La batalla del Pienta: revaloración de un episodio local

La batalla del Pienta: revaloración de un episodio local

Se ha publicitado como un momento crucial en la campaña libertadora.

05 de junio 2019 , 03:27 p.m.

Lo que menos quisiéramos los historiadores es que la conmemoración de los 200 años de la batalla de Boyacá se convierta en un festejo de discursos vacíos, donde la exaltación suprima la reflexión sobre el significado y las implicaciones del acontecimiento. El bicentenario ha generado una renovación de las interpretaciones históricas sobre el período de la Independencia, que le otorgan sentido a las acciones de personajes y comunidades por mucho tiempo glorificadas o vilipendiadas, sin entender los contextos en que tuvieron lugar. Sin embargo, a juzgar por el discurso del Gobierno, la palabra ‘bicentenario’ decora diferentes actos que han tenido lugar este año, sin que se profundice en el sentido de lo que se conmemora. Ello augura una decepcionante celebración oficial, en la que se repetirán los lugares comunes que la historia reciente ha querido rebatir.

De esto no escapa la conmemoración en el departamento de Santander de la denominada batalla del Pienta, un desigual encuentro de armas ocurrido el 4 de agosto de 1819 en Charalá, que se ha dado a conocer solo recientemente por el libro En nombre de la libertad, publicado en 2008 por el charaleño Edgar Cano, quien trascribe un valioso documento encontrado entre los papeles viejos de una casa en demolición: el conmovedor recuento de un testigo directo de los hechos. Según su testimonio, hombres (también mujeres y niños) provenientes de las poblaciones aledañas a Charalá, reunidos en esa población, con precarias armas, incluso flechas y piedras, se aprestaron con arrojo a combatir a miembros del Ejército Realista que se movían por la zona, aplicando duras medidas represivas contra las fuerzas rebeldes; la más emblemática, aunque no la única, había sido el fusilamiento, el 28 de julio, de Antonia Santos, prestante patrocinadora de guerrillas patriotas. A pesar del ánimo y el número de estos rebeldes (unos 3.000, según el relato), los realistas, menos numerosos, pero más efectivos, dominaron el puente sobre el río Pienta, que los separaba de Charalá, y se tomaron a sangre y fuego la población, dejando a su paso unos 300 muertos, cuyos cadáveres quedaron insepultos en las calles, a disposición de perros, cerdos y gallinazos.

El acontecimiento empieza a configurarse, junto con la revuelta comunera, como un hito de la santandereanidad, aun cuando no existiera entonces una entidad territorial llamada ‘Santander’.

Por haber sucedido poco antes de la batalla de Boyacá, Pienta se ha publicitado como un momento crucial en la campaña libertadora, que frenó las fuerzas realistas, impidiéndoles llegar a tiempo a reforzar los ejércitos que combatían a los independentistas cerca de Tunja. Según el razonamiento contrafáctico, sin el enfrentamiento en Pienta, no habría habido victoria en Boyacá y otra sería nuestra historia: “Sin 4 no hay 7”, dice un lema promocional. La gobernación va más allá: “Primero fue Santander que Boyacá”. Por ese camino el acontecimiento empieza a configurarse, junto con la revuelta comunera, como un hito de la santandereanidad, aun cuando no existiera entonces una entidad territorial llamada ‘Santander’.

El discurso exaltado e impreciso ha terminado por enaltecer un acontecimiento, si bien de alto impacto local, quizás menos definitivo de lo que se quiere mostrar. La propia Independencia fue un proceso dilatado y complejo que no puede reducirse a las acciones puramente militares de aquel agosto de 1819. No obstante, la campaña promotora de la celebración ha tenido éxito: de izadas de bandera en Charalá, se ha pasado a una ordenanza de la Asamblea Departamental que institucionalizó, en 2016, la conmemoración de la batalla. Ahora, el episodio es reconocido como fase de la campaña libertadora y formará parte los festejos oficiales del bicentenario. A esa apropiación oficial se han unido manifestaciones de la gente, incluso de los jóvenes: poemas, ensambles musicales, una novela, un documental, una serie televisiva trasmitida por el canal regional. La revaloración de Pienta ha tenido una importancia innegable: ha sacado a la luz un episodio central para la historia local de Charalá y los municipios circundantes; ha contribuido a tejer lazos entre las vidas locales, la configuración de la identidad regional y la historia nacional; ha generado visibilidad a la región, al igual que posibilidades para que estos municipios se consoliden como focos de interés turístico, con lo que ello implica en inversiones para infraestructura vial y de servicios, y posibles nuevas fuentes de ingreso. Si esa apropiación pública genera también interrogantes más profundos sobre el significado del episodio y de la región en el contexto más amplio de la revolución independentista y de la conformación de la república en Colombia, la conmemoración alcanzaría todo su sentido.

Brenda Escobar Guzmán. Profesora de la Escuela de Historia de la Universidad Industrial de Santander (UIS).

* La columna bicentenaria es un proyecto colectivo coordinado por los profesores Daniel Gutiérrez (Universidad Externado) y Franz Hensel (Universidad del Rosario), en el que científicos sociales buscan dar perspectiva al bicentenario que se celebrará con motivo de la batalla de Boyacá y la creación de la República de Colombia.

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