País de porristas

País de porristas

Nos está haciendo daño ver el futuro del país como un partido de fútbol en donde solo hay un ganador

30 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Es tal cual un partido de fútbol. Vivimos en un interminable e insoportable partido de fútbol.

Ahora en Colombia parecemos destinados a vivir en el eterno enfrentamiento entre dos equipos: ‘El que diga Uribe’ versus ‘La Colombia Humana’, y al igual que en los partidos de balompié, los hinchas de unos y otros no son capaces de aceptar siquiera el empate. Aquí no hay puntos medios. De nada sirve ponderar la alineación del uno o el tipo de juego del otro. El rival siempre será el malo y nada en él podrá destacarse. Hay que vencer a toda costa. Hay que desaparecer al contrincante. Punto.

Y no me refiero a que vayamos en la búsqueda de un punto medio entre unos y otros. El fútbol nos ha enseñado que para que se dé el juego tan solo basta con tener a dos equipos en la cancha. De un tajo, unos y otros borraron la posibilidad de que exista un centro político en el país y ahora la vida se nos va en una eterna búsqueda de la desaparición o destrucción del 50 por ciento de la opinión política en Colombia, porque, como en las eliminatorias del Mundial, solo uno puede llegar a clasificar.

He ahí en las redes sociales a los porristas de una y otra orilla. Los llaman influenciadores. Los mueve el entusiasmo por un líder que a todas luces más que un director técnico o capitán de equipo actúa como caudillo: único capaz de hacer los pases, definir la estrategia, meter los goles y taparlos. Los porristas hacen cánticos al líder de SU equipo y critican hasta la forma de correr del otro, así el tumbao tenga sentido y vaya en la medida de las necesidades del país y la sociedad.

En Colombia parecemos destinados a vivir en el eterno enfrentamiento entre dos equipos: ‘El que diga Uribe’ versus ‘La Colombia Humana’.

Es así como en este país de porristas el disentir de unas ideas lo convierte a uno en apátrida, inconsciente y vendido. El ruido de las porras de ambos equipos ha apagado la posibilidad de pensar diferente a los dos equipos que se han impuesto, negándonos la posibilidad de creer en un país que se vislumbre en el futuro más allá de los odios tan propios de nuestra historia política y también tan cercanos a las barras bravas del fútbol.

“En Colombia matan por una camiseta”. ¿Cuántas veces hemos tenido que leer esas horribles noticias relacionadas con el fútbol? Ojalá el camino que estamos andando no nos lleve a algo similar en el campo de la política. ¿O será que ya lo estamos viviendo?

¿Será que esa capacidad que tenemos de solo hacerle porras al que nos gusta nos está quitando la visión crítica sobre la totalidad de lo que acontece en Colombia? ¿Nos está haciendo daño (y mucho) el ver el futuro de nuestro país como un partido de fútbol en donde solo puede haber un ganador y no un partido contra nuestra desgarradora realidad, en donde todos debemos salir ganando?

Más allá de decir “OJO con el 2022” a la hora de llamar a sus huestes para sacar la garra de hinchas en las próximas elecciones, ¿no es hora de decir “OJO con el 2020”, que dejó bien maltrecho al país?

Lo he escrito muchas veces. Lo repito incesantemente: no me gusta el fútbol. Y entender nuestra realidad como el partido definitivo entre dos equipos que nunca podrán caminar juntos es la prueba fehaciente de que Borges no se equivocó cuando también lazaba dardos al balompié:

“El fútbol despierta las peores pasiones. La idea de que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía y de poder que me parece horrible”.

Cambie la palabra fútbol por política. Hoy día ella también está despertando las peores pasiones. Con el riesgo que ello implica.

#PreguntaSuelta: ¿qué nos hace falta para entender que deslizamientos, inundaciones, desbordamientos y otras tragedias naturales, hoy tan en boga, tienen mucho de cuenta de cobro de la naturaleza por el daño que le hemos hecho?

Juan Pablo Calvás@JuanPabloCalvas

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