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Barras bravas

Barras bravas

Colombia y su política se volvieron un partido de fútbol y se busca engrosar sus barras bravas.

20 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

¿En qué momento se volvió admirable la grosería? ¿Desde cuándo ser un patán es bien visto?

Llevamos varios días viendo noticias que dan cuenta de la manera en que Colombia se convirtió en un partido de fútbol donde los barras bravas de los dos equipos en contienda se la pasan insultando a su contraparte. ¡Qué importa si eso contribuye a alimentar el espíritu violento de los colombianos! ¡Qué más da si eso ayuda a garantizar votos!

(Lea además: Inventario)

Una cantante se niega a devolver un saludo al alcalde de Medellín. Unos la critican y otros la aplauden. El mismo alcalde se enfrasca en un innecesario debate tuitero con Álvaro Uribe para sacarse chispas y trapitos al sol. Unos celebran al alcalde, otros exaltan a Uribe. Unos y otros se insultan. Uribe cree que ganó. El alcalde Quintero cree que ganó. Pero la verdad es que Colombia sigue perdiendo.

Según Petro, todos en Colombia somos fascistas por el mero hecho de no pensar como él o no estar de acuerdo con todos los planteamientos de la Colombia Humana. Para el uribismo, todos andamos con banderas de la Unión Soviética en la solapa si no comulgamos con la totalidad de los postulados del Centro Democrático. ¿Qué diferencia hay con algunos hinchas de Santa Fe y de Millonarios? ¿Qué separa a los señores de la izquierda y la derecha de aquellos barristas del Nacional y el América de Cali que se enfrentan (a veces hasta la muerte) por usar una camiseta o tras un resultado adverso en las canchas?

Borges señalaba sobre el fútbol que este despertaba las peores pasiones. “Despierta sobre todo lo que es peor en estos tiempos, que es el nacionalismo referido al deporte, porque la gente cree que va a ver un deporte, pero no es así. La idea de que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable. Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible”, afirmaba el ilustre escritor que claramente desnudaba al balompié, pero que hoy nos sirve para hacer la radiografía de lo que estamos viviendo.

¿Qué separa a los señores de la izquierda y la derecha de aquellos barristas del Nacional y el América de Cali que se enfrentan por usar una camiseta?

Colombia y su política se volvieron un partido de fútbol en el que a toda costa se busca engrosar las barras bravas de los equipos en contienda, aupando el comportamiento grosero, violento y antidemocrático. Eso les gusta.

Volvamos al episodio de la cantante que se rehusó a saludar al alcalde de su ciudad: Medellín. ¿Qué ganó ella? ¿El aplauso de sus amigos? ¿Una ovación de los simpatizantes del Centro Democrático? ¿Likes? ¿Seguidores en sus redes?

Hace años me enseñaron que lo cortés no quita lo valiente. ¿Acaso la cantante perdía su honra y dignidad por saludar al alcalde?

¿Esa misma cantante invitaba en sus redes sociales a hacer un golpe de Estado? ¿Hasta allá llegan las intenciones de los barras bravas de la política? ¿Ganar a como dé lugar?
¡Ojo, señores Petro y Uribe! Ustedes mismos están alimentando la bestia, al igual que los equipos de fútbol que callaron y callaron ante la violencia de sus hinchas hasta que la sangre empezó a correr. ¿Harán lo mismo? ¿Seguirán ustedes convenciendo a sus hinchas de que es imposible coexisitir?

No es chistoso ver a un alcalde enfrentarse a un expresidente a través de Twitter, así como es impresentable que un expresidente no pueda darse la mano con otro por meras diferencias políticas. Recojo a Borges: “Hay una idea de supremacía, de poder, que me parece horrible” y el lío es que en este partido de fútbol, gane quien gane, parece que los condenados a perder somos los colombianos.

#PreguntaSuelta: ¿por qué será que en este país cuesta tanto aceptar la responsabilidad sobre lo que se hace? Una ministra que tuvo que renunciar a las malas. Un homicida ebrio que no acepta su responsabilidad por seis muertes. Un gobierno que dice una cosa en el exterior y otra en el país. ¿Hasta cuándo?

JUAN PABLO CALVÁS
@juanpablocalvas

(Lea todas las columnas de Juan Pablo Calvás en EL TIEMPO, aquí)

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