Luis Carlos Galán

Luis Carlos Galán

Fue el primer político en atacar sin miedo a los narcos.

16 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Por orden de los narcotraficantes Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, fue asesinado hace 30 años, en la plaza de Soacha, el candidato presidencial Luis Carlos Galán. Participó en la planeación del magnicidio el político tolimense Alberto Santofimio, quien, con ganas de ser presidente, comprendió que Galán era un rival invencible al que había que desaparecer.

Contribuyó a fraguar la tragedia el jefe del DAS, Miguel Maza Márquez: cambió a última hora el esquema de seguridad de Galán. Envió, como jefe de escoltas, a Jacobo Torregrosa, un oscuro personaje con pésimos antecedentes que, como era obvio, no defendió a Galán. Cuando, herido de muerte, lo vio caer en la tarima, el tal jefe de seguridad desapareció de la escena.

Galán era un periodista sobresaliente por su madurez, su sensatez, por el valor con que combatía a corruptores y a corruptos. En virtud de sus muchas cualidades, el expresidente Eduardo Santos lo nombró director de la sección política de EL TIEMPO. El presidente Carlos Lleras le dio su primer cargo público: delegado a la Conferencia Mundial de Comercio reunida en Delhi. Más tarde lo vinculó a la revista Nueva Frontera.

Pero Galán dejó el periodismo para aceptarle al presidente Misael Pastrana el Ministerio de Educación. Aunque estuvo solo 2 años, la exministra Cecilia María Vélez dijo: “Puso los primeros peldaños de una revolución de la educación”. Después fue embajador en Italia. Y de la diplomacia saltó la política, su verdadero destino.

Su asesinato conmovió al mundo. Después, ni el Estado, ni los gobiernos ni la sociedad han estado a la altura de Galán, en cuanto a persecución y rechazo del narcotráfico

Militó en la corriente de Carlos Lleras. Fue concejal en Oiba, Santander, y después, senador. En 1978 fundó su propio partido, el Nuevo Liberalismo (NL), y desde ahí atacó sin miedo a los narcos. En particular a Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín. Cuando ese narco, con ayuda del corrupto Jairo Ortega, se coló en el NL, Galán voló a expulsarlo. Y después de que los narcos asesinaron a Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia del gobierno de Belisario, la batalla antinarco de Galán no tuvo tregua.

Fue el primer político en atacar sin miedo a los narcos. Con artículos y discursos, se adelantó a alertar a la gente sobre el peligro de las drogas ilícitas –cuyos cultivos crecían a ojos vistas– y el poder corruptor del narcotráfico. Tarde se reconoció que la de Galán fue una voz en el desierto.

Pues gente, considerada honesta, negoció con los narcos. Tenían dinero, pagaban bien, les interesaba figurar, pertenecer, ser parte de esa sociedad que sin reato les vendía casas, fábricas, negocios, hatos, haciendas. Estas eran fácilmente reconocibles porque las cercas de sus potreros eran de primera calidad.

Empeñados en matar a Galán, los narcos fraguaron un atentado, el 4 de agosto de 1984, día en que dictaría una conferencia en la U. de Medellín. De milagro, el plan se frustró. A Galán lo salvó el policía Waldemar Franklin: lo llevó al aeropuerto. Ese intento de asesinato no mereció rechazo social, y eso a Galán le extrañó y le dolió.

Todo el mundo sabía que Galán estaba en peligro. Que la seguridad estatal era inoperante. Que tenía en contra a Pablo Escobar, el peor asesino, el narco más poderoso, el jefe de la mafia más corrupta. Por eso, cuando en plena campaña iba a hablar en Soacha, amigos suyos le pidieron que no fuera. Pero Galán quiso cumplirle a la gente que lo esperaba en la plaza de esa localidad.

Su asesinato conmovió al mundo. Después, ni el Estado, ni los gobiernos ni la sociedad han estado a la altura de Galán, en cuanto a persecución y rechazo del narcotráfico. Por no haberlo oído entonces, ni haber reaccionado contra la corrupción con el valor y la constancia de Galán, estamos en lo que estamos.

En memoria de Galán, tiene que renacer el Nuevo Liberalismo, el único partido que luchó en forma contra los narcotraficantes. Es hora de intensificar con el mismo valor esa batalla que, por lo pronto, llevamos perdida.

lucynietods@gmail.com

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