La muerte del humor

La muerte del humor

Por el bien y la salud de nuestra sociedad, hay que salvar el humor... Así no nos guste.

21 de octubre 2019 , 07:00 p.m.

Ya no se puede hacer chistes.

A esa conclusión llegamos hace unos días con un amigo de humor bastante cáustico que en cada reunión logra sacar infinidad de sonrisas a sus contertulios, pero que siempre se estrella con algún biempensante que se escandaliza y condena los gracejos lanzados por este singular personaje.

Ya no se puede hacer chistes sobre nada porque hemos llegado a un extremo tal de la corrección política que ahora es imposible estirar la realidad con sarcasmo y humor negro sin que se gane uno, mínimo, un insulto o, si no, la crucifixión en las redes sociales.

Recuerdo que hace unas semanas, alguien me comentaba con indignación el video de Juanpis González en el TransMiCable de Bogotá, pues lo consideraba una afrenta contra los habitantes de Ciudad Bolívar y, más aún, contra los esfuerzos para acabar con los estigmas que pesan sobre todo lo relacionado con esa localidad del sur de Bogotá. Me tocó explicarle a mi contraparte que ahí estaba el chiste: burlarse al extremo del clasismo de las personas más pudientes de nuestra sociedad para llamar la atención sobre cómo, en nuestro desigual país, uno de los primeros pasos en la segregación se da desde el discurso. Cerré mi argumento señalando que esa risa que nos saca el video viene acompañada de algo de vergüenza, pues nos lleva a reflexionar sobre la manera como algunos se comportan. Creo que no convencí a mi contraparte.

Más allá de lo políticamente correcto, esta falta de humor que nos está invadiendo también es un síntoma de los extremismos que nos arrastran

Sin embargo, no basta con ese ejemplo. Diariamente estamos viendo cómo ya nadie acepta un chiste.

Aquí va otro: Matador hace una caricatura sobre la primera caminata espacial protagonizada por dos mujeres, y es destrozado por el colectivo feminista. Cero tolerancia. Cero humor.

¿Cuántos de nosotros no lo piensan ahora dos, tres y hasta cuatro veces antes de hacer un chiste? ¿Cuántos no se echan para atrás a la hora de hacer un trino? De verdad: el humor está muriendo ante nuestros ojos.

Hace ochenta años, André Breton, uno de los padres del surrealismo, publicó una muy juiciosa recopilación de textos humorísticos bajo el título Antología del humor negro. En ella se encuentra un impresionante florilegio de artículos y notas cortas firmadas por inmensas plumas de la literatura universal como Jonathan Swift, Edgar Allan Poe, Baudelaire, Rimbaud, Franz Kafka, entre otros.

Sin ir muy lejos, el primero de los textos del libro es una desternillante propuesta de Jonathan Swift para acabar con el hambre y la pobreza de un tajo: que los pobres vendieran a sus bebés para alimentar a los ricos. Concedo que la idea es monstruosa, pero el texto no deja de ser una maravilla, y la argumentación realmente preciosa, a la hora de justificar con humor semejante horror.

Igual pasa con un texto de Thomas de Quincey (también recuperado por Breton) que puede ser una de las muestras de ironía literaria mejor alcanzadas, en la que logra mezclar erudición con afirmaciones realmente escalofriantes. El título lo dice todo: Del asesinato considerado como una de las bellas artes.

En fin, no se trata de defender tantas afirmaciones abominables que hoy día pululan, sobre todo, gracias a las redes sociales, pero creo que sí deberíamos preocuparnos, pues, más allá de lo políticamente correcto, esta falta de humor que nos está invadiendo también es un síntoma de los extremismos que nos arrastran en su única visión de mundo sin notas disonantes. Por el bien y la salud de nuestra sociedad, hay que salvar el humor... Así no nos guste.

#PreguntaSuelta: ¿en qué piensan aquellos que opinan que a Colombia le hacen falta saqueos y muertes durante las manifestaciones y protestas de la sociedad civil? ¿De verdad no basta con la violencia que ya vivimos? ¿Quienes quieren muerte y destrucción son los mismos que aplaudirían una ley marcial?

@JuanPabloCalvas

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