Lo innecesario

Lo innecesario

Colombia está llena de Ambuilas, de personas que viven de lo inútil.

08 de abril 2019 , 07:00 p.m.

¿Ha caído en el embrujo del gel antibacterial? ¿Es de esos que cargan en su bolso, cartera o bolsillo un pequeño frasquito plástico con un producto incoloro (y a veces inodoro) que se promociona como la mejor solución para combatir los microorganismos que nos rodean y podrían convertirse en una amenaza para la salud?

Si respondió que sí, esta columna es para usted. Si respondió que no, igual le aconsejo que siga leyendo porque este no es un escrito sobre bacterias, microbios y nuestra constante lucha por permanecer saludables, sino más bien una reflexión respecto a la manera como hemos llenado nuestra vida de cosas, productos y hasta personas que poco sirven. O, al menos, que poco nos aportan.

Como un ejercicio plenamente humano, cada tanto deberíamos detenernos a reflexionar sobre aquellos objetos o personas que resultan inútiles para nuestra vida y hacer tal y como ocurre cuando se revisa el armario y se sacan las viejas chaquetas, los pantalones desgastados o las camisas molidas que sabemos que nunca más vamos a usar. Lo inútil se va, se bota, de ahí que inicie con el ejemplo del gel antibacterial.

Hace unos días, la investigadora Gabriele Berg, de la Universidad de Graz, en Austria, presentó un estudio en el cual concluye que el exceso de higiene, en lugar de ser bueno para la salud de los humanos, resulta absolutamente nocivo. La doctora Berg explica que el uso del gel antibacterial va en contravía de lo que promueve, pues elimina la capacidad del cuerpo de regular y controlar la presencia de bacterias (algunas no tan nocivas) sobre la piel y, además, permite que esos microorganismos empiecen a hacerse más y más resistentes a esos productos e, incluso, a algunos más poderosos, como los antibióticos.

En conclusión: el gel antibacterial, tan en boga en nuestro tiempo, no es más que un excelente truco para vender algo que científicamente no es tan bueno.

Y así pasa con infinidad de cosas que nos rodean. ¿Acaso no hay algo más inútil que ir por la vida poniéndole al perro de la casa un saquito porque hace frío? ¿O poniéndole zapatos porque va a salir a la calle? ¿No es un absurdo que a finales de la segunda década del siglo veintiuno, muchos sigan considerando que el uso o no uso de traje y corbata permite definir la estatura moral y social de una persona, cuando en realidad la corbata no es más que un accesorio trivial e inútil?

Sin duda, el padre de la infortunadamente famosa Jenny Ambuila, funcionario de la Dian y ahora señalado de haberse enriquecido con dineros del contrabando, usaba corbata en sus reuniones. Seguro utilizaba el uniforme de la persona honesta, porque (según piensan algunos) alguien que usa traje es mejor persona que alguien que anda en tenis y camiseta. Nada más errado.

Ni un Lamborghini, ni un bolso Chanel, ni unos zapatos Hermès ni una billetera Louis Vuitton son la persona que los usa. Todo es un embuste. Y quien compra esas marcas para sentirse más que los demás cae exactamente en el mismo error que aquel que usa el gel antibacterial para matar los gérmenes: ni el gel le salva a uno la vida, ni las marcas de lujo lavan el dinero conseguido luego de clavarles una puñalada por la espalda a la Dirección de Impuestos Nacionales y, de paso, a todo el país.

Lamentablemente, Colombia está llena de Ambuilas. Llena de personas que viven de lo inútil, de aquello que en realidad no deja nada, pero que viven buscando esa aprobación social que ofrece lo innecesario.

#PreguntaSuelta: ¿De verdad obras como dos metrocables, un metro más extenso, educación superior gratuita, cambio a buses eléctricos y tantas otras cosas maravillosas que andan diciendo (y prometiendo) los precandidatos a la alcaldía de Bogotá se pueden pagar con el exiguo presupuesto de la ciudad?

Sal de la rutina

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