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Desigualdad a la Lafaurie

Desigualdad a la Lafaurie

Su opinión dista mucho de la realidad nacional y demuestra una grave, gravísima, desconexión.

23 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

“La desigualdad existe porque hay gente más talentosa que otra, más trabajadora, más ahorradora, más creativa y más empeñada en forjarse un destino; menos envidiosa, menos perezosa, y menos empeñada en culpar a los demás por sus fracasos y esperarlo todo del Gobierno”.

Esta espectacular frase fue publicada en Twitter el pasado fin de semana por el novísimo integrante del Partido Conservador Colombiano Juan José Lafaurie, hijo del presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, y la senadora María Fernanda Cabal.

La máxima del joven Juan José me preocupa. Porque siendo él la nueva estirpe de la política en Colombia (no en vano, el ya mencionado partido quiso hacerlo suyo), su opinión dista mucho de la realidad nacional y demuestra una grave, gravísima, desconexión con el entorno sobre el cual opina.

Tal vez Juan José al referirse a la desigualdad se refiera a la que ve entre él y sus compañeros del colegio, o tal vez sus compañeros de universidad. Unos y otros privilegiados que pudieron acudir a uno de los mejores colegios PRIVADOS del país y a una de las mejores universidades PRIVADAS de Colombia. Sin duda, entre ellos debe haber unos más talentosos que otros y, por ende, les espera un mejor o peor futuro.

Seguramente habrá unos más trabajadores que otros y por eso unos harán fortuna, mientras que otros tal vez se queden viviendo de los papás o incluso llevando una vida común y corriente, que, debe decirse, no es la que el joven Juan José lleva.

La desigualdad comienza desde la cuna. Desde el hogar en que se nace. Y ahí nada tiene que ver el talento, la creatividad, el trabajo o el ahorro. Una cosa es nacer en la Clínica del Country de Bogotá y otra, muy distinta, en el hospital de Meissen. Una cosa es ir a un colegio privado de élite con educación bilingüe y profesores importados, y otra, muy distinta, asistir a un colegio distrital con profesores mal pagos y clases de regular calidad.

¿Que hay casos en los que el empeño y el esfuerzo demuestran que se puede romper el ciclo de pobreza y progresar? Claro que sí, pero los ejemplos son contados, porque la desigualdad logra eso: multiplicar a los pobres que, sin oportunidades de tener el mismo punto de partida que la élite, terminan rezagados en todo.

La desigualdad comienza desde la cuna. Desde el hogar en que se nace. Y ahí nada tiene que ver el talento, la creatividad, el trabajo o el ahorro.

Cree usted, Juan José, que como abogado javeriano quedará con la misma formación y sobre todo las mismas oportunidades de inserción laboral que un egresado de la Universidad Incca o la Universitaria de Colombia, que queda ahí cerca de su universidad, justo al otro lado del parque Nacional?

¿Envidia? ¿Pereza? Supongo que una persona que vive en Lucero Alto, localidad de Ciudad Bolívar, tiene unos cuantos motivos para envidiar la vida que usted y unos pocos afortunados llevamos en Colombia. Créame que eso de los viajes al exterior o apartamentos, casas y fincas en distintas ciudades no es una cosa del común. Usted es un afortunado.

¿Ahorro? Sí, claro. Ahorrando se llega lejos. Aunque una cosa es ahorrar poco a poco de un salario mínimo para poderse comprar una moto y convertir ese en el vehículo familiar, y otra distinta, ahorrar para invertir en un negocio con siete u ocho ceros a la derecha. El ahorro es posible, pero también viene condicionado por la ruleta de la cuna en que se nace.

Juan José, la desigualdad existe porque no todos arrancamos desde la misma línea de partida y eso sí debería garantizarlo un Estado responsable.

¿O no cree que hay jóvenes conservadores que llevan años trabajando en las bases del partido soñando con un video como el que le hizo el presidente de su nueva colectividad para sus redes sociales? Eso es desigualdad.

JUAN PABLO CALVÁS
@juanpablocalvas

(Lea todas las columnas de Juan Pablo Calvás en EL TIEMPO, aquí)

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