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La importancia de la cobertura

La importancia de la cobertura

No se puede permitir que la cifra de los 'ninis', los que ni estudian ni trabajan, siga creciendo.

01 de diciembre 2021 , 08:00 p. m.

La pandemia ha impactado significativamente la vida de niñas, niños y jóvenes, y dejado secuelas estructurales en varias áreas. La más obvia son los atrasos educativos: ya se habla de una generación perdida por los aprendizajes que no han podido adquirir y por la pérdida de otros que, al no haber puesto en práctica, olvidaron.

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Preocupa también la salud mental y emocional de esta generación, que ya está marcada por el miedo, la ansiedad, la tristeza, la rabia, la irritabilidad y la desmotivación.

La deserción es otra consecuencia de la pandemia que, aunque se mencione menos, tiene un impacto estructural en los adultos del mañana. Según la Encuesta Nacional de Calidad de Vida del Dane, la inasistencia escolar de menores de entre 6 y 16 años pasó del 2,7% en 2019 al 16,4% en 2020. Preocupa que en el ámbito rural esta cifra haya pasado del 4,8 % en 2019 al 30,1 % en 2020.

Inquieta profundamente lo que están perdiendo aquellos que no están vinculados al sistema educativo. Y es que más que a instruirse y adquirir competencias básicas en lenguaje y matemáticas, las personas van al colegio a formarse como seres humanos integrales. Haciéndose preguntas aprenden a tejer argumentos, a resolver problemas y a pensar por sí mismas. Además, buena parte del valor de la educación está en la experiencia formativa, gracias a la cual aprenden valores determinantes para la vida en sociedad como resultado de las interacciones con sus pares y maestros, como el respeto y la colaboración.

El entorno educativo ofrece otro aspecto fundamental que muchas veces no es tenido en cuenta: propósito y sentido de pertenencia. El hecho de que estas niñas, niños y jóvenes sepan a qué van a dedicar buena parte de las horas del día, de alguna manera, les brinda un sentido de vida más allá de la subsistencia y los hace sentir parte de algo. El colegio ofrece un entorno cuidador y protector, y en su ausencia muchos jóvenes buscan en la calle y con compañías no deseables el reconocimiento que les hace falta.

Un estudio de la Universidad de los Andes sobre el impacto de la jornada única encontró una relación inversamente proporcional entre horas de clase y hechos delictivos y embarazos en adolescentes.

Tener el tiempo ocupado, en un país como el nuestro, reduce la exposición de los muchachos a ambientes violentos. Un estudio de la Universidad de los Andes sobre el impacto de la jornada única encontró una relación inversamente proporcional entre horas de clase y hechos delictivos y embarazos en adolescentes. Si la ampliación de la jornada escolar es capaz de reducir los hechos delictivos en un 24 % y los embarazos en adolescentes en un 3,97 %, ¿qué ocurrirá en esos aspectos y en otros como el reclutamiento y el trabajo infantil cuando la jornada escolar ni siquiera existe?

La sociedad no puede permitirse que la cifra de los llamados ‘ninis’, aquellos que ni estudian ni trabajan, siga creciendo. Además de las consecuencias que tiene en la formación de competencias básicas y habilidades blandas, la ausencia de la jornada escolar tiene implicaciones desastrosas sobre el uso del tiempo libre y el propósito de vida, especialmente para aquellos jóvenes que vienen de familias vulnerables. Esto genera en ellos un punto de quiebre que los inhabilitará para aspirar a mejores oportunidades en el futuro y, además, ayuda a perpetuar la percepción de exclusión, que es lo que –en el fondo– ha generado todas nuestras violencias.

La educación tiene muchos retos, pero hoy ninguno es tan apremiante como buscar uno a uno a los estudiantes que abandonaron el sistema; y una vez escolarizados nuevamente, es fundamental desarrollar planes de nivelación académica que los pongan al día, de suerte que el rezago no los deje en riesgo de abandonar el estudio definitivamente. El objetivo de la cobertura debe retomar su importancia en la agenda pública.

JULIANA MEJÍA​

(Lea todas las columnas de Juliana Mejía en EL TIEMPO, aquí)

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