‘Falsos positivos’

‘Falsos positivos’

Tan dolorosos y delicados acontecimientos deben analizarse con cabeza fría y más calma.

07 de junio 2019 , 07:49 p.m.

La polémica proyección de resultados operacionales del general Nicacio Martínez a los soldados revivió la escandalosa matanza de inocentes llamada ‘falsos positivos’, resultado de órdenes impartidas por el general Mario Montoya en el gobierno del presidente Álvaro Uribe. La nueva orden militar, filtrada por un periodista gringo al famoso The New York Times y publicada por el diario en primera página, originó un escándalo internacional. Con la información divulgada por el periódico gringo, todas las publicaciones colombianas resultaron chiviadas.

De remate, el canciller Carlos Holmes Trujillo organizó una avanzada diplomática para explicar o pedir explicaciones al NYT sobre la explosiva publicación. Y, en vez de ordenar ese trabajo al embajador Francisco Santos, que es periodista, el canciller viajó a Nueva York y se hizo acompañar por los embajadores Guillermo Fernández de Soto, en la ONU; Alejandro Ordóñez, en la OEA, y, obvio, por el embajador en Washington. Tan inesperada y costosa comitiva tuvo que sorprender a la directora del NYT.Too much’, debió de pensar ella al recibir tan poderosa delegación.

Volviendo a las chiviadas, el caso más delicado fue el de la revista Semana. Por ser una publicación nacional que analiza los diarios acontecimientos, porque ha sido siempre la primera en destapar los delitos, los errores, las embarradas, cometidos por el Ejército, como también por los mandatarios nacionales, por los gobernadores, alcaldes, congresistas, industriales, contratistas y demás delincuentes de cuello blanco, la chiviada parecía imposible. No obstante, sucedió. Además, la revista fue acusada por algunos medios de haber engavetado durante tres meses una completa información sobre la cuestionada orden militar.

Un error o una equivocada decisión del director no pueden echar por tierra una tarea y un prestigio ganado a lo largo de 30 años. Reemplazar a Coronell será difícil.

Pero, en realidad, quien puso a Semana en la picota pública fue su colaborador estrella, Daniel Coronell, un periodista brillante, valiente, muy bien dateado y el columnista más leído de esa revista. Fue él quien le dijo a Alejandro Santos, director de Semana, que se había equivocado al no publicar una grave información conocida con mucha anticipación. Ante semejante acusación, hecha por un peso pesado del periodismo, Santos comenzó a dar sus explicaciones, pero el columnista no le puso atención. “No puedo aceptar –le dijo– que la revista no hubiera publicado una información tan grave y de tanta trascendencia, conocida tres meses antes.

“A mi juicio –dijo Coronell–, Semana emprendió un camino más relacionado con la conveniencia política que con el deber periodístico de dar a conocer un hecho de innegable interés público. Con mucho dolor debo decir que las explicaciones de Alejandro Santos resultan insuficientes. Los lectores tienen derecho a saber si faltó diligencia periodística, si hubo error de criterio o si, en el peor de los casos, Semana privilegió su relación con el Gobierno sobre su deber de informar a los ciudadanos”.

Aunque las observaciones de Coronell, tema de su próxima columna, dejaban a Santos tan mal parado, el director de la revista no vaciló y publicó la columna, como siempre.
Pero cuando Felipe López, uno de los dueños de Semana, supo que Coronell tenía muchas más dudas en relación con la seriedad y la honestidad de la revista, lo llamó por teléfono para decirle que, de común acuerdo, lo mejor era ponerle fin a una relación tan poco fluida y plagada de tantas desconfianzas. Coronell cuenta que aceptó terminar su vinculación con Semana. Y contó también que enseguida llamó a Alejandro Santos para agradecerle su apoyo mientras fue columnista.

La solidaridad con Coronell es general. Sus lectores de Semana lamentamos su ausencia, y para la revista, no contar más con un columnista estrella es una gran pérdida. Creo que tan dolorosos y delicados acontecimientos deben analizarse con cabeza fría y más calma. Un error o una equivocada decisión del director no pueden echar por tierra una tarea y un prestigio ganado a lo largo de 30 años. Reemplazar a Coronell será difícil, pero con más columnistas de peso, no de espectáculo, Semana seguirá siendo lo que ha sido.

lucynietods@gmail.com

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