El padre de la tecnocracia

El padre de la tecnocracia

En los 50 años de Fedesarrollo, el país debe reconocer a Rodrigo Botero como uno de sus grandes.

26 de agosto 2020 , 09:25 p. m.

En 2014, como embajador en Washington impuse, merecidamente, a Rodrigo Botero la Gran Cruz de San Carlos, por instrucciones del presidente Santos y su canciller, Holguín. Mencioné una conversación que el entonces ministro de Hacienda de López tuvo en el Jockey Club con Paul Vaky, embajador de Estados Unidos, y con el visitante subsecretario Luers, reseñada por cable al Departamento de Estado.

Rodrigo causó en ambos la mejor impresión como “economista joven”, a pesar del duro debate que había propiciado sobre propiedad nacional del sector financiero en octubre de ese 1975. “Colombia debe desarrollar su propia capacidad técnica, su propio expertise para mantener el control sobre la economía de manera profesional”, les dijo Botero, según el cable filtrado por WikiLeaks. El diplomático agregó: “Botero quiere promover el ahorro doméstico, estabilizar la tasa de cambio y así lograr mayor independencia colombiana de los organismos multilaterales”.

A López le dirigió Rodrigo un memo en febrero del 76, de total actualidad: “Pasar de una protección infinita a una cuantificable constituida por un arancel bajo, más una tasa de cambio flexible, evocará la protesta de algunos sectores empresariales que prefieren un mercado cautivo, desprovisto de competencia en precios y calidades. Pero la eliminación de la protección excesiva o innecesaria es lo que conviene a la economía a corto, mediano y largo plazo, pues constituye la mejor manera de garantizar la eficiencia y competitividad de las empresas colombianas”. Menciona la competitividad veinte años antes de que aquí la descubriésemos.

Recordó Botero Montoya que su obsesión con la construcción de tecnocracia surge con la crisis cambiaria del 66 y la consecuente negociación con los bancos multilaterales, una de las más duras. Los técnicos que participaron, Rodrigo entre ellos, se hicieron la promesa profesional de fortalecer la economía del país, especialmente en el frente externo, muy vulnerable y dependiente del café. Esa promesa se ha cumplido. Tenemos un banco central independiente, capaz de tomar decisiones por fuera del debate sectario; un banco que es capaz de moverse ágilmente en la proporción de sus reservas internacionales, de acuerdo con criterios técnicos modernos y exitosos. Baste ver la diferencia entre la composición de las reservas, incluida la venta de oro colombiano, con ganancia para la nación de mil seiscientos millones de dólares en un semestre, y la venta de oro venezolano, a pérdida por razones políticas.

El Ministerio de Hacienda está dotado de profesionales escogidos por su capacidad y formación, y no por sus afinidades partidistas. El Departamento de Planeación funciona con profesionalismo y capacidad de generar información objetiva y a tiempo para el Gobierno Nacional, para los gobernadores y alcaldes y para el Congreso. El comercio exterior, las reglas de inversión y la administración arancelaria han mejorado ostensiblemente. La promoción de las nuevas exportaciones está en manos de una entidad fuerte y técnica, modelo en la región. La administración minera y petrolera también ha mejorado, a pesar de embates recientes para debilitarla. El sector defensa tiene profesionales civiles y uniformados de valía que ayudan, mantienen grados de transparencia y eficacia en las instituciones y en el personal de carrera militar o policial. La infraestructura sin duda se planifica y construye mejor hoy que hace unas décadas. La Cancillería ha profesionalizado sus carreras de manera notable en la anterior administración. Nos falta en medio ambiente, en el nivel central y en el regional; en la justicia; en la educación y en la salud; en la administración local; en el sector agrícola, muchos funcionarios públicos y gremiales, salvo en el café, son expresiones de intereses o partidos, más que administradores y solucionadores.

En los 50 años de Fedesarrollo, creación de Rodrigo Botero, el país debe reconocerlo como uno de sus grandes.

Luis Carlos Villegas

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