Dictadores, grandes y pequeños

Dictadores, grandes y pequeños

No son pocos los gobernantes que al amparo de la emergencia han asumido poderes dictatoriales.

21 de junio 2020 , 12:45 a. m.

Con el riesgo de llover sobre mojado tras el aluvión de comentarios suscitados por el covid-19, hay un aspecto sobre el cual no sobra llamar la atención. Se trata del excesivo ‘empoderamiento’ (para usar una palabra de moda) que gobiernos o personas con alguna autoridad se sienten con derecho a adquirir a causa de la pandemia, incurriendo en actos que exceden sus facultades y que para muchos resultan inadmisibles.

No son pocos los gobernantes que al amparo de la emergencia han asumido poderes dictatoriales y los usan a discreción. Un caso emblemático es el de Viktor Orban, el gobernante neofascista de Hungría, quien lleva diez años en el poder y desde marzo pasado, aprovechando la pandemia, ejerce el cargo sin limitaciones. Su conducta ya le mereció un llamado de atención de la Unión Europea, que lo amenazó con el recorte de fondos a su país si cercena derechos o libertades de los ciudadanos húngaros con el pretexto del covid-19.

Más cerca de nosotros, el ultraderechista Jair Bolsonaro, nostálgico de la dictadura militar que imperó en Brasil entre los años sesenta y ochenta del siglo pasado, mostró su talante autoritario desde cuando asumió la presidencia, pero con más fuerza desde que estalló la pandemia. Se negó a admitir su gravedad, contrariando a sus funcionarios más capacitados, lo cual obligó a renunciar a dos ministros de Salud en menos de un mes, mientras los contagios aumentaban velozmente.

En algunos países como Sudáfrica y las Filipinas se ha criticado el uso de los militares para controlar con la fuerza el cumplimiento del confinamiento que casi todos los gobiernos decretaron para frenar el virus. Las medidas de excepción para aplicarlo han sido cuestionadas en muchos otros, incluyendo a Colombia, como lo muestra la ‘rebelión de las canas’ provocada por las restricciones impuestas a las personas mayores de 70 años.

La Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (Wola) ha denunciado abusos como detenciones arbitrarias por supuestas violaciones del toque de queda en El Salvador, medidas contra la libertad de expresión en Bolivia y Honduras y empleo indebido de los militares para controlar a la población sometida a la cuarentena en los mismos países y otros como Argentina y México.

Pero no son solo los gobiernos. Hay quienes ejercen poderes dictatoriales desde posiciones más modestas, como las que ocupan los vigilantes de centros comerciales y otros lugares públicos. A la alcaldesa Claudia López se le criticó, con razón, que intentara someter a los bogotanos a la obligación de registrarse y pedir permiso para salir con cualquier motivo de sus lugares de habitación, con lo cual se pretendió convertir a Bogotá en una gigantesca prisión.

El intento no prosperó, pero lo que la alcaldía no pudo hacer lo están haciendo esos pequeños dictadores, poseídos del síndrome del poder. Actuando como reyes despóticos, ordenan al transeúnte alinearse, aplicarse el desinfectante, mostrar la cédula y suministrar otros datos personales, todo lo cual es anotado a mano en largas planillas cuyo destino es un misterio.

Es legítimo preguntar a dónde va a parar toda esa información y de qué puede servir si el procedimiento solo se aplica a quienes buscan hacer una compra o una diligencia bancaria y no al intenso gentío que se lanza todas las mañanas a la calle. También lo es preguntarse cuántas de esas medidas se mantendrán después de la pandemia y cuáles serán sus consecuencias a largo plazo para derechos como los de circulación y reunión.

De hecho, varias entidades como Wola ya están planteando estas preguntas y reclamando a los gobiernos que rindan cuentas sobre el uso que están dando a sus facultades en esta emergencia. No se discute que para enfrentarla se requiere una intervención pública decisiva, sobre todo en el área de la salud, pero no a costa de valores fundamentales como la democracia y los derechos humanos.

LEOPOLDO VILLAR BORDA

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