Boccaccio y el covid-19: la discapacidad en los días de la peste

Boccaccio y el covid-19: la discapacidad en los días de la peste

La vida es un derecho y no puede ser que unas valgan más que otras.

08 de abril 2020 , 03:16 p. m.

Buscando qué hacer durante la cuarentena, puse el audiolibro del ‘Decamerón’ porque recordé que narraba la historia de la peste negra y pensé que ahí podría encontrar qué hacían para atender a las personas con discapacidad en el siglo XlV. Me pareció fascinante. Es como si no hubiera pasado un día desde ese marzo de 1348. Como ahora, en ese tiempo la protagonista de la crisis en Occidente fue Italia y se rumoreaba que el virus era algún tipo de maldición que venía “de Oriente”:

Textos Decameron
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No tenían claro cómo combatir el virus, y en el caos se ordenaban desesperadas políticas, distanciamiento social y se ponían en evidencia las muchas insuficiencias del sistema de salud.

Juan Pablo S
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Este texto había podido ser escrito al principio de esta primavera y sería igual de preciso y relevante. Pero no encontré nada acerca de personas con discapacidad en ese tiempo más allá de que la peste en sí era discapacitante. En contraste, en la crisis de ahora el tema está muy presente.

Lo hemos visto en todo el mundo. Las personas con discapacidad tienen más alto riesgo de mortalidad, morbilidad y pobreza como consecuencia del covid-19. Si bien no necesariamente tienen problemas de salud, sí tienen mayores necesidades de cuidado en salud y mayor edad, lo que se traduce en más complicaciones. La resiliencia económica también es un desafío para estas personas, que de entrada están sobrerrepresentadas en la pobreza.

También, la información no siempre es accesible, por lo que no pueden tomar decisiones. Pocas alocuciones de líderes mundiales incluyen intérpretes. Excepción de esto es Claudia López, que lleva un intérprete con ella a todas partes, incluso cuando ha hablado desde el sofá de su casa.

Además, las medidas de aislamiento obligatorio comprometen la independencia y en muchos casos la vida misma de gente que depende de asistencia personal. ¿Qué pasa cuando los asistentes que los apoyan para cocinar y bañarse, entre otras, no pueden cumplir? Además, estar todo el tiempo en la casa parece estar aumentando las tasas de violencia intrafamiliar, y las mujeres con discapacidad sufren más esa violencia.

Por fortuna, no todo son malas noticias. La Convención ONU sobre Discapacidad da un mandato para que los gobiernos garanticen la seguridad en situaciones de riesgo. Los países que cumplen con esto incluyeron cuatro estrategias en sus planes de emergencia: 1) dar información en formatos accesibles, 2) entender el apoyo que necesitan las autoridades locales, 3) identificar las necesidades de asistencia, 4) mantener actualizada la información de contacto.

En la región hemos visto cómo estas circunstancias extraordinarias han motivado soluciones extraordinarias por parte de técnicos que han entendido la responsabilidad histórica que tienen. La celeridad en la toma de decisiones es determinante para salvar vidas. En el Perú, por ejemplo, adelantaron en tiempo récord un decreto para levantar información sobre la ubicación y necesidades de las personas con discapacidad para poder dar soluciones en tiempo real. ¡Excelente!

El ‘Decamerón’ sigue con la historia de siete hermosísimas mujeres y siete gallardos hombres de la aristocracia florentina que, al mejor estilo de los aristócratas de hoy, aprovecharon la cuarentena para irse a una lujosa casa de campo. Ahora, ninguno de ellos tenía síndrome de Down, era ciego o estaba en silla de ruedas. De ser así, no habrían podido salir de Florencia a disfrutar de la alegría y el placer y su final habría sido más bien como el infierno de la ‘Divina Comedia’. Esto ha cambiado, pero aún falta mucho. Ahora, siguiendo buenas prácticas como la del Perú seguro la próxima crisis nos encontrará mejor parados. Así, los jóvenes con discapacidad en Florencia o en cualquier lugar del mundo tendrán la misma oportunidad de sobrevivir que todos los demás. La vida es un derecho y no puede ser que unas valgan más que otras.

Este artículo fue previamente publicado en ¿Y si hablamos de Igualdad?, con la colaboración de Mariana Pinzón.

JUAN PABLO SALAZAR

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