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¿Quiere ser papá?

¿Quiere ser papá?

No condenen a un ser vivo a la tortura que será nuestro planeta dentro de unos cincuenta años.

09 de agosto 2021 , 08:03 p. m.

Escribo estas líneas pensando en mi hermano y en mi mejor amigo, ambos casados hace pocos años, ambos en ciernes de buscar la paternidad como experiencia vital y legado al mundo.

Pienso en ellos, pero ante todo pienso en los hijos que aspiran a traer al planeta como fruto del amor hacia sus esposas y, por supuesto, las ansias de dejar la semilla de su código genético en alguien que a su vez, como señala nuestro instinto animal, buscará reproducirse para prolongar la estirpe.

¡No lo hagan! De verdad, no lo hagan.

Si ustedes desconfían de los políticos, no lo hagan. Si creen imposible que los empresarios e industriales detengan la espiral del crecimiento económico, no lo hagan. Si creen en la emergencia climática, por favor, no lo hagan. No tengan hijos. No sean crueles. No condenen a un ser vivo a la tortura que será nuestro planeta dentro de unos cincuenta años.

El panel de expertos de Naciones Unidas ya nos lo ha dicho. Vamos camino al abismo. Insistir en ir en contravía es ser ciegos o, tal vez, una sorprendente prueba de confianza en la humanidad, sobre la cual opino que tiende más hacia la autodestrucción, antes que a la protección de su propia existencia. Basta con ver la indolencia de líderes locales y globales que le apuestan a la guerra, basta con asomarse a la ventana para constatar que ningún llamado sirve para detener el creciente consumismo de la moda basura. Basta con mirar la falta de compromiso de las grandes potencias y los pequeños países en la lucha contra los males que nos llevarán a la extinción.

Como lo veo, detener lo que nos mata ya es un imposible. No vamos a dejar de andar en carros movidos por carburantes de un día para otro. No vamos a dejar de montar en avión para hacer desplazamientos de larga distancia. No vamos a dejar de consumir carne de res, ni de cerdo ni de pollo. Estamos viviendo en un estado de inercia que hace muy difícil parar el carrusel de nuestra aniquilación. Y somos afortunados porque hoy apenas vivimos el comienzo de lo que serán años espeluznantes. Por eso insisto: no lo hagan.

Un padre jamás le desearía el mal a su prole, únicamente bienestar. De ahí mi consejo: ¡no lo hagan! ¡No tengan hijos! Piensen en el sufrimiento que tendrán que vivir.

En el caso de Colombia y la emergencia climática, urge mirar los mapas costeros y las proyecciones de los expertos para saber que el centro de Santa Marta, así como casi la totalidad de la ciudad de Buenaventura, está condenado a quedar bajo las aguas del mar. ¿Qué va a pasar con sus habitantes? ¿Qué va a pasar con esos puertos?

El incremento de la temperatura tendrá un efecto indefectible sobre las fuentes hídricas que hoy alimentan nuestros acueductos. A medida que desaparezca el páramo de Chingaza perderemos la mayor fuente de agua para Bogotá y sus municipios vecinos. ¿Cómo la vamos a reemplazar? No hay manera. ¿Qué beberán o cómo se limpiarán quienes tengan que vivir esa pesadilla? No conozco una respuesta razonable.
De la mano de la falta de agua y el incremento de las temperaturas también vendrá el cambio de los usos del suelo. Zonas hoy fértiles ya no podrán producir. Zonas que hoy estamos urbanizando son aquellas donde algo habría podido crecer, pero ya las habremos echado a perder. ¿Qué vamos a hacer? ¿De dónde sacarán los bebés de hoy su alimento cuando tengan 40 o 50 años?

Si algo les he aprendido a mis viejos es que los papás sufren a la par con sus hijos. Un padre jamás le desearía el mal a su prole, únicamente bienestar. De ahí mi consejo: ¡no lo hagan! ¡No tengan hijos! Piensen en el sufrimiento que tendrán que vivir. Piensen en la condena a la que los someterán.

Esto no es egoísmo, sino todo lo contrario.

#PreguntaSuelta: ¿alguien de verdad cree que la ciencia nos salvará de esta? ¿Que encontraremos cómo emigrar masivamente hacia otro lugar del universo?

JUAN PABLO CALVÁS
@juanpablocalvas​

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