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Opositores en su laberinto

Opositores en su laberinto

La operación Gedeón abrió una nueva brecha entre los partidos que se enfrentan a Maduro.

24 de mayo 2020 , 12:33 a. m.

Veinte años después de la toma del poder por Hugo Chávez y dos después de la reelección ilegítima de Nicolás Maduro, los opositores de la “revolución bolivariana” de Venezuela siguen dando tumbos. A primera vista, no es fácil entender por qué no les han funcionado las movilizaciones masivas en las calles, ni la guerra psicológica, ni los acercamientos a los militares, ni la conquista del apoyo internacional ni el reciente intento de acción armada con participación de mercenarios estadounidenses. Sin embargo, este rompecabezas tiene una explicación más sencilla de lo que se puede imaginar.

Para desentrañar el enigma hay que comenzar por ver cómo está organizada la oposición venezolana. En los registros electorales vigentes aparecen 52 partidos políticos, la mayoría de los cuales son adversos al Gobierno. Algunos son de larga tradición, como Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD) y Copei, los tres que construyeron la democracia en 1958 tras la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, pero de ellos solo quedan los restos. A muchos venezolanos posiblemente no les dicen nada los nombres de sus fundadores, Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba y Rafael Caldera. Algo parecido se puede decir del Movimiento al Socialismo (MAS) y de su fundador, Teodoro Petkoff, aunque su actuación fue posterior a la de los firmantes del Pacto de Punto Fijo.

De los anteriores, el MAS fue el único que se sumó inicialmente a Hugo Chávez. Dos años después de apoyar su reelección en 2000 le retiró su respaldo y al pasar a la oposición se dividió. La misma suerte han corrido los demás partidos opositores. Intentaron trazar una estrategia común en la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD), pero al fallar se dividieron, primero en dos grupos y luego en tres, sin encontrar un camino para enfrentar con éxito al Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), el soporte del Gobierno.

En las filas de la oposición hay partidos que se proclaman socialdemócratas, como AD y Un Nuevo Tiempo (UNT), socialistas como Causa Radical (Causa R), de centro como Primero Justicia (PJ) y de derecha como Voluntad Popular (VP). En las semanas recientes cobró fuerza la existencia de una coalición bautizada como el G-4, constituida por los de mayor representación en la Asamblea Nacional: VP, AD, PJ y UNT. Pero la operación Gedeón, el intento de incursión armada patrocinado por el sector más radical del antichavismo, abrió una nueva brecha entre los partidos que se enfrentan a Maduro.

Todos los dirigentes del G-4 firmaron el comunicado que rechazó las acciones violentas, la financiación de guerrillas y la promoción de grupos paramilitares como medios de solución a la crisis del país, con lo cual marcaron una distancia con Juan Guaidó y sus asesores. Este dramático episodio agudizó la principal debilidad de la oposición venezolana, comprobada en varias ocasiones, que es la ausencia de unidad. Precisamente uno de los requisitos básicos, junto con la existencia de un liderazgo inteligente y ejemplar, que enumera cualquier manual de ayuda para derrocar dictadores. De ellos hay de sobra, como se puede verificar con una rápida consulta en internet.

En Colombia vivimos en los años cincuenta del siglo pasado una situación parecida a la que hoy padece Venezuela. También hubo movilizaciones callejeras que no le movieron el piso al dictador. Nadie pensó en la intervención extranjera. Pero tuvimos un liderazgo excepcional. A cualquier colombiano de la época bastaba nombrarle a Alberto Lleras para que hiciera una expresión de respeto. Había dado ejemplo de integridad en la presidencia y había entregado el poder al adversario. Después, con su voz y con su pluma había combatido la dictadura. En sus manos se ejecutó una estrategia que unió a todas las fuerzas de la sociedad alrededor de la bandera de la restauración democrática. ¿Será que en Venezuela no hay alguien que pueda desempeñar ese papel?

LEOPOLDO VILLAR BORDA

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