La piedra en el remolino

La piedra en el remolino

Los problemas que había antes de estos desastres siguen en las mismas. Por ejemplo, el caso de Uribe

11 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Cuando el país comenzaba a reactivar sus actividades, sus obras públicas, sus negocios; cuando fábricas, almacenes, droguerías, restaurantes, mercados, tiendas, peluquerías, salones de belleza reabrían sus puertas; cuando la gente comenzaba a reanudar sus quehaceres y sus rutinas, a raíz de la muerte de Javier Ordóñez bandadas de vándalos enfurecidos salieron de todos rincones y con armas y otros elementos se lanzaron a atacar en ciudades y pueblos, a destruir cuanto encontraban a su paso.

Con piedras, palos y armas, las turbas desbordadas rompieron vitrinas, saquearon negocios, destruyeron y quemaron los CAI. En Bogotá, once buses de TransMilenio quedaron convertidos en chatarra. Y en el feroz enfrentamiento con efectivos del Esmad, fuerza que se desmandó en su vano intento de imponer orden, hubo heridos y muertos. Para desgracia general, en el país reinó la violencia. En la capital se revivió el Bogotazo del 9 de abril de 1948.

Y, sí, mientras el país recupera la calma y los ciudadanos reanudan sus actividades cotidianas, los problemas que había antes de estos nuevos desastres siguen en las mismas. Por ejemplo: el caso del expresidente Álvaro Uribe continúa en primer plano. Y, puesto que el senador renunció a su curul, el manejo de su problema judicial pasó de manos de la Corte Suprema a la Fiscalía General. Paso que buscó Uribe y que han celebrado sus seguidores. Pues, para todos ellos, la Corte Suprema de Justicia es declarada enemiga del expresidente. Dicen que, por enemistad y no porque tenía obligación de hacer justicia, le impuso a Uribe un obligado aislamiento en El Ubérrimo.

La reaparición de Juan Manuel Santos, quien había dicho que no quería volver a figurar, ha tenido su más y su menos. Su más fue la presentación de su libro. Su menos, las acusaciones que le hacen.

Y la reaparición del expresidente Juan Manuel Santos, quien había dicho que no quería volver a figurar, ha tenido su más y su menos. Su más fue la presentación de su libro. Su menos, las acusaciones que le hacen. Pues para el expresidente Uribe y sus seguidores, detrás del pronunciamiento de los magistrados de la Corte Suprema, detrás de ese injusto aislamiento, está Juan Manuel Santos, a quien Uribe considera su peor enemigo. Por eso, todas sus calamidades y todas sus desventuras se las achaca a su antiguo ministro de Defensa.

Y no solo eso. Porque Santos asistió a una comida privada en la residencia del exministro Juan Fernando Cristo, Uribe y el uribismo armaron un novelón. Supusieron que, como en la reunión también estaban Iván Cepeda, contraparte de Uribe, y Rodrigo Londoño, Timochenko, lo que había allí era una conspiración contra Uribe y contra el Gobierno. Por lo tanto, levantaron un espía para que averiguara qué estaban cocinando los invitados.

Resultó ser una reunión sobre el lento desarrollo del proceso de paz, tema que Santos no abandona, pues le interesa y le importa mucho. Y porque, aparte del trabajo que hace el consejero para la Estabilización, Emilio Archila, al gobierno Duque poco le interesa la paz de Santos, como la llaman ellos. Desinterés que demostró el señor Presidente cuando quiso modificar los acuerdo de paz. Se le fueron como 6 meses en ese debate que finalmente perdió.

Entre tanto, Vicky Dávila, quien llegó a la revista Semana como un ventarrón y allí mismo comenzó a echar pestes contra el expresidente Santos, ahora, con todo derecho, está dedicada a publicar y a analizar, en su programa de TV Semana en vivo, audiencias y testimonios relacionados con el caso del expresidente Uribe. Por eso, entre lo mucho que se ha divulgado en ese espacio, hemos sabido que los abogados de Uribe, Jaime Lombana y Jaime Granados, se agarraron hasta quitarse el saludo. Pero los dos desaprueban las “misericordiosas” donaciones que hizo el abogado Cadena.

Por último: una campaña que hay en Colombia en favor de Uribe se ha abierto camino en el exterior. Porque Tomás Uribe, hijo del expresidente, contrató con una empresa gringa, por 40.000 dólares al mes, promocionar en EE. UU. y otros países la imagen y las obras del poderoso político colombiano.

Lucy Nieto de Samper
lucynietods@gmail.com

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