Pasto, en la geopolítica de la guerra: 1809-1828

Pasto, en la geopolítica de la guerra: 1809-1828

Pasto ejerció durante la guerra magna, y aún más allá del tiempo, una sólida resistencia.

12 de marzo 2019 , 07:35 p.m.

En este año del llamado Bicentenario de la Independencia (1819-2019), desde Pasto y el sur se reclama una mirada hacia la historia nacional desde las regiones en la periferia, para interponer otras realidades no conjugadas en el discurso decimonónico y patriotero.

La situación geográfica de Pasto le significó ser un cruce de caminos, paso obligado entre el Nuevo Reino de Granada y el Perú. Desde 1809, cuando Quito erigió un gobierno autónomo iniciando la guerra emancipatoria, la ciudad estableció puntos estratégicos de defensa, hacia el sur en el río Guáitara, al centro en el puente de Taindala en Yacuanquer y por el norte en el río Juanambú. Se convirtió así en el nudo gordiano de la geopolítica, que era preciso resolver.

Pasto, en ejercicio de su convicción política y disenso, propone la tercera vía: el separatismo, es decir, la autodeterminación para librarse del control de Quito y de Popayán. De ahí que la guerra se inicie en 1809 y se extienda hasta 1828 como proceso de larga duración.

Al rehusar ser parte de la Junta Suprema quiteña por honor y fidelidad jurada al rey, el Cabildo pastuso expone su disenso frente a la soberanía del pueblo, dado que prefería la del rey. Ante esta situación antagónica, Quito envió un ejército comandado por Francisco Ascázubi para presionar a Pasto. En el puente de Funes, el 16 de octubre de 1809 se libró el primer combate de la guerra magna, del cual salieron derrotados los invasores por acción de los pastusos y voluntarios provenientes de Buesaco, Taminango y Yacuanquer.

Para 1811, Pasto vivía en constante amenaza, debiendo acudir a sus propios recursos para atender tantos gastos “con motivo de las presentes revoluciones”, según queja de José Vivanco, autoridad local. En medio de la guerra, las comunicaciones de los patriotas doctor Joaquín Caicedo y Cuero, general Antonio Bayara y del coronel José Díaz instaron a “conciliar la paz, armonía y demás relaciones interrumpidas en una y otra provincia a causa de las divisiones políticas”. Después de un examen de las condiciones para seguir sosteniendo la resistencia o buscar la paz, el Cabildo Abierto decide adoptar “unas honrosas y cristianas capitulaciones, con las que, evitando el derramamiento de sangre y la total ruina que amenaza a esta ciudad”, no se afecten los derechos de la religión ni del rey. Estas capitulaciones permitieron pacificar el sur y afiliar a Pasto a la causa patriota. Meses más tarde, sin embargo, los patriotas rompen el acuerdo y las tensiones de la pugna política entran de nuevo en juego.

Hacia 1814, ante la llegada de la campaña comandada por Antonio Nariño, el cabildo pastuso explicó las razones de su resistencia y acción de legítima defensa: “La justicia de la causa, la santidad de los juramentos, la obligación de obedecer a las autoridades legítimas… y de la madre patria…”.

Luego de la victoria patriota en Boyacá y la creación de la República de Colombia en 1819, Pasto y la costa del ´Pacífico seguirán en guerra, dadas las condiciones políticas de la confrontación. Con el armisticio celebrado por Bolívar y Morillo en 1820, se regularizó la guerra, por bien “del hombre y la humanidad”. De ahí que se haya fijado el río Mayo como línea de frontera entre los dos cuerpos armados en pugna. Concluido el tratado de paz, el combate de Bomboná, en 1822, significó una “victoria técnica” para los patriotas y posibilitó la firma de capitulaciones, hecho que significó la pacificación de las provincias de Pasto y del Sur, además de su incorporación a la República de Colombia. Esta situación no duraría mucho tiempo porque el movimiento rebelde de Benito Boves y Agustín Agualongo rompe el pacto de paz. Un gobierno militar controlará el orden republicano en Pasto y se someterá a las facciones realistas de Túquerres aun en 1826. Durante la Campaña de pacificación del sur, José María Obando había llegado a prometer recompensa de “mil pesos por cada cabecilla” (de los rebeldes realistas) sin obtener resultado alguno.

Aun en 1827, Boussingault comenta que los castigos infligidos en 1822 por Sucre “a los pastusos al destruir una parte de la ciudad, no habían producido ningún efecto: las bandas de insurrectos eran difíciles de capturar, pues al ser derrotadas se dispersaban en las montañas para reagruparse de nuevo”.

Pasto ejerció durante la guerra magnal, y aún más allá del tiempo, una sólida resistencia, gracias a la alianza estratégica social. Interpuso su disenso y derecho al libre albedrío y la autodeterminación política. Incluso logró convertirse en 1862 en la capital de la república, y enseguida continúo la lucha por segregarse del Cauca y conformar el estado soberano del sur. Hoy, en Pasto se reflexiona y construye su propia historia, para contarle al país entero que el “sur también existe”, como dijera Mario Benedetti.

Lydia Muñoz Cordero, historiadora, catedrática y escritora. San Juan de Pasto.

* La columna bicentenaria es un proyecto colectivo coordinado por los profesores Daniel Gutiérrez (Universidad Externado) y Franz Hensel (Universidad del Rosario), en el que científicos sociales buscan dar perspectiva al bicentenario que se celebrará con motivo de la batalla de Boyacá y la creación de la República de Colombia.

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.