Salud o negocios

Salud o negocios

El asbesto sigue siendo un producto que en Colombia se comercializa y produce a escala industrial.

20 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

Basta con ver una foto aérea de cualquier ciudad de Colombia para aterrizar en la realidad: gran parte de las tejas que cubren casas y edificios, así como una importante cantidad de tanques de aprovisionamiento de agua están hechos con el infame material.

Durante años lo ofrecieron como el más barato y resistente. Durante décadas se posicionó en el mundo de la construcción como un preciado producto nacional. Y hoy, aunque ya pasó de moda y muchas alertas se han encendido en torno a él, el asbesto sigue siendo un producto que en Colombia se comercializa y produce a escala industrial bajo una sorprendente premisa: “el uso seguro”.

Lamentablemente para los promotores de ese concepto, desde la Organización Mundial de la Salud, el Banco Mundial, la Asociación Mundial de Federaciones de Salud Pública, la Asociación Internacional de Seguridad Social, la Unión Internacional para el Control del Cáncer y muchas otras organizaciones médicas y de salud pública se ha señalado de manera reiterativa que no existe tal “uso seguro” o “uso controlado” del asbesto. De hecho, las conclusiones resultan innegables para 61 países del mundo que han prohibido el uso del asbesto y cualquiera de sus fibras por considerar que estos componentes provocan enfermedad y muerte. Eso sí, como era de esperarse, entre estos 61 países no se encuentra Colombia.

¡Es lógico! Aquí andamos más preocupados por Santrich, la JEP, los disparates de María Fernanda Cabal o la amenaza narcoterrorista que se cuece en nuestras zonas rurales que por la salud de los colombianos. ¡Qué más da un muerto más o uno menos!

En lugar de pedir a gritos que el Congreso dé vía libre a la propuesta que busca prohibir de una vez por todas el asbesto, seguimos como si nada pasara. Como si ese problema no fuera con nosotros.

Los profesores Guillermo Villamizar y Gabriel Camero acaban de presentar un muy jugoso e interesante libro llamado Asbesto en Colombia. Una publicación editada por la Universidad Nacional en la que no solo analizan y ponen en blanco y negro el estado del arte en nuestro país sobre la lucha contra el asbesto, sino que también dejan en evidencia la manera como el lobby de los fabricantes de este producto ha terminado frenando cualquier tipo de iniciativa para una prohibición total de la explotación y el uso industrial del asbesto.

Según el libro, en el año 2016 hubo 397 muertes en Colombia por enfermedades relacionadas con el asbesto a causa de exposiciones directas o indirectas. Esto es el diez por ciento de las muertes que a nivel mundial se dan por enfermedades causadas por esta fibra (3.495 en el año 2015, según el Global Burden of Disease), cifra que debería bastar para alarmarnos.

Pero no. En lugar de pedir a gritos que el Congreso dé vía libre a la propuesta que busca prohibir de una vez por todas el asbesto, seguimos como si nada pasara. Como si ese problema no fuera con nosotros.

¿Salud o negocio? ¿Qué es lo que debe salvaguardar el Estado? Pensaría uno que la lógica dicta que la salud de los habitantes de un país debe ser la prioridad número uno para un gobierno y para el Congreso. Creería uno que ante una realidad de este tipo se haría más caso a los informes científicos de los grandes organismos internacionales y no a los informes pagados por Ascolfibras, gremio que reúne a los empresarios del asbesto. Sin embargo, ahí vemos a los legisladores de siempre recogiendo ese argumento del “uso seguro” y esgrimiendo el argumento de la masacre laboral si se llegase a prohibir el asbesto.

¿Hasta cuándo hemos de aceptar que el Congreso se haga el de la vista gorda con una normativa que podría salvar vidas? Como dicen los autores del libro: “No es solo un problema económico ni de salud. Ante todo, es una cuestión ética vital que nos compete a todos como ciudadanos”.

#PreguntaSuelta: a estas alturas, ¿quién es mayor enemigo para la paz y la JEP: el Centro Democrático o Jesús Santrich?@JuanPabloCalvas

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