La verdad, la decencia y el respeto

La verdad, la decencia y el respeto

En un mensaje corto, escrito por él, Joe Biden dijo lo que debía en un momento difícil para su país.

22 de enero 2021 , 09:25 p. m.

Una semana después de su elección, Franklin Roosevelt le dijo a The New York Times: “La Presidencia de Estados Unidos no es meramente una oficina administrativa. Eso es lo de menos. Es de manera preponderante un sitio de liderazgo moral. Sin un liderazgo alerta y sensible al cambio, estaremos atascados y perderíamos el rumbo”. Es un concepto que todo presidente de país democrático debería leer y ejercer. Su razón quedó clara en la posesión de Biden como mandatario de Estados Unidos. En un mensaje corto, de veinte minutos, escrito por él, sin duda, dijo lo que debía en un momento difícil para su país; no pasará a la historia como texto para citar, salvo “debemos terminar esta guerra incivil”, pero sí será de obligatorio estudio para ser usado como ejemplo de la actitud de un líder tranquilo y avezado cuando tiene que enfrentar momentos de crisis y de división.

Contrariamente a la oratoria de moda, que improvisa, que reacciona a la temperatura del auditorio sin ocuparse del origen de las dificultades o de los valores bajo ataque, Biden puso en el centro de su primer acto como jefe de Estado la búsqueda de una nueva unión de la nación norteamericana; unión que, según lo esbozó, debe resurgir de la confluencia en el Gobierno, en el Congreso y en la nación, de tres valores que se perdieron bajo la administración populista extrema de su antecesor. Tales valores son la verdad, la decencia y el respeto. Cómo suenan de raras estas palabras cuando se habla de política. Cómo se ven de ajenas a los discursos, trinos, redes y boletines de los gobiernos de hoy en casi todo el mundo. Cómo han sido remplazados por la mentira, la falta de delicadeza y de empatía; ¡sustituidos por el irrespeto y la intolerancia!

Hay un nuevo aire. Como si lo acabado no fuera Trump,
sino el coronavirus. Confiemos en que se mantendrá este ambiente positivo y que el soberbio saliente tendrá control judicial
o político.

La verdad, precio que debe pagar todo demócrata para gobernar, cayó en el olvido:

Trump la archivó junto con el coronavirus, las elecciones, sus propios impuestos, sus propios negocios, sus perdones. La decencia, armadura que debe brillar en todo demócrata, desapareció al despreciar a muertos y enfermos del virus, al insultar a sus tropas, al animar a los sediciosos del Capitolio, al elogiar a la supremacía blanca y amenazar con no entregar el poder. El respeto, la diferencia entre humanos y algunas especies animales, dejó de presidir las actitudes públicas y privadas cuando Trump lo perdió en la campaña, cuando trató mal a su mujer, cuando insultó a China, a nosotros y a la OMS, cuando descalificó a la Otán y a la Unión Europea y cuando decidió salir del Acuerdo de París. Estas ausencias se exacerbaron con Twitter, Instagram y Facebook, cuyo marco es propicio para opinar sin valores, sin reflexión, con ira, mentira, indecencia y ofensa; hay que enfrentar esta realidad, precisamente para defender la libertad de expresión, hoy coartada por ese formato salvaje, antiético y oligárquico de las redes dominadas por la ley de sus accionistas ávidos.

Con Biden vuelve a intentarse la verdad en política. Tendrá numerosas pruebas: en general, sus trinos; en lo externo, China, Rusia, Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Irán, el petróleo; en lo interno, la vacunación, las medidas económicas duras, los ajustes de la fuerza pública, la lucha contra el racismo, la migración. Intentará hacer política con decencia, con lo cual las derechas latinoamericanas quedan exclusivamente en manos de Bolsonaro para su inspiración. Biden usará el respeto para manejar el disenso, con lo cual los insultos y la intolerancia de nuestra política local perderán un referente usado recientemente como justificación para los más rechazables extremos.

Las expectativas sobre el nuevo presidente y su ‘vice’ son altas. Hay un nuevo aire. Como si lo acabado no fuera Trump, sino el coronavirus. Confiemos en que se mantendrá este ambiente positivo y que el soberbio saliente tendrá control judicial o político. Se necesita para que el mundo enfrente, con EE. UU. a la cabeza, una dura etapa de desafío colectivo.

Luis Carlos Villegas

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