ni de los intereses de una personalidad mayamesca, ostentosa y superficial que no crea en la cooperación. La reciente carta de varios expresidentes latinoamericanos, Santos en ella, es sabia y oportuna: piden que en vez de elegir al líder del BID este 12 de septiembre, se esperen las elecciones de EE. UU. en noviembre y se baraje.

A Luis Alberto Moreno le debe Colombia reconocimiento por el BID y por una larga y brillante carrera al servicio de intereses nacionales y hemisféricos que en otras latitudes sería leyenda. No acaba aún.

Luis Carlos Villegas

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