Santrich: la JEP contra la JEP

Santrich: la JEP contra la JEP

Lejos de cerrarse, el caso Santrich seguirá estremeciendo a la Jurisdicción Especial para la Paz.

20 de mayo 2019 , 12:00 a.m.

Ningún malqueriente de la JEP le ha hecho más daño a la JEP que la misma JEP. Nadie le había propinado un golpe más severo a la jurisdicción de paz que aquel que le infligieron el viernes, cuando transmitieron la sensación de que entre pretextos probatorios en su interpretación, la garantía de no extradición se asemejaba a una licencia para cometer delitos después de la suscripción de los acuerdos. Era como si la garantía de no extradición no pudiera ser levantada nunca, ni siquiera en los casos de reincidencia y perseverancia criminal en el narcotráfico.

En medio de tanta agitación, un meme de redes sociales describía lo que estaban pensando muchos colombianos: “ni Pablo Escobar lo había logrado... narcotraficar, ser congresista y no ser extraditado”.

Por eso, siempre lo dijimos, el primer desafío estratégico de la JEP consistía en demostrar que no era un tribunal de impunidad acordado alegremente entre Santos y las Farc para evadir la acción de la Corte Penal Internacional y para burlarse de las niñas y niños violados, de las víctimas del conflicto y de las condenas por narcotráfico.

Los esfuerzos de la presidenta de la JEP, Patricia Linares, y de muchos magistrados honorables y profundos han sido notables. Han trabajado con patriotismo y dedicación. Pero el episodio Santrich lesiona y maltrata de manera casi irremediable la credibilidad de la jurisdicción, pues no fueron solo las voces uribistas las que se levantaron contra el fallo.

Los argumentos más poderosos contra el fallo de la JEP los aportaron las mismas magistradas de la JEP que se apartaron de la voluntad mayoritaria de la sala y produjeron sendos salvamentos de voto que, desde ópticas distintas y con manifiesta solvencia jurídica, controvierten esa providencia. Ellas, Claudia López y Gloria Amparo Rodríguez, pusieron en evidencia las complejas polémicas que desata la argumentación que terminó primando en ese apretado 3 a 2 de la votación dividida.

Los salvamentos indican que en la tendencia mayoritaria de la sala no quisieron ver lo que era evidente y, en cambio, se dedicaron a pedir pruebas imposibles. Que invadieron la órbita de otras entidades. Que decretaron la libertad de Santrich sin que pudieran hacerlo. Que su actuación se delimitó a tener acceso y cuestionar los elementos materiales probatorios que soportaron el escrito de acusación proferido por autoridad extranjera, sin realizar un esfuerzo adicional para obtener la convicción mediante el empleo de otros medios. Que desviaron el tema a probar que requiere la garantía de no extradición, y mucho más.

Se levantó también la voz clara del procurador Fernando Carrillo, quien nunca perteneció a las filas de los opositores del acuerdo de paz y anunció que interpondrá recurso para tumbar esta determinación. Y más allá de los enjundiosos argumentos jurídicos que seguramente sustentarán su recurso, el Procurador sí entendió que nada le hace más daño a la JEP que erigirse ante la opinión como defensor de oficio de los comandantes de las Farc, incluso cuando violan los acuerdos. Y tiene razón. Aplicar las sanciones más severas cuando se violan los acuerdos no afecta la paz, sino que, por el contrario, la protege.

Después de toda la incertidumbre, la ansiedad y el melodrama del viernes, queda claro que el asunto Santrich está lejos de cerrarse, que en materia de extradición queda todavía una instancia y, además, se inicia un nuevo proceso con fundamento en las nuevas pruebas. Aquí, por lo pronto, no sale nadie bien librado. Nadie. Es uno de esos casos dramáticos que solo dejan perdedores en un peligroso campo de batalla donde están quedando tendidas todas las instituciones.

Es hora de serenidad y prudencia. Y es hora de que todos aquellos que tienen en sus manos expedientes de Santrich procedan con apego a la Constitución y cabeza fría.

JUAN LOZANO

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