Momento de serenidad

Momento de serenidad

No podemos ser nosotros mismos los culpables de una inestabilidad política que nos lleve al abismo.

07 de octubre 2019 , 07:00 p.m.

Ha llegado el día esperado por muchos: el expresidente Uribe va a la Corte Suprema de Justicia a rendir indagatoria por un caso en el que se lo señala de manipulación de testigos.

Más allá de la opinión de unos y otros sobre la veracidad de los cargos por los que Álvaro Uribe y Álvaro Hernán Prada acuden a la Corte, el reto real está hoy en manos de nosotros los colombianos, uribistas, antiuribistas y aquellos que no nos ubicamos en ninguna de esas orillas. Todos nosotros tendremos que demostrar que ninguna pasión política justifica la violencia, las agresiones o los atentados en contra el Estado de derecho.

A lo largo de los últimos días hemos visto cómo la temperatura del termómetro político ha venido subiendo. Ataques desde las redes sociales y en las calles a los partidarios de Uribe. Señalamientos en las calles y las redes contra los enemigos de Uribe. Unos y otros respondiendo con beligerancia a la contraparte, dejando entrever cómo el país se dejó dividir fácilmente en dos bandos que se volvieron irracionalmente irreconciliables. Ambos bandos esperan únicamente un fallo de la justicia a su favor o, de lo contrario, ya están sobre la mesa las amenazas y los gritos listos para deslegitimar la Corte, reduciendo a un mero hecho político la decisión que en su sabiduría e independencia tendrán que tomar los magistrados del alto tribunal.

Colombia no tiene opción distinta a la de creer que lo que se defina por los magistrados de la Sala de Instrucción será una actuación que se ajusta a
las normas del ordenamiento jurídico colombiano

Es momento de serenidad. No es posible pensar en una fórmula distinta para todos en el país. De lo contrario, las voces beligerantes que hablan de tomar las armas para defender sus ideas podrían encontrar tierra fértil para convertir en tenebrosa realidad semejante absurdo, en el que todos saldríamos perdiendo.

Es momento de serenidad para entender que aunque haya motivos poderosamente políticos para afectar al expresidente Uribe y el Centro Democrático, la decisión sobre su futuro está hoy en manos de unos jueces que representan la más alta dignidad de la justicia en Colombia. Ya saldrán algunos a decir que esos magistrados están salpicados por conflictos de intereses y los rezagos del ‘cartel de la toga’, hechos que deslegitiman su decisión. ¿Hemos de caer en ese juego? ¿Debemos pensar que no hay sino política y plata detrás de este caso?

Claro que estamos hablando de un asunto muy complejo. Y no hay duda de que tomar una decisión en justicia ante un escenario tan tenso resulta un reto enorme para los magistrados de la Corte. Sin embargo, no nos queda más. Colombia no tiene opción distinta a la de creer que lo que se defina por los magistrados de la Sala de Instrucción será una actuación que se ajusta a las normas del ordenamiento jurídico colombiano. Lástima que muchos no confiemos en esa justicia, pero no tenemos otra. Hay que asumirlo.

Hacer un llamado a desconocer la justicia, venga desde la orilla que venga, podría ser el clavo definitivo para sellar el ataúd de la Constitución de 1991 y justificar cualquier tipo de disparate que quién sabe qué rumbo podría determinar para el país. No podemos permitirnos esto. No podemos ser nosotros mismos los culpables de una inestabilidad política que nos lleve al abismo de la desinstitucionalización.

De ahí que el llamado, en estos días de tanta y tanta tensión, sea a la serenidad. Serenidad en el momento de salir a las calles a respaldar una u otra opinión. Serenidad en el momento de recibir las noticias que tengan algo que ver con el expresidente Uribe. Serenidad para salvar a Colombia del abismo al que los extremos nos quieren llevar.

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@JuanPabloCalvas

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