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Historia patria

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Suena muy mal que, ante tan graves problemas, primen las garroteras entre expresidentes.

10 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Cuando el país político estaba enfrascado en buscar los pros y los contras de la candidatura presidencial del exrector de la U. de los Andes Alejandro Gaviria, la canciller Marta Lucía Ramírez dio una voz de alerta: en La Haya revivía el litigio de Colombia con Nicaragua, país donde el dictador Daniel Ortega, además de luchar a brazo partido para atornillarse en el puesto, sigue empeñado en quitarle a Colombia sus derechos en San Andrés y Providencia. Como era obvio, la Canciller citó a los 5 expresidentes para analizar con ellos la grave situación. No tuvieron la cortesía de responderle. Los exmandatarios están agarrados unos con otros. Cuatro critican el gobierno de Duque, mientras el quinto, Álvaro Uribe, sigue al mando, y no en la sombra. Esa pelotera entre los ex es perjudicial para ellos y para el país. A nivel internacional, el espectáculo es bochornoso. Sería mejor, para el país y para los polémicos ex, que pasaran a ser “muebles viejos”, como sugirió alguna vez el expresidente Alfonso López Michelsen.

Por otro lado, el regreso de Andrés Pastrana, quien dejó su apacible refugio europeo para venir a rendir cuentas ante el sacerdote Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, fue explosivo. En la entrevista que le hizo María Isabel Rueda para EL TIEMPO, el exmandatario es un botafuego contra su homólogo Ernesto Samper Pizano. Mostró una carta de los hermanos Rodríguez Orejuela en la que confirman que aportaron US$ 10 millones a esa campaña. Y Pastrana asegura que el ‘Chapo’ Guzmán donó 500.000 dólares. “A la gente se le olvida que fui yo quien destapó el proceso 8.000”, dijo el expresidente.

Y agregó: “En Memorias olvidadas... conté todo esto. Es que los que no le pararon bolas fueron los periodistas. (Risas)”, puso entre paréntesis María Isabel. En todo caso, la entrevista está llena de sorpresas. Algunas controvertibles, como el pacto de silencio que, según Pastrana, hizo con Rafael Pardo, entonces ministro de Defensa. “Conmigo no, señor Pastrana”, reviró Pardo. Llegó luego una dura carta de los Rodríguez, donde dicen que Pastrana les ofreció no extraditarlos si firmaban una carta a propósito de ese problema. Enseguida llovieron las rectificaciones.

Sería mejor, para el país y para los polémicos ex, que pasaran a ser “muebles viejos”.

Remover ahora el proceso 8.000 y revivir su rabia contra Samper no le salió muy bien al expresidente. Terminó agarrado también con los Rodríguez, sus ‘alfiles’ contra Samper. Por tratarse de un tema inagotable, la entrevista desató nuevas controversias y agarrones, pues tratándose de problemas nacionales, nadie tiene la última palabra.

Reabierto ese asunto tan controversial, y después de que los expresidentes no quisieron atender la invitación de la Canciller para tratar el lío con Ortega, a los colombianos del montón nos suena muy mal que, ante tan graves problemas, primen las garroteras entre expresidentes. Flaco servicio le prestan al país anteponiendo sus odios y rencillas a los problemas y necesidades de un país que ya no da más con tanta inseguridad, tanto narcotráfico, tanta violencia. Sus odios y rifirrafes los dejan mal parados, y peor aún en vísperas de unas elecciones cruciales.

No sobra recordar que fue Álvaro Uribe quien desató los odios en las altas esferas, cuando se lanzó contra el presidente Juan Manuel Santos por haber nombrado en su gabinete a Germán Vargas y a Juan Camilo Restrepo, personajes que no eran de su cuerda. Concentró su ira por esos nombramientos liderando una guerra sucia contra el proceso de paz y el plebiscito, con una campaña a base de falsedades. Uribe nunca perdonó que Santos obrara por su cuenta. Ese odio que destila el Centro Democrático ha envenenado a muchos sectores. Pero esa batalla la van perdiendo. A su jefe máximo le está yendo mal en las encuestas.

Por eso anda de ‘amigo’ de la polémica Epa Colombia, célebre por divertirse destruyendo una estación de TransMilenio, un bien público. ¿El que Uribe la haya invitado a comer empanadas quiere decir que apoya su comportamiento? Deprimente espectáculo. Un ejemplo demoledor. Como dicen los carniceros, Uribe le está echando cuchillo a su propio pescuezo.

LUCY NIETO DE SAMPER
lucynietods@gmail.com

(Lea todas las columnas de Lucy Nieto de Samper en EL TIEMPO, aquí)

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