Salvemos la memoria

Salvemos la memoria

La obra de Beatriz González es una representación de lo que hace falta para encontrar la paz.

15 de septiembre 2018 , 11:54 p.m.

La noticia parece mentira: la pica y la pala del “progreso” está amenazando con destruir las nueve mil obras de arte que Beatriz González realizó en los viejos columbarios del Cementerio Central de Bogotá para preservar y honrar la memoria de los muertos anónimos de la larga tragedia colombiana.

La amenaza que se cierne sobre el monumental trabajo de una de las figuras cumbres de nuestras artes plásticas resulta especialmente increíble en momentos en los que Colombia está tratando de superar más de medio siglo de enfrentamientos fratricidas. Pero, infortunadamente, es una amenaza cierta.

La propia artista la dio a conocer en un reciente artículo escrito para las ‘Lecturas Dominicales’ de este diario, en el cual relató cómo proyectó y realizó su obra, que bautizó con el nombre de ‘Auras anónimas’ en homenaje a las víctimas de la violencia, muchas de las cuales dejaron su aura allí. El lugar escogido no pudo ser más apropiado: los columbarios del Cementerio Central de Bogotá, construidos en la década de 1940 y convertidos en escenario de imágenes dantescas cuando allí fueron depositados los cadáveres de centenares de anónimos ciudadanos caídos durante la revuelta que siguió al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948.

El nombre mismo de columbarios, derivado de columba, la palabra latina que significa paloma, es un símbolo apto para un país sediento de paz. Y la obra de Beatriz González, que inmortaliza allí las imágenes fotográficas de deudos que cargan a sus muertos, es una representación poderosa de lo que hace falta para que Colombia encuentre la paz: enterrar definitivamente sus muertos, hacer el duelo, reconciliarse y decidirse por la convivencia.

En compañía de otra gran artista, Doris Salcedo, González concibió y planteó el rescate artístico de los columbarios cuando se enteró de que el alcalde Enrique Peñalosa, durante su primera administración, proyectaba derrumbar los edificios para construir un parque. Convencida de que el lugar no era propicio para la recreación sino para la reflexión y el duelo por las innumerables víctimas de la violencia en el país, propuso la idea, que fue acogida por el sucesor de Peñalosa, Antanas Mockus, y realizada años después.

Como ha ocurrido con otras glorias colombianas en el arte, la ciencia, las letras o el deporte, las ‘Auras anónimas’ ganaron en el exterior un reconocimiento más amplio y generoso que en Colombia. Actualmente, una gran fotografía de la obra forma parte de una exposición de González en el Museo Nacional Reina Sofía, de España. En contraste, el riesgo de que los columbarios sean derribados ha vuelto a aparecer porque el alcalde Peñalosa no ha descartado en su segunda administración el proyecto del parque. Una de las más recientes manifestaciones de este riesgo fue la decisión de la Alcaldía, tomada a comienzos de este año, de retirarle al monumento de los columbarios la categoría de conservación como bien cultural del Distrito que le había sido otorgada en 2007, lo cual permite a la Administración, como lo ha advertido la propia González, llevar a cabo su proyecto de parque.

Esto es algo que debe inquietar no solo a la comunidad artística, sino a todos los colombianos, y que ya llevó al procurador general de la Nación, Fernando Carrillo, a salir en defensa de los columbarios y de la intervención que González hizo en ellos. El procurador Carrillo inauguró hace poco, en la sede de su despacho, una exposición de serigrafías sobre las ‘Auras anónimas’, y al hacerlo dijo que sería un sacrilegio convertir los columbarios “en un parque lúdico donde terminen vendiendo paletas los domingos”. Bien harían quienes agitan diariamente las redes sociales con temas menos importantes en unirse a la lucha por salvar una obra que, además de su gran valor artístico, contribuye a preservar la memoria nacional.

LEOPOLDO VILLAR BORDA

Columnistas

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