Vergüenza

Resulta urgente cambiar la actitud de nuestros gobiernos hacia la zona de San Andrés y Providencia.

16 de noviembre 2020 , 11:29 p. m.

¿Hora de señalar culpables? ¿La salida será decir que todo ha ocurrido por culpa del cambio climático? ¿El desastre que el huracán Iota ha dejado en el archipiélago de San Andrés y Providencia era algo que podíamos anticipar o prevenir?

Más allá de esas disquisiciones, sobre las cuales nunca encontraremos una respuesta definitiva, pues aquí somos expertos en escurrir el bulto y echarles la culpa a los demás ante situaciones en las que nosotros algo podríamos haber influido, lo que resulta urgente es cambiar la actitud de nuestros gobiernos hacia esa zona insular de Colombia.

Resulta inaceptable que la isla de Providencia y su hermana grande, San Andrés, hayan tenido que enfrentar la peor emergencia en décadas con tan pobre infraestructura y preparación para todo.

No se trata de decir que no había planes de evacuación determinados, pues sacar del archipiélago a miles de personas resultaba altamente complejo, por no afirmar que completamente inviable, ante la premura de los hechos. Lo que sí es necesario es puntualizar qué dejó de hacerse (pudiéndose hacer) para conseguir que la emergencia no alcanzara las dimensiones que tomó.

Tal vez el punto número uno para tener en cuenta sea la falta de centros de acogida y construcciones seguras para recibir y atender a una población altamente vulnerable ante fenómenos ciclónicos como los huracanes.

En el caso de Providencia, la falta de edificios seguros llevó a que los habitantes de la isla prefirieran botar el agua lluvia de las cisternas de almacenamiento que usan para garantizar el suministro del líquido y hacer uso de estas estructuras de concreto como resguardos seguros para protegerse. ¿Algo se podía haber hecho antes? Seguro que sí. Solamente que, dada nuestra falta de previsión ante fenómenos climáticos como el que golpeó este fin de semana la isla, nunca se ha pensado en construir refugios para la población.

Resulta inaceptable que la isla de Providencia y su hermana grande, San Andrés, hayan tenido que enfrentar la peor emergencia en décadas con tan pobre infraestructura y preparación para todo

En el momento de evacuar Santa Catalina tuvo que improvisarse un refugio en la iglesia de Providencia y hacer uso de un escenario deportivo para resguardar a las decenas de personas que no podían quedarse en la zona más expuesta a los fuertes vientos y los golpes de las olas. Los techos volaron. Hubo muros que no aguantaron. En fin, ni siquiera las construcciones seguras lo eran en medio del huracán.

Pero aún más lamentable y penosa es la situación del hospital de Providencia (que más que hospital es un centro de salud) y el hospital de San Andrés, hoy agobiado por las deudas e incumplimientos al cuerpo médico que allí labora.

No podía haber llegado en peor momento el huracán. El centro de salud de Providencia es un hospital que apenas si puede atender emergencias. Es nivel 1 de complejidad y los casos delicados deben trasladarse a San Andrés por vía aérea. ¿No es esto desidia? En San Andrés, el hospital, que fue inaugurado con bombos y platillos en el gobierno Uribe para garantizar la atención a propios y visitantes, hoy es un monumento al abandono que ni siquiera la pandemia logró poner a funcionar de manera óptima.

¡Qué dolor de patria! ¡Qué tristeza máxima es ver lo que ha pasado con San Andrés!
Insisto: no es cuestión de culpar solo al actual gobierno, que, sin duda, algo podría haber hecho para minimizar la emergencia de hoy. Hay que ver cómo se echa al olvido, gobierno tras gobierno, a una zona que sigue siendo colombiana a pesar de tanto desdén. Y la deuda del Estado, como hacia otros territorios, sigue siendo tan grande que más que sentir tristeza y pesar, hoy debería provocarnos vergüenza.

#PreguntaSuelta: si los acuerdos de libre comercio siguen acabando con productores nacionales, como ocurre hoy con los papicultores, ¿qué camino les queda a los campesinos? ¿Volverse mineros?

JUAN PABLO CALVÁS@JuanPabloCalvas

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