Secciones
Síguenos en:
Carrasquilla en fiestas

Carrasquilla en fiestas

Sus escritos son una denuncia de las talanqueras de clase que heredó Antioquia de la Colonia.

De Carrasquilla se ha dicho que está pasado de moda; que su lenguaje es indescifrable; que no interpreta a la nación colombiana. En fin, que es un meapilas sin importancia. Por supuesto me refiero a don Tomás, no a don Alberto Carrasquilla, quien deberá dedicar toda su experimentada energía a los duros desafíos que vienen.

A Tomás Carrasquilla Naranjo se le otorgó tarde el Premio Nacional de Literatura, en 1936. Paradójicamente, la resolución que lo otorga va firmada por Alfonso López Pumarejo y Darío Echandía. El jurado también era liberal, compuesto por Baldomero Sanín Cano y Jorge Zalamea. Tratan de equilibrar la ecuación política Antonio Gómez Restrepo, secretario general de la Cancillería por más de veinte años, y Laureano García Ortiz, presidente de la Academia y canciller de Suárez.

Todos estos nombres parecen impulsados por la fatalidad de Rodó: “La que nos empuja a la política a todos los que tenemos una pluma en la mano”. A don Tomás se lo trató de encasillar en lo más godo de la transición del siglo XIX al XX. Sin embargo, Zalamea dice en el acta del jurado que: “No se descubre en el autor tendencia alguna moralizante, ni la voluntad de objetivar un principio moral o una determinada enseñanza. Carrasquilla es el artista puro, describe, narra, imagina, por el placer de crear”. Su descripción detallada de los sucesos religiosos es solamente una constancia de la realidad de esa sociedad antioqueña; pero sus personajes sacros tienen el toque de la tolerancia, como el padre Casafús, que en últimas se declaró rojo, tal y como algunos fieles lo habían denunciado.

La obra de Carrasquilla es, en su mayoría, la visión del niño. Sus raíces, sus pesares, sus costumbres, sus paisajes, sus viajes. Es una visión de la Antioquia maicera, sí, pero universal, otra de las cualidades que le niegan al maestro. El protagonismo de las mujeres, impropio en 1900, lo muestra crítico de la subordinación femenina, pues pone a las señoras a mandar en la casa, en los negocios, en las minas. La marquesa de Yolombó es un grito temprano de igualdad de la mujer y una protesta por el tratamiento social de varones que, creyéndose más ilustres, se daban autoridad para estafar a las damas en sus dineros, y engañarlas en sus corazones.

Pasa igual con los negros, protagonistas en su obra: se nota el deseo de libertarlos jurídicamente desde la igualdad de derechos y de trabajos; especialmente a las mujeres negras les otorga don Tomás papel estelar de protectoras, definidoras de pleitos, consejeras, médicas y ayas. Blancas y negras se tratan igual, se hablan igual, se odian igual. Es don Tomás intérprete del rechazo al sablazo, al engaño, al aprovechamiento de la posición para estafar u obtener indebidas prebendas. El falso noble español que deja en la ruina a Bárbara Cavallero y Alzate, los engaños de sotana, las falsas quiebras bancarias y comerciales son sucesos recurrentes que acontecen en una sociedad laxa con la ilegalidad, talante que se agravaría medio siglo más tarde. Sus escritos son una denuncia de las talanqueras de clase que heredó Antioquia de la Colonia; también son una loa a una “indecorativa clase media”, como él mismo la llama, que trata de surgir en medio de la pobreza, el mal gobierno y la falta de reglas sociales para prosperar, amén del exceso de estas para mantener el hambre y las carencias.

Sin ser filático, es una delicia el léxico de Carrasquilla. Espelunca es cueva; catabre, canasto; guasparria, machete; zumbambico, necio; pergüétano, tonto; zangarria, bailarín. Son muestras de la abundante cantera castellana que representan las obras de don Tomás.

Carrasquilla es parte del ser nacional. Releerlo en estas fiestas produce alegría y nostalgia, es decir, lo que debe generar en el alma una buena lectura. “Soy antioqueño, de la raza judaica, gran productora de melancolía; vivo como un gentil que no espera ningún Mesías”, dijo alguna vez Barba Jacob.

¡Felices fiestas!

LUIS CARLOS VILLEGAS

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.