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El Panic of 1819 y la República de Colombia

El Panic of 1819 y la República de Colombia

Se entiende que Thornton haya querido evitarle traspiés a Gual en la nueva República de Colombia.

16 de julio 2019 , 07:00 p. m.

El mismo año en el que nació la República de Colombia, los Estados Unidos atravesaban una grave crisis de adolescencia. El Panic of 1819, así llamado por los historiadores, pero identificado como ‘tiempos difíciles’ por los contemporáneos desconcertados, afectó a toda la sociedad estadounidense, desde el capitalista urbano hasta el pequeño agricultor del oeste. Esta primera depresión económica provocó bancarrotas, incumplimiento de deudas, embargos, una baja de ingresos y, por ende, del consumo, y un nivel de desempleo sin precedentes. Tres factores explicarían tal desbarajuste: la competencia feroz de la industria manufacturera de la Gran Bretaña, la cual repuntó tras la guerra de 1812 entre esta y los Estados Unidos; la caída del precio internacional del algodón y el trigo, dos productos esenciales de exportación, y la política de restricción de créditos del Bank of the United States (BUS). El BUS aseguró, por cierto, su solvencia al exigir a los bancos comerciales emisores de billetes y créditos que pagaran sus deudas con el banco central. Pero muchos hubieran preferido que el BUS dejara en pie la circulación de papel moneda irredimible en metal precioso para amortiguar los efectos ruinosos de la crisis. Esa decisión sin duda convenció a los menos afortunados de que el BUS era una institución financiera para ricos.

William Thornton, el primer director de la Oficina de Patentes, una división de la Secretaría del Tesoro, vivió en carne propia esos tiempos difíciles. Mantuvo, además, una larga correspondencia con el caraqueño Pedro Gual, amigo desde los años en que este se desempeñó como enviado de Simón Bolívar en Estados Unidos en los albores de la guerra de independencia. El norteamericano le envió a Gual, quien había sido nombrado, primero, ministro de Hacienda interino, y después, de Relaciones Exteriores de la República de Colombia, un informe sobre el sistema bancario y las finanzas públicas, basado en su conocimiento y vivencia del Panic. Al contrario de muchos de sus compatriotas, Thornton no desconfiaba ni del banco central ni del papel moneda, siempre y cuando se tomaran ciertas precauciones. Le recomendaba a Gual, entonces, que el gobierno central estableciera un banco nacional, con sedes en todo el país, y que no permitiera la existencia de bancos privados. Esta desconfianza del ‘corporate bank’ provenía de su multiplicación desenfrenada, especialmente en los estados del oeste, donde los pequeños y grandes compradores de tierras recién mensuradas necesitaban créditos bancarios accesibles para realizar sus inversiones y especulaciones. Cuando en 1819 se detuvo el ‘boom’, en un efecto bola de nieve, los bancos comerciales y sus clientes se quebraron. De ahí que Thornton pregonaba por una actividad bancaria pública bien reglamentada y controlada, al servicio de la clientela.

Thornton, además, le envió a Gual otros documentos, como proyectos de ley de patentes (...) y el plano de una ciudad capital, porque los consideraba útiles para una república en formación

Por otro lado, consciente del prejuicio generalizado contra el papel moneda, Thornton sostenía que era un error considerar el oro y la plata como moneda de cambio, dado que el valor de los metales preciosos variaba. Los billetes, en cambio, al no poseer valor intrínseco, se mantenían estables. Según Thornton, el miedo venía en realidad de la circulación de billetes falsos. Le propuso así a Gual que se realizara en Estados Unidos la plancha de fabricación de billetes de la República de Colombia para evitar toda falsificación. Luego se la enviaría terminada o con algunos espacios en blanco para ser completados en el Estado sudamericano.

¿Qué pudo haber pensado Peter Gual (así solía firmar las cartas escritas a su amigo Thornton) de estas propuestas? No se conoce su respuesta, pero sí se sabe que Gual, ya a cargo de la cartera de Hacienda en 1821, debió concentrar todos sus esfuerzos en crear una fuente de ingresos para una república cuyas arcas estaban vacías y su sistema de recaudaciones en un estado lamentable. Su tarea consistió en establecer un sistema unificado de contribuciones, combatir la evasión de impuestos, la corrupción de los funcionarios y el contrabando, desalentar los empréstitos exteriores desventajosos y reducir los gastos militares. El pasaje de una economía de guerra a una de paz no era, por cierto, un fenómeno desconocido en los Estados Unidos. La Revolutionary War dejó una enorme deuda, lo cual exigió la puesta en marcha de una reestructuración fiscal cabal. De esto se encargó el secretario del Tesoro Alexander Hamilton, cuya propuesta de abrir el primer Bank of the United States fue duramente combatida por aquellos que temían una entidad nacional centralizadora en beneficio de los especuladores. Esta y tantas otras fueron, en fin, las dificultades económicas y políticas de la joven república norteamericana que casi acaban con ella en los años 1780.

Thornton, además, le envió a Gual otros documentos, como proyectos de ley de patentes, el informe sobre pesos y medidas del secretario de Estado John Quincy Adams, y el plano de una ciudad capital, porque los consideraba útiles para una república en formación. El norteamericano era, en realidad, uno de los que en su país no solamente compartían con los hispanoamericanos los principios republicanos, sino que también veían en el fin del monopolio comercial español la oportunidad de realizar buenos negocios en el continente. La verdad era, sin embargo, que ese optimismo era injustificado. Los comerciantes británicos ya habían copado una gran parte del mercado hispanoamericano con sus manufacturas, mientras que la industria norteamericana apenas podía abastecer el propio. Fue entonces, en este contexto del Panic, que Henry Clay, un hombre político de Kentucky y con larga experiencia, se ocupó de promover el denominado American System. Tres ejes principales componían el programa: establecer aranceles elevados para proteger el desarrollo de la manufactura local, financiar con fondos federales la modernización de la infraestructura y reforzar el banco central. Los resultados concretos de este proceso decimonónico de industrialización vendrán a principios del siglo XX, cuando los Estados Unidos desplazarán definitivamente a la Gran Bretaña como primer socio comercial de los países hispanoamericanos.

En fin, es comprensible que William Thornton haya hecho caso omiso en sus cartas de 1819 de los tropezones de los Estados Unidos después de más de dos décadas de expansión territorial, económica y política. También se entiende que haya querido aconsejar a su amigo Gual para evitarle traspiés y caídas a la recién nacida República de Colombia. Es harto sabido, sin embargo, que las experiencias propias de la infancia, dolorosas o felices, son la madre de muchas, si no de todas, las cosas.

Mónica Henry. Profesora de la Université Paris-Est Créteil.

*La columna bicentenaria es un proyecto colectivo coordinado por los profesores Daniel Gutiérrez (Universidad Externado) y Franz Hensel (Universidad del Rosario), en el que científicos sociales buscan dar perspectiva al bicentenario que se celebrará con motivo de la batalla de Boyacá y la creación de la República de Colombia.

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