La historia es el producto más peligroso

La historia es el producto más peligroso

Ojalá este año Venezuela y el bicentenario nos sirvan de pretexto para estudiar seriamente el pasado

23 de abril 2019 , 07:00 p.m.

“La historia es el producto más peligroso que la química del intelecto haya elaborado. Sus propiedades son muy conocidas. Hace soñar, embriaga a los pueblos, engendra en ellos falsos recuerdos, exagera sus reflejos, mantiene intactas sus viejas llagas, los atormenta en el reposo, los lleva al delirio de grandeza o al de persecución y vuelve a las naciones amargas, soberbias, insoportables y vanas. La historia justifica lo que sea. No enseña rigurosamente nada, porque contiene todo y da ejemplos de todo”. Esto lo dijo el escritor francés Paul Valéry en 1931, criticando los métodos defectuosos con los que se elaboraba la historia en ese entonces y las maneras en que era manipulada con fines políticos.

Tres años más tarde, los señores Gabriel Jiménez y Cenón Muñoz, colombianos, publicaron una historia de nuestro conflicto con Perú por el trapecio amazónico, que acababa de llegar a su fin gracias a la diplomacia. En ella se encadenan los hechos bélicos desde la toma de Leticia por un grupo de peruanos en 1932 hasta la firma del protocolo de paz definitivo en 1934. Su título: Los manumisos contra sus libertadores. El lector se preguntará ¿qué tienen que ver la manumisión de esclavos y la libertad con el conflicto de Leticia?

La respuesta está en el primer capítulo del libro en cuestión, que narra los problemas de límites entre los dos países desde 1822 y menciona la batalla de Tarqui en 1829, cuando tropas colombianas vencieron a las peruanas que ocupaban dos provincias en disputa. Los autores nos recuerdan que, antes de Tarqui, la ayuda militar de Colombia había sido decisiva para liberar a Perú del amo español. Por lo tanto, la ocupación peruana de las provincias solo podía ser una muestra de ingratitud y la derrota de Tarqui, un castigo bien merecido. De ahí el oportunista título del libro, que trata hechos cumplidos un siglo después.

Pero no solo el título es oportunista. Con la ayuda de fechas, nombres, acontecimientos y tratados, Jiménez y Muñoz alzan vuelo y juran mostrar “el abismo que separa el alma de los dos pueblos”: la de Perú, ambiciosa, indecorosa, taimada, ingrata hasta la perfidia (según Bolívar); la de Colombia, paciente, heroica, sacrificada, generosa hasta la magnanimidad. En favor de los autores hay que decir, a pesar de todo, que desde las primeras páginas revelan la razón que los llevó a querer mantener intactas llagas tan viejas: su rabia porque Leticia no fue un segundo Tarqui y la conclusión del conflicto quedó en manos de diplomáticos.

Al empezar este 2019, para abrir con pie izquierdo las celebraciones del bicentenario, el presidente de la república Iván Duque agradeció en Cartagena al secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, la ayuda crucial, pero imaginaria, que prestaron los padres fundadores del Norte a la independencia de nuestro país. Con este gesto y sin saberlo, el presidente perfeccionó la teoría de Valéry: la historia es un sombrero de mago del que se puede sacar cualquier cosa, no solo para hacer a las naciones amargas, soberbias, etc., sino también para hacerlas aduladoras de otras, en vano en nuestro caso, como dejan verlo las declaraciones más recientes de Donald Trump sobre Colombia.

Y en estos momentos de tensión con Venezuela, mentes inescrupulosas pueden estar elaborando los productos históricos más explosivos, no solo al otro lado de la frontera.

Valéry tenía razón: la historia podía ser un peligro social entre las dos guerras mundiales, y lo fue sin ninguna duda. Desde entonces sus métodos han progresado bastante, aunque todavía sea manipulada con fines políticos. Sin embargo, ella puede servir de antídoto de todos los males diagnosticados por el mismo Valéry si está bien concebida y bien escrita. Pero esto no basta: los historiadores debemos llegar al grueso del público. Las crisis y las conmemoraciones son buenas oportunidades para lograrlo (no para revivir o inventar odios ni para buscar amores). Ojalá este año Venezuela y el bicentenario nos sirvan de pretexto para estudiar seriamente el pasado que compartimos con otras naciones y difundir el resultado de nuestras investigaciones entre el mayor número posible de personas.

* Carlos Camacho Arango es docente-investigador de la Universidad Externado de Colombia. Su libro más reciente (como coeditor y coautor), Paz en la república. Colombia, siglo XIX, será presentado mañana jueves 25 de abril, a las 5 p. m., en la Feria del Libro (gran salón Ecopetrol, sala Filbo C), por Eduardo Pizarro Leongómez y Francisco Ortega.

* La columna bicentenaria es un proyecto colectivo coordinado por los profesores Daniel Gutiérrez (Universidad Externado) y Franz Hensel (Universidad del Rosario), en el que científicos sociales buscan dar perspectiva al bicentenario que se celebrará con motivo de la batalla de Boyacá y la creación de la República de Colombia.

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