Vivir en el pasado

Vivir en el pasado

¿Será que temen que un taxista vea acercamientos entre Uber y el Gobierno y se configure un paro?

26 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

No es cuestión de apoyar la ilegalidad, como seguro dirán algunos al terminar de leer este artículo. Es cuestión de entender que un país, cuyo presidente saca pecho viajando a Silicon Valley para atraer inversión de las empresas tecnológicas, no puede seguir siendo el mismo que le saca el cuerpo a la necesaria discusión sobre el futuro de Uber y tantas otras plataformas que operan bajo el mismo concepto de transporte.

Ha pasado ya un año desde la llegada de Iván Duque a la Casa de Nariño. Un presidente joven, con ministros jóvenes, con un discurso sobre la economía naranja y las nuevas tecnologías bastante atractivo. Y sin embargo, un año después, la ministra de Transporte no se ha sentado una sola vez con los representantes de Uber en Colombia para tratar de avanzar en alguna estrategia que saque del limbo jurídico ese servicio.

La cosa no deja de ser sorprendente, pues Uber pareciera estar más al día con los tiempos que vivimos en comparación con nuestros taxis. ¿Usted puede pagar con tarjeta de crédito o débito una carrera de taxi? No. ¿Usted está seguro de que los taxistas (o los dueños de los taxis) pagan IVA (o algún impuesto) por cada carrera que hacen? No. ¿Usted sabe qué empresa o empresas de taxis están detrás de las aplicaciones EasyTaxi o Tappsi?

No entraré a justificar el uso de vehículos particulares para ofrecer transporte de pasajeros. Creo que en ese punto tienen razón aquellos que dicen que no es lo mismo que un taxi. ¿Pero qué pasa con los carros blancos que prestan el servicio de Uber? ¿Por qué los persiguen cual delincuentes si en realidad están ofreciendo un servicio mejor que el de los taxis?

Un año después
del aterrizaje del Gobierno, la ministra de Transporte no ha tenido media hora para sentarse a hablar con los señores de Uber,
que ya funciona legalmente en
Perú, Brasil,
Bolivia y México

Contrasta el desdén del Gobierno hacia la aplicación Uber con la velocidad a la que se está avanzando para tratar de subsanar los inconvenientes de vinculación laboral que Rappi tiene con sus ‘rappitenderos’. A ellos sí los atendió la ministra del Trabajo con celeridad. A ellos sí les han ofrecido soluciones, como la de los aportes parafiscales por horas. En cambio, ¿qué les han ofrecido a los señores de Uber? Hasta donde sé, a los ejecutivos de Uber les huyen los funcionarios del Ministerio de Transporte como si se encontraran de frente con el coco o con la mismísima parca. ¿Será que temen que algún taxista vea acercamientos entre Uber y el Gobierno y se configure un nuevo paro? ¿Hasta ese punto nos tienen chantajeados los taxistas?

Para justificar la velocidad en las soluciones a Rappi se ha argumentado la importancia de esta aplicación para ofrecer una opción laboral y de ingresos a aquellos que están atravesando dificultades. ¿Acaso no es lo mismo que ocurre con Uber? ¿No es la aplicación una alternativa en el mercado del trabajo?

A eso hay que sumar otro detallito: Uber alista para comienzos del próximo año la apertura, en Bogotá, de un centro de soporte que generará más de 500 empleos directos y una inversión superior a los 6,7 millones de dólares, solo en el primer año. ¿Por ser con Uber, esos empleos y esa inversión también estarán teñidos de ilegalidad?

Uno entiende que los tiempos del Estado no son los del sector privado. Uno comprende que, a la fecha, Uber está prestando un servicio que se sale de la norma.
Todo eso tiene sentido, pero lo absurdo es que un año después del aterrizaje del gobierno de la economía naranja, la ministra de Transporte no haya tenido media hora para sentarse a hablar con los señores de Uber, app que ya funciona legalmente en Perú, Brasil, Bolivia y México. Aquí, mientras tanto, seguiremos viviendo en el pasado.

#PreguntaSuelta: mucho afán por el Amazonas, ¿pero qué está haciendo este gobierno para luchar contra la deforestación en el Chocó?@JuanPabloCalvas

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