Hay que salvar los ruiseñores

Hay que salvar los ruiseñores

Batuta ha tocado las vidas de más de diez mil niños y jóvenes en 14 municipios de frontera.

16 de mayo 2019 , 07:17 p.m.

La mente que concibió la idea de gravar la canasta familiar de los colombianos debió ser la misma que gestó hace poco otro brillante pensamiento: el de recortar el presupuesto de la fundación Batuta, que desde hace casi 30 años les está abriendo un horizonte a los niños y jóvenes más pobres del país mediante su formación musical.

El golpe del hacha presupuestal mantuvo en vilo durante varias semanas el programa Música en las Fronteras, uno de los más apreciados de Batuta. Y aunque el recorte de los recursos que el Gobierno Nacional aporta al programa fue rectificado, esto se hizo parcialmente y aquel solo podrá contar con este apoyo por seis meses más, según lo confirmó la presidenta de la institución, María Claudia Parias Durán. Esto es especialmente lamentable porque la fundación muestra logros como la creación de la Orquesta Binacional Tricolor en la frontera colombo-ecuatoriana, la Orquesta Trinacional Amazónica en las fronteras de Colombia con Perú y Brasil y varias orquestas binacionales en la frontera con Venezuela.

El programa ha tocado las vidas de más de diez mil niños y jóvenes en 14 municipios de frontera, la mayoría de ellos sin recursos y pertenecientes a poblaciones indígenas, afros, mestizas y raizales, tanto de Colombia como de los países vecinos. Ha sido apoyado por las gobernaciones de Norte de Santander, Arauca, Vichada y Nariño y por las alcaldías de varios municipios fronterizos, así como por empresas privadas y fundaciones internacionales. Sus proyecciones son prácticamente ilimitadas, si no se lo despoja de respaldo financiero.

El tajo al presupuesto de Batuta tiene un sentido más profundo que el de una simple movida burocrática y se presta a hacer un símil con Matar un ruiseñor.

La fundación Batuta se propuso desde su nacimiento la creación del Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Infantiles y Juveniles y ha hecho grandes avances hacia esa meta, como lo pueden atestiguar quienes disfrutan los conciertos de sus 45 orquestas sinfónicas infantiles y juveniles, entre las que sobresalen las de Bogotá, Caldas, Chocó, Huila, Meta y Risaralda, la sinfónica infantil Amazonas y la infantil y juvenil de Nariño.

Batuta se inspiró en el ejemplo del profesor venezolano José Antonio Abreu, quien ganó fama internacional por su iniciativa de llevar a Mozart y Beethoven a los barrios más pobres de Caracas y otras ciudades venezolanas con la creación del Sistema Nacional de Coros y Orquestas Infantiles y Juveniles de Venezuela. Antes de su muerte, el 24 de marzo de 2018, alcanzó a ver a Gustavo Dudamel, uno de los niños formados por él, convertido en una celebridad mundial. Aquí también el programa ha abierto las puertas del éxito a muchos niños y jóvenes que hoy son famosos, como Juan Pablo Carreño, catalogado entre los grandes compositores del mundo, y Juan Montoya, director musical de la Orquesta Filarmónica de la Universidad de Arizona y director residente de la Ópera de Kuala Lumpur.

Batuta es la puerta de entrada al mundo musical para miles de niños y jóvenes colombianos. Los que han sido formados allí están familiarizados con escenarios como el Teatro Colón, el Julio Mario Santo Domingo, el Jorge Eliécer Gaitán y el Auditorio León de Greiff. La orquesta Batuta Bogotá ha participado en festivales internacionales en Alemania e Italia y se ha presentado en Estados Unidos.

El tajo al presupuesto de Batuta tiene un sentido más profundo que el de una simple movida burocrática y se presta a hacer un símil con Matar un ruiseñor, la célebre novela de la estadounidense Harper Lee llevada al cine en 1962, con Gregory Peck en el papel del abogado defensor de un afroamericano falsamente acusado de violar a una joven blanca, actuación premiada con el Óscar y catalogada como la mejor de su carrera. Así como en un pasaje de la obra este afirma que condenar a un inocente es algo tan malvado como “matar un ruiseñor, que solo canta y no hace daño”, se puede decir que negarles a los niños de Batuta el acceso a la maravillosa experiencia musical es como matar los ruiseñores.

Sal de la rutina

Más de Leopoldo Villar Borda

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.