Pérdidas irreparables

Pérdidas irreparables

La muerte de Guillermo Perry y de Javier Darío Restrepo es doble e inmenso dolor nacional.

11 de octubre 2019 , 07:41 p.m.

Cuando el andamiaje institucional falla por punta y punta; cuando los colombianos no sabemos para dónde vamos; cuando en este país ser pillo paga y cualquier pillo puede hacer de las suyas, pues tienen seguidores que lo apoyen; cuando la corrupción, abeja reina de esta colmena llamada Colombia, ha penetrado todas las ramas del poder público y buena parte de las empresas particulares; mejor dicho, cuando Colombia pasa por uno de sus peores momentos, tanto por la desconfianza de los ciudadanos en sus instituciones como por su general desprestigio, dos colombianos de primera categoría, dos faros que proyectaban su luz en medio de tanta oscuridad, se fueron para siempre.

La muerte de Guillermo Perry y de Javier Darío Restrepo, con una semana de diferencia, es doble e inmenso dolor nacional. Cada uno, en su órbita, era un maestro. Tanto por sus conocimientos, por su preparación, como por su manera de ser y de actuar en todos los escenarios, eran ciudadanos y profesionales de primera categoría.

Guillermo Perry, como miembro de la Asamblea Constitucional, como ministro de Hacienda y de Minas y Energía, le prestó al país enormes servicios. En economía, su especialidad, era un maestro. Además de haber hecho mucho y de haber ayudado a resolver problemas nacionales, sabía explicar con claridad los asuntos económicos más complejos. Sus columnas, los domingos en EL TIEMPO, eran una cátedra. Leyéndolas, los ignorantes, como yo, podíamos comprender algunos de los misterios de la economía. Su sensatez, su ecuanimidad; eran mudas invitaciones a que le rebajáramos a la agresividad, a la criticadera, al descontento.

Guillermo Perry estaba en la cima de la popularidad. Su libro Decidí contarlo se vendía como pan caliente. Quienes lo han leído dicen que Perry, en vez de seguir moliendo sobre los males que azotan a este país, como hacemos la mayoría, escribió en su libro sobre lo bueno que han hecho en Colombia los distintos gobiernos. Era positivo, era constructivo. “Es un ejemplo para las nuevas generaciones”, dice el exministro de Hacienda Mauricio Cárdenas.

En periodismo, Javier Darío Restrepo era un faro, un ejemplo, un maestro. Era sacerdote cuando lo conocí. Con su grabadora llegó a la oficina de Contrapunto, programa político de Jaime Soto, para averiguar por Contrapunto femenino, programa creado por Jaime, que Beatriz Vieco y yo dirigíamos. Desde entonces fuimos amigos. Yo admiraba su trabajo, y él apoyaba lo que hacíamos las mujeres. En 1985, como presidenta del jurado del Premio de Periodismo Simón Bolívar, propuse a Javier Darío para el premio mayor: obra y vida. Fue el primer gran reportero en obtener ese importante reconocimiento. Antes lo habían recibido directores de diarios, investigadores cronistas, pero nunca un ‘cargaladrillos’. Se reconoció entonces que, en periodismo, la reportería es el oficio más difícil, más valioso y más admirable.

Fue reportero estrella en el Noticiero 24 Horas, que dirigía Mauricio Gómez. En desarrollo de su trabajo recorrió este país y muchos del continente. Tantas experiencias y tantos conocimientos le sirvieron para escribir unos 30 libros sobre los temas más diversos. Como La revolución de las sotanas, historia de Camilo Torres y de los movimientos contestatarios de los años 60, como los curas de Golconda y la agitada situación de la Iglesia católica en ese período; o Historia de seis guerras, con el cual ganó el Premio Planeta.

La ética era el arma de combate de Javier Darío. Escribió, con María Teresa Herrán, Ética para periodistas, libro que se convirtió en una Biblia para la gente del gremio. Era maestro de ética de la Fundación de Gabo, en Cartagena, y dictaba clases de ética en otros países. En este tema era un referente internacional.

Dijo siempre: “La venalidad, el sometimiento a intereses económicos y políticos, la dependencia de una sola fuente, la aceptación de prebendas que comprometen el libre ejercicio profesional, el afán de lucro y el estrellato no son calumnias de la oposición. Son realidades infortunadas que afectan la credibilidad y contribuyen al desprestigio del periodismo”.

lucynietods@gmail.com

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