José María Carbonell, el primer cajero de Pablo Morillo

José María Carbonell, el primer cajero de Pablo Morillo

Se podría decir que traicionó los ideales republicanos al colaborar con el gobierno de Morillo.

25 de junio 2019 , 07:00 p.m.

Si leemos los relatos del pasado con distancia e incredulidad, nos damos cuenta de que la personalidad de sus protagonistas ha sido convenientemente retocada: mientras se realzaron ciertos rasgos, otros, poco favorables, se disimularon o fueron ignorados por completo. Esta mirada selectiva nos induce a imaginar que la vida de los llamados próceres fue coherente, íntegra, admirable. Por esto se convirtieron en nuestros referentes, y por eso nos cuesta verlos de otra manera.

Pero las personas somos esencialmente contradictorias. Y si a veces nos retractamos o nos arrepentimos por descuido, otras lo hacemos forzados por circunstancias apremiantes. Exactamente esto fue lo que le pasó a José María Carbonell. Después de participar activamente el 20 de julio de 1810 y conformar una Junta Popular Revolucionaria en San Victorino, Carbonell ocupó varios cargos en el gobierno de Cundinamarca. Fue nombrado oficial mayor de las Reales Cajas (tesorerías) de Cundinamarca, capitán agregado de Milicias de Infantería y presidente de la Junta de Represalias. Asimismo, Carbonell siempre tomó partido por el proyecto centralista de Antonio Nariño y fue opositor del proyecto federal de las Provincias Unidas de Nueva Granada. Pero esto cambió en 1814.

Al descubrir este expediente, me sorprendió que Carbonell se hubiera prestado para esto (...). Tal vez fue una estrategia de su parte para ganar unos cuantos días de vida

Después de que las tropas de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, comandadas por Simón Bolívar, ocuparon Santafé de Bogotá en diciembre de 1814, consiguiendo la incorporación de la provincia de Cundinamarca a la Unión, las autoridades neogranadinas buscaron consolidar su proyecto político. Además de hacerse con los importantes ingresos de la Casa de Moneda de Bogotá y las salinas del distrito de Cundinamarca, el Gobierno de la Unión creó nuevas instituciones, como la Contaduría General de Hacienda (26 de mayo de 1815), y expidió reglamentos para las ya existentes, como sucedió con el Ejército (26 de octubre de 1815). Por su parte, Carbonell fue nombrado ministro de la Contaduría General, cargo que ocupó hasta el 7 de junio de 1816, es decir, algunas semanas después de la llegada del Ejército Pacificador a la capital del reino. Y aquí ocurrió otro viraje en su vida política

Por orden de Martín de Urdaneta, contador mayor del Tribunal de Cuentas restablecido en Santafé por Pablo Morillo, Carbonell y Manuel Pardo debieron hacer la ‘diligencia de corte y tanteo’ (cierre y examen de las cuentas) de la tesorería bajo su cargo. Para lograrlo revisaron los libros comunes (mensuales) y manuales (diarios) de cargo y data, y asentaron la operación en una serie de partidas que se conservan en el Archivo General de la Nación. Este procedimiento era importante, porque, como todo documento contable, el corte y tanteo servía como instrumento de gobierno. Por la información contenida en él, los oficiales del gobierno restaurador podían saber con cuánto dinero contaban y estimar hasta qué punto las rentas rendirían. Posteriormente, Carbonell y Pardo cesaron en sus funciones y fueron reemplazados por José Rodríguez y José de Oyarrabal.

Para los lectores que no están familiarizados con los términos contables del pasado, en el sistema de partida sencilla que estuvo vigente en Colombia hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XIX, el cargo registraba lo que los tesoreros recibían, y en la data se ponía lo que pagaban. Esta era la forma de hacer responsables a los funcionarios por el manejo de dinero público.

Al descubrir este expediente, me sorprendió que Carbonell se hubiera prestado para esto y que las autoridades realistas buscaran su concurso. Tal vez fue una estrategia de su parte para ganar unos cuantos días de vida (recuérdese que sería ejecutado el 19 de junio de 1816 en la Huerta de Jaime, ubicada actualmente en el convento de San Diego). Quizás también se esmeró en crear desórdenes contables para los ministros de la Real Hacienda. Por orden de Martín de Urdaneta, el corte y tanteo debía hacerse el 1 de junio, pero Carbonell y Pardo se las ingeniaron para acabarlo solo seis días después. Aunque alegaron que había muchos recibos que no estaban asentados en los libros, que no contaban con el personal necesario, etc., Carbonell y Pardo en menos de una semana entregaron un documento contable que tomaba por lo menos un mes, de acuerdo con lo que sabemos de las labores de los funcionarios del pasado. Es decir, lo hicieron tan rápido que no hubo tiempo para revisar y corregir.

Se podría decir que Carbonell traicionó los ideales republicanos al colaborar con el gobierno del terror de Morillo, pero no puede perderse de vista la firmeza con la que se resistió a los mandatos del nuevo gobierno, acelerando un proceso administrativo muy sensible. Carbonell era considerado por las autoridades realistas como un infidente y sabía cuál sería su suerte. Finalmente, este proceso administrativo, que hizo cooperar a declarados enemigos de guerra, nos muestra que la historia del Estado presenta una inercia que es más fuerte de lo que estamos dispuestos a aceptar. Cuando lo existente es lo cierto, es preferible lo conocido a lo nuevo. A veces las continuidades nos desbordan.

Carlos A. Díaz es historiador de la Universidad Nacional de Colombia, y estudiante de doctorado del Colegio de México-Centro de Estudios Históricos.

* La columna bicentenaria es un proyecto colectivo coordinado por los profesores Daniel Gutiérrez (Universidad Externado) y Franz Hensel (Universidad del Rosario), en el que científicos sociales buscan dar perspectiva al bicentenario que se celebrará con motivo de la batalla de Boyacá y la creación de la República de Colombia.

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