Secciones
Síguenos en:
Al borde del abismo

Al borde del abismo

Lo que comenzó como una justa marcha contra la reforma tributaria degeneró en peligrosas revueltas.

07 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

Hoy, cuando ya se han cumplido más de diez días del inicio del paro nacional del 28 de abril, enardecidos manifestantes impiden el normal funcionamiento de negocios y empresas y paralizan el país. En ciudades y pueblos han bloqueado calles para impedir el ingreso de los camiones cargados con productos agrícolas y artículos de primera necesidad. En Bogotá, el surtido de Corabastos, reducido a la mitad, cuesta el doble. Y todo porque en los camiones varados en las carreteras, los productos agrícolas se dañaron y la leche hay que derramarla. Los millonarios perjuicios causados por los violentos hacen prácticamente invivible este país, y la falta de gobierno es notoria.

En resumen, lo que comenzó como una justa marcha de protesta contra la reforma tributaria del renunciado ministro de Hacienda degeneró en peligrosas revueltas encabezadas por desadaptados y violentos. Las miles de personas que querían marchar en santa paz, como se propuso y debe ser, vieron usurpados sus justos reclamos por unos cuantos delincuentes que se lanzaron a la calle a destrozar ventanas y vitrinas, saquear almacenes, y a tirar piedras y ladrillos a la policía.

Pero esa policía, que salió a las calles a defender la paz en las ciudades y a proteger la vida de la gente, terminó mal. Grave error tratar de contener la violencia de unas minorías echando bala. Ese desigual encuentro entre los manifestantes pacíficos y la policía no podía terminar bien. Azuzados por los violentos, atacando a los uniformados, era muy probable que las autoridades se defendieran con sus armas. Y en esos enfrentamientos tan desiguales hubo heridos y muertos. Se potenció la belicosidad de algunos manifestantes contra la policía, y aumentó desproporcionadamente la agresividad de parte y parte.

En los 11 días de paro nacional que se cumplen hoy, el Gobierno y el Congreso no han estado a la altura para afrontar esta crítica situación.

En medio de la parálisis nacional que está llevando a la quiebra a centenares de pequeños empresarios, afectando gravemente a grandes empresas y arruinando a miles de hombres y mujeres que no tienen trabajo, el Gobierno tiene que tomar medidas urgentes –pero con visión de largo plazo– para afrontar esta catástrofe que con la pandemia está llevando el país al desastre.

Y a todas estas, ¿en qué andan los promotores de estas marchas? ¿Qué están haciendo los organizadores del paro para contribuir a buscar soluciones? ¿Dónde están los dirigentes de las centrales obreras? ¿Dónde está Fecode, poderosa organización sindical que tiene en jaque la educación del país? Es inadmisible que ese gremio impida que miles de menores de los estratos más desfavorecidos tengan acceso al recurso que más riqueza y oportunidades genera, la educación, y que destine su envidiable presupuesto a gastarse millones en anuncios radiales y costosísimas publicaciones contra el Gobierno en los diarios.

Pregunto por todos ellos, pues fueron los organizadores de las marchas que degeneraron en una parálisis nacional. Porque esta no parece una movilización espontánea. La planearon esas roscas que tanto abundan, y cuyo único ‘aporte’ es criticar, promover huelgas y paros, y exacerbar los ánimos para aumentar la polarización. Pero brillan por su ausencia propuestas diferentes a proteger sus prebendas y privilegios.

En un mapa del departamento de Nariño publicado en marzo pasado por EL TIEMPO se ve que esa región está plagada de mafias y organizaciones violentas. Muy probablemente, esa radiografía de Nariño se repite a lo largo y ancho del país. Por lo tanto, es fácil deducir que esa colección de gremios privilegiados, oportunistamente apoyados por criminales y mafiosos con oscuros intereses, forman parte activa de los huelguistas que promueven el caos.

A última hora, cuando los buenos colombianos siguen agobiados en medio de tantos desastres, el presidente Iván Duque convocó a la Casa de Nariño a altos funcionarios y representantes de los distintos partidos, para buscar entre todos alguna solución a tantas necesidades. Pues lo cierto es que ni el Gobierno –ni el Congreso– han cumplido con sus deberes y sus obligaciones. En los 11 días de paro nacional que se cumplen hoy, el Gobierno y el Congreso no han estado a la altura para afrontar esta crítica situación. Así las cosas, lo único que nos hace falta preguntarnos es... ¿en qué país vivimos?

Lucy Nieto de Samper
lucynietods@gmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.