La parálisis

La parálisis

Las benditas marchas, amparadas por la Constitución, deberían tener reglamentaciones más claras.

22 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

Noviembre ha sido un mes negro para el Gobierno Nacional. La movilización de ciudadanos, que llenó plazas y calles de ciudades y pueblos, es una demostración del descontento general. En realidad, el Gobierno está pagando caro sus equivocaciones, sus errores y su terquedad. No oír las voces que piden cambios, no cumplir con las promesas ofrecidas, le está costando al presidente Iván Duque serios dolores de cabeza. El puntillazo de un país, que el jueves 21 protestó a grito herido, obliga al Gobierno a cambiar de rumbo y a reconocer que está equivocado.

Una gran equivocación fue nombrar ministro de Defensa al señor Guillermo Botero, cuya experiencia estaba centrada en haber manejado, durante 20 años, los intereses de comerciantes y exportadores. Pronto demostró Botero que la defensa no era lo suyo. Y pronto se supo que sus virtudes para ser ministro de Defensa fueron haber sido, durante el Gobierno del presidente Álvaro Uribe, su representante en varias juntas directivas. Además, ser enemigo número uno del presidente Juan Manuel Santos.

Por desconocer sus propias responsabilidades, el ministro Botero metió al Gobierno y a las Fuerzas Armadas en un camellón sin salida. El operativo militar en el Caquetá, que el ministro le ocultó al país –divulgado después en el Congreso por el senador Roy Barreras, en el debate que culminó con la caída del ministro– puso también a las Fuerzas Armadas en entredicho. Mejor dicho: el nombramiento de Botero fue falla de marca mayor. Pero el Gobierno no le ha concedido mayo importancia. Al contrario: el presidente Duque despidió al ministro agradeciéndole su colaboración.

En esta ocasión, para invitar a
la movilización, enemigos del Gobierno utilizaron la misma ‘estrategia’ que utilizaron contra el plebiscito del 2 de octubre de 2016 quienes hoy están en el poder

La multitudinaria movilización del 21 de noviembre contra las políticas gubernamentales comenzó a prepararse con mucha anticipación. Nunca una protesta, una manifestación, una huelga, o como quieran llamarle, se había promovido por tantos patrocinadores y con tanta anticipación. Fecode, el poderoso sindicato de los maestros, comenzó hace días a pagar avisos de prensa y cuñas de radio para invitar a una protesta nacional contra el Gobierno por incumplir sus promesas. Poco a poco resurgieron muchos habituales protestantes: los estudiantes, los indígenas, las centrales obreras, los sindicatos, los políticos, las mujeres, los artistas.

Se conformaron así, a lo largo y ancho del territorio nacional, tumultos de ciudadanos que protestaban por todo y contra todo. Pues no están de acuerdo con lo que está sucediendo. No están de acuerdo con las políticas del Gobierno, ni con sus propuestas, ni con su falta de atención a muchos reclamos ni con la demora en cumplir con sus ofrecimientos.

En esta ocasión, para invitar a la movilización, enemigos del Gobierno utilizaron la misma ‘estrategia’ que utilizaron contra el plebiscito del 2 de octubre de 2016 quienes hoy están en el poder. Es decir: la mentira, la falsedad, el engaño. Entonces, para atacar al gobierno Duque, difundieron por las redes sociales toda clase de noticias falsas. Para desmentir tanta falsedad, el Gobierno tuvo que montar un programa de TV para que el Presidente explicara qué era cierto y qué era falso. Y tuvo que conceder entrevistas a los medios para explicarle al país que no había dicho lo que decían sus contradictores. La ‘estrategia’ del uribismo contra el plebiscito se revirtió contra la administración Duque.

Antes de 21 de noviembre, al Gobierno le cayó otro dolor de cabeza: la charla de Pacho Santos, embajador en EE. UU., con Claudia Blum, nueva canciller. Lo grave no fueron sus opiniones. Todos criticamos a Trujillo y a Trump. Lo grave fue publicarlas. Ese nuevo revés, el Gobierno está en proceso de resolverlo.

Entre tanto, se enumeran los desastres cometidos por bandas de cobardes encapuchados, que se solazan destruyendo y perjudicando a terceros y arruinando bienes públicos y de particulares. Las benditas marchas, amparadas por la Constitución, deberían tener reglamentaciones más claras. Pues, por ahora, además de elogiar la tumultuosa participación, algo tiene que hacer contra tantos cobardes.

lucynietods@gmail.com

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