De la ‘Columna bicentenaria’ a las ‘Historias en público’

De la ‘Columna bicentenaria’ a las ‘Historias en público’

Nuestros textos se extenderán a la reflexión sobre las complejas experiencias humanas en el tiempo.

10 de marzo 2020 , 07:31 p.m.

En junio de 1820, Antonio José de Irisarri, jefe de la legación chilena en Londres, escribía, un tanto desconsolado, a Andrés Bello sobre los avances y retrocesos del reconocimiento diplomático de la independencia americana. Señalaba la lentitud con la que procedían los agentes, así como la necesidad de destruir las calumnias españolas propagadas por la prensa inglesa, y recomendaba franqueza para tratar con el gabinete británico. En su carta, Irisarri comentaba: “(El continente europeo) se ha preguntado horrorizado qué somos nosotros, qué deseamos, qué aspiramos a conseguir en una lucha sangrienta de diez años. No puede ser la libertad, se contestan, si no sabemos entenderla; no puede ser el gobierno organizado, si no comprendemos el arte o la virtud de respetarlo; no puede ser el orden, si el desorden es nuestra norma; no puede ser la felicidad de nuestros paisanos, si los hacemos infelices con la tiranía; no puede ser ni la república ni la monarquía, si no sabemos qué cosa es la política".

Estas palabras, emitidas a propósito del desconcierto y la incomprensión de las potencias con respecto a procesos históricos que apenas conocían, se han vuelto representativas de un modo propio de sentenciar nuestra trayectoria republicana: ausencia de rumbo, incapacidad de insertarnos en la modernidad, permanente minoría de edad, anarquía insuperable, falsa democracia… Quizás el mayor propósito de la ‘Columna bicentenaria’ ha sido combatir estas y otras ideas simplistas, animando una discusión sobre los procesos de independencia desde múltiples perspectivas. Hoy hace 53 semanas publicamos un primer texto convocando a la reflexión pública sobre la historia en tiempos de conmemoraciones. Al cerrar este fructífero intercambio, es importante esbozar un balance.

La ‘Columna bicentenaria’ ha sido una aventura colectiva que hemos tenido la alegría de liderar durante un año. Nuestra labor consistió en invitar a colegas historiadores a nutrir este espacio semana tras semana, en contribuir con uno que otro artículo, en velar porque se respetaran las reglas del ejercicio (en términos de extensión, redacción, pertinencia y exactitud) y en pulir los textos a través de un intercambio electrónico que fue para nosotros la parte más enriquecedora de toda esta experiencia.

Hoy nos enorgullecemos de haber convocado a 48 autores diversos, todos colombianos, con la excepción de Alejandro Rabinovich y Mónica Henry (ambos argentinos) y de Matthew Brown (británico). Publicaron con nosotros profesores que trabajan en Bogotá (universidades de los Andes, Externado, Javeriana, Nacional y del Rosario), Bucaramanga (UIS), Cartagena (Universidad de Cartagena), Ibagué (Universidad del Tolima), Manizales (Universidad de Caldas y AUM), Medellín (universidades de Antioquia, Nacional y Pontificia Bolivariana), Pasto (Academia Nariñense de Historia), Popayán (Universidad del Cauca) y Tunja (UPTC). Así mismo escribieron aquí docentes colombianos vinculados a universidades de Portugal (Universidad de Lisboa) y Norteamérica (USC, WMU y WWU), doctorandos afiliados a centros educativos de México, Colombia y Estados Unidos, e incluso un joven maestro en Historia del Arte, así como un investigador independiente.

Debemos lamentar que solo 11 de nuestros autores fueran mujeres y que, no obstante estar representadas instituciones de las principales ciudades, no hayamos logrado una representación verdaderamente nacional de la academia. Este hecho vicia nuestro propósito inicial de brindar a los lectores de EL TIEMPO un panorama general de la investigación histórica sobre la independencia en el país y de transmitir a los colombianos del futuro un inventario minucioso de las interpretaciones existentes en tiempos del bicentenario. No todos nuestros esfuerzos obraron el efecto deseado: a pesar de nuestros llamados (y en ocasiones, de nuestra insistencia), algunos profesores del país y del extranjero no pudieron o no quisieron escribir para este espacio. Además, dos colegas desertaron en medio del proceso imprescindible de edición. Sin embargo, la persistencia misma de esta columna, la confluencia en ella de medio centenar de investigadores y el número creciente de lectores nos demuestran que es necesario perseverar en el propósito de reflexionar públicamente sobre las historias, presentes y posibles.

Hace un año nos animaba la idea de construir un espacio crítico, diverso y multiforme que convocara reflexiones sobre las independencias americanas; que ayudara, como lo hizo Irisarri en la mentada carta a Bello, a iluminar los vericuetos de estos procesos (tantas veces amañados políticamente y tan pocas estudiados con detenimiento) a partir de un diálogo con colegas de diferentes regiones, universidades y escuelas historiográficas. Queremos agradecer a todos aquellos que se animaron a escribir, ser editados y amablemente responder a nuestras sugerencias y comentarios. Agradecemos también a nuestros lectores. Gracias a todos hemos construido y consolidado un espacio, una suerte de tertulia digital, que nos ha permitido visibilizar y poner a dialogar a muchos especialistas de los procesos de independencia cuyos trabajos tienen menos relevancia social de la que merecen.

Animados por la experiencia, hemos decidido dar continuidad a la columna, que pasará a llamarse ‘Historias en público’, porque deseamos ampliar considerablemente sus dominios. Estos dejarán de estar delimitados por las conmemoraciones bicentenarias para extenderse a la reflexión general sobre las variadas y complejas experiencias humanas en el tiempo, parafraseando las palabras del maestro Bloch hace ya más de setenta años. El propósito será, pues, el de iluminar los presentes y futuros del pasado, más si recordamos con Faulkner que el pasado nunca está muerto, que el pasado no es, ni siquiera, pasado. Nos interesa particularmente que los historiadores cuenten con una plataforma para reflexionar conjuntamente acerca de la vocación pública de su disciplina, para visibilizar nuevas apuestas historiográficas y para contribuir a comprender críticamente nuestro presente. No menos importante, queremos que este espacio propicie sanas y oportunas reacciones frente a la instrumentalización política de la historia. Nos interesa hacer todo esto colectivamente y a través de formatos y ejercicios de escritura diversos, que con rigurosidad fomenten la imaginación histórica. Bienvenidos pues a esta nueva aventura intelectual.

Daniel Gutiérrez Ardila y Franz Hensel Riveros

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.