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Guerra fría en dos frentes

Guerra fría en dos frentes

Sin llegar a cien días, Biden ha cambiado el curso de su país en frentes cruciales.

27 de marzo 2021 , 11:14 p. m.

Sin llegar a cien días, Biden ha cambiado el curso de su país en frentes cruciales: menor polarización, vacunación masiva, impulso keynesiano a la economía doméstica y global, política migratoria constructiva no libre de obstáculos, regreso a lo multilateral en la OMS y el Acuerdo de París, relación especial con Europa y con la Otán.

Ha recordado los límites de las alianzas, al endurecer la relación con Arabia Saudita después del asesinato del periodista Khashoggi, con complicidad de miembros de la familia reinante. De otro lado, China y Rusia se encuentran con un Estados Unidos dispuesto a aplicar la diplomacia, dura pero diplomacia, y también a defender sus intereses vitales por la fuerza. Tomó la decisión de “modernizar estratégicamente” el arsenal de la primera democracia del mundo, con el fin de estar a tono con las recientes escaramuzas de China en el Pacífico, para preocupación de Taiwán, Corea del Sur, Japón y Australia. Y no hay que olvidar el frente India-China en la frontera ‘de facto’ del Valle de Galwan, entre los dos países, ni el puño de hierro cerrado sobre Hong Kong.

Con China se produjo un primer encuentro entre el secretario de Estado Blinken y su homólogo Wang Yi, en el emblemático hotel Capitán Cook de Anchorage. La cita se vio como la “oportunidad de Alaska”, según la prensa oficial china, pero las expectativas se desinflaron al empezar la conversación, con reclamos mutuos de haber torcido el rumbo de la relación bilateral mediante aspiraciones de expansión; tal acusación no se oía entre superpotencias desde los ochenta. El cara a cara, entre señalamientos mutuos de “fausse grandeur” y de “tono soberbio”, en un salón frío, con tapabocas, salvo quien usa el micrófono, mostró una nueva diplomacia de EE. UU. sobre derechos humanos y democracia, sobre libertad de elecciones y respeto a las reglas empresariales y de desarrollo tecnológico.

Los chinos al final de la cita calificaron a Blinken de compasivo con aires de superioridad; la delegación de EE. UU. dijo a varios medios que la reunión había sido seria, directa y sustantiva. Esa es la manera correcta de defender los intereses nacionales de cada cual: alrededor de una mesa y, por duro que sea el lenguaje, lejos de la confrontación bélica directa. Xi Jinping había dicho en el pasado Foro de Davos que Trump quería embarcarse en una guerra fría con China. Para tranquilidad global, aseveró que el “aislamiento arrogante” no era una salida conveniente. En esa frase, aplicable a todos, puede estar la salida a esta etapa de reconstrucción diplomática sino-norteamericana.

Con Rusia, como en un matrimonio, Biden contestó “I do” a la pregunta sobre si creía que Putin era un criminal. El embajador ruso fue llamado a consultas; Putin retó a Biden a debate y le deseó “buena salud”. Hay también derechos humanos y libertad electoral en esta agenda de guerra fría. Además, están el atentado contra el opositor Navalni, la exploración y el patrullaje indebidos del Ártico, territorio de ocho estados; Siria; India; las relaciones con una Turquía, miembro de Otán, cada vez más autoritaria, radical y machista; la presencia en Latinoamérica, y los ataques cibernéticos, como Orión, a las plataformas federales de EE. UU.

La Guerra Fría anterior fue peligrosa pero útil para evitar la guerra nuclear EE. UU.-URSS por la llamada trampa de Tucídides o competencia entre naciones. Hoy hay dos guerras frías entre potencias nucleares con ánimo de hacer crecer su influencia global y en la región. Tendrán consecuencias en Colombia por el lado de Cuba, Venezuela, Brasil, Bolivia, Nicaragua y el Caribe, todos vecinos. Y también sobre el comercio, la inversión y la decisión de remozar o no, y con cuánto subsidio directo, la flota aérea de combate. El cuadro ameritaría un debate en la Comisión Asesora de RR. EE., con expresidentes a bordo, y sin que los novatos miembros de esa instancia desvíen a la opinión con propuestas que parecen derivadas de la gula burocrática.

LUIS CARLOS VILLEGAS

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