Triste final

Tras 34 años de brillante existencia, murió 'Semana'. Difícil saber para dónde va la nueva revista.

20 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Después de 34 años de nueva y brillante existencia, murió Semana, la revista más importante del país y la región. Felipe López consiguió el nombre de la Semana del expresidente Alberto Lleras Camargo. Luego, con un grupo de periodistas y con el escritor Plinio Mendoza a la cabeza de la redacción, la revista salió al aire.

En poco tiempo se impuso, por su calidad, por la profundidad y trascendencia de sus artículos, sus investigaciones y sus denuncias. Semana destapó muchos delitos y muchas ollas podridas. Siempre sobresalió por el trabajo de sus periodistas, por la calidad y profundidad de sus investigaciones y de sus análisis. La Semana que murió era como un evangelio. Todo lo que publicaba era creíble.

Pero el equipo de periodistas que trabajaba en la revista –equipo excelente por dondequiera que se lo mida– salió del escenario. No estuvo de acuerdo con las propuestas ni con las orientaciones del nuevo propietario, el millonario Gabriel Gilinski. Como codueño de Semana, pues meses antes le había comprado a Felipe López la mitad de la revista, ya había comenzado a imponer sus fichas. La primera fue Vicky Dávila (VD), quien llegó a Semana como un ventarrón. Un tiempo después, Gilinski le compró todas las acciones a Felipe López, y quedó como dueño y señor de la revista.

Siempre sobresalió por el trabajo de sus periodistas, por
la calidad y profundidad de sus investigaciones y
de sus análisis.

Lo cierto es que Gilinski, miembro de la segunda familia más rica de Colombia, quería tener su propio medio de comunicación. Para promover sus intereses e imponer a sus propios voceros. Y al mismo tiempo, creo yo, para influir en la política colombiana en un momento clave de la historia nacional. Porque a dos años de elegir el nuevo primer mandatario, la nueva Semana y sus redactores podrán meterle todo su entusiasmo y todo su apoyo ya sabemos a quién. Pues Vicky Dávila, inesperada directora de la nueva Semana, quien paradójicamente remplaza al irremplazable Ricardo Calderón, ha sido fiel y ostentosa admiradora del expresidente Uribe. Y cuando él fue privado de su libertad, ella se convirtió en su más activa y beligerante defensora.

Tanto impulso le metió VD a la defensa del expresidente Uribe que las autoridades competentes le pusieron un tatequieto. Y explicaciones, ella tuvo que dar. En todo caso, con estos antecedentes, ya sabemos por dónde corre el agua que llega al molino. Sabemos también qué puede haber en el “trasfondo de este proceso de transformación que está en marcha y continuará”, como reza el primer editorial de la nueva Semana.

La primera edición de la Semana Gilinski trae un salpicón de novedades y de “generosas” concesiones. En su afán de ser innovadora y progresista, la nueva Semana abrió sus páginas para que allí escribieran congresistas de diversas corrientes políticas. Los elegidos fueron Paloma Valencia, senadora del Centro Democrático; Gustavo Bolívar, senador del partido de Petro; Rodrigo Lara, senador de Cambio Radical; Armando Benedetti, senador no se sabe de qué partido político, y Katherine Miranda, representante la Alianza Verde y politóloga de la U. del Rosario. Al final de cada artículo aparece, en negrita, la siguiente advertencia: “Esta columna de opinión no compromete la posición editorial de Semana”.

Con tantas “novedades”, difícil saber para dónde va la nueva Semana. Su editorial contiene afirmaciones y propuestas, como si la Semana que sustituye hubiera sido todo lo contrario. “Esta nueva Semana será más incluyente... No será una revista política, ni doctrinaria... jamás deberá estar al servicio de ningún grupo político, ni de intereses particulares. Ni caer en la trampa de sesgo ideológico alguno. El activismo acaba con el periodismo”.

Todo eso lo escribe la nueva directora de la nueva Semana. Por lo tanto, uno se pregunta: ¿en dónde queda su activo y publicitado uribismo? ¿En dónde queda su campaña en favor de la absolución del expresidente? “Despojándonos de la arrogancia, seamos autocríticos”, escribe Vicky Dávila.

Lucy Nieto de Samper
lucynietods@gmail.com

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