Los nuevos samaritanos

Los nuevos samaritanos

¿Cuánto ha servido la filantropía para reducir la desigualdad?

17 de julio 2019 , 07:11 p.m.

Como lo escribió Quevedo: “Poderoso caballero es don Dinero”. Si no fuera por él, la celebridad de la escritora estadounidense MacKenzie Bezos, autora de tres novelas que han sido objeto de críticas modestas, tal vez no se extendería más allá del estado de California, o a lo sumo de Estados Unidos. Hoy, gracias al dinero, es una de las personas más famosas del mundo.

Su nombre saltó al primer plano de las noticias cuando anunció que donará para fines filantrópicos la mitad de los 38.000 millones de dólares que recibió al separarse de Jeff Bezos, el fundador de Amazon, dueño de The Washington Post y el hombre más rico del planeta, con una fortuna cercana a 150.000 millones de dólares.

El anuncio dio un nuevo impulso a la campaña The Giving Pledge (‘La promesa de dar’), una iniciativa filantrópica iniciada en 2010 por los multimillonarios estadounidenses Warren Buffett y Bill Gates, a la cual se han sumado decenas de otros potentados con el compromiso de donar por lo menos la mitad de su riqueza a causas de beneficencia a lo largo de su vida o después de su muerte. Entre ellos están el fundador de Microsoft, Paul Allen: el exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg, el director de cine George Lucas, el banquero David Rockefeller, el magnate de los medios Ted Turner y Barron Hilton, hijo del fundador de la cadena de hoteles Hilton, Conrad Hilton.

Desde la antigüedad existió la necesidad de buscar un equilibrio entre la opulencia y la indigencia

Esta feria de los millones ocurre en momentos en que el uno por ciento de la población mundial acumula el 82 por ciento de la riqueza del planeta y la brecha entre ricos y pobres sigue creciendo, según organizaciones como la británica Oxfam.

Desde la antigüedad existió la necesidad de buscar un equilibrio entre la opulencia y la indigencia. El origen de la filantropía se suele atribuir a la religión cristiana, pero el gran impulso de la caridad comenzó en la Edad Media con las ‘leyes de pobres’, adoptadas por algunos países como Inglaterra para ayudar a las viudas, los huérfanos, los necesitados y desgraciados. Estas normas evolucionaron en los tiempos modernos para dar estatus legal a la filantropía y estimularla mediante exenciones tributarias.

Las leyes inglesas fueron replicadas en Estados Unidos, donde se desarrolló una gigantesca red de fundaciones filantrópicas. Dos de los primeros y más conocidos filántropos estadounidenses fueron Andrew Carnegie, creador de la industria siderúrgica que impulsó la era de los rascacielos, y Andrew Mellon, dueño del imperio financiero que fundó las grandes industrias del acero, el aluminio y el petróleo. Hoy existe en Estados Unidos una red de más de 55.000 fundaciones cuyas donaciones, estimadas en 30.000 millones de dólares anuales, palidecen ante el tamaño del movimiento filantrópico del siglo XXI.

La gran pregunta es: ¿cuánto ha servido la filantropía para reducir la desigualdad? Estudiosos del tema como el filósofo esloveno Slavoj Zizek han observado que, por el contrario, la filantropía preserva la desigualdad porque ayuda a mantener las condiciones que la crearon. Los promotores de la nueva campaña caritativa saben, como sus antecesores, que la mejor manera de salvar el sistema que los ha enriquecido es mostrar compasión hacia los pobres. Así se ahorran el sacrificio que Thomas Piketty, el autor de El capital en el siglo XXI, propuso como la solución de fondo de la desigualdad: un impuesto global y progresivo a la riqueza para evitar que esta se siga concentrando a una velocidad cada vez mayor.

Sería iluso esperar que los afortunados que pertenecen al exclusivo uno por ciento que posee la mayor riqueza de la historia acepten de buen grado la fórmula de Piketty, satisfechos como deben estar con la compensación que significa la exención de impuestos. Porque está claro que la cruzada de estos nuevos samaritanos no fue motivada por aquello de que “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el Reino de los Cielos”.

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