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La novela del obtuso señor Djokovic

La novela del obtuso señor Djokovic

Entramos en una fase crítica, que requiere máxima prevención.

09 de enero 2022 , 09:46 p. m.

Es como una especie de versión serbia del ‘ustedes no saben quién soy yo’. Muy número 1 del tenis mundial. Muy ídolo. Muy impresionantes sus logros. Pero muy obtuso. Y muy dañino en épocas de pandemia.

Y aparte de obtuso, descarado pretender que por ser el número 1 del mundo pueda pasarse por la faja las normas australianas y las autoridades australianas. Y desafiante, además, pretender que con su plata se tramiten beneficios excepcionales hechos a su medida.

Difícil saber en qué termina este novelón, que se ha convertido en una oportunidad global para que algunos activistas antivacuna, contra toda evidencia médica y científica, sigan condenando a millones de personas en el mundo a que si se contagian puedan morir, por no vacunarse.

Lo sorprendente en este caso es que quien está alimentando estos comportamientos nocivos para la salud pública y la vida sea, precisamente, una estrella del calibre y la talla del señor Djokovic.

¿Hasta dónde puede llegar el libre parecer de Djokovic frente a las vacunas? Hasta donde él quiera llevarlo, siempre que no entre en conflicto con la salud pública, con la vida de los demás y con las leyes de un Estado soberano. Si decide no vacunarse, bien puede quedarse en su casa jugando contra el muro o practicar donde las leyes se lo permitan. Pero no puede pretender que por ser el número uno, algo así como el rey del tenis, se puedan derogar para él las leyes vigentes.

Aquí no están en juego solamente su libertad y su vida. Si así fuera, que el tema de la antivacuna se agotara en el espacio vital de cada uno, como en los males no contagiosos, no habría discusión. Pero en circunstancias de alta contagiosidad el tema es muy distinto. Están en juego las vidas de los demás. Yo entiendo la indignación de los australianos, azotados por el covid, cercados por el ómicron.

Y seguramente las autoridades australianas la embarraron en algún punto del procedimiento, y hubo zonas grises, y lo dejaron viajar y Djokovic o su tropa creyeron que gracias a alguna rendija legal podría jugar. Pero ya le han advertido lo que ocurrió y le han abierto la puerta para que libremente se marche. Él insiste en quedarse ahí, en hacer valer su propia ley y, claro, en victimizarse para que sus seguidores sean solidarios y presionen a la errática asociación y a las vilipendiadas autoridades. Ya veremos qué pasa hoy en el desenlace de la novela.

Mientras tanto, en Colombia están terminando un puente y una temporada festiva llena de aglomeraciones, fiestas y tumultos ante la mirada complaciente de muchas autoridades locales, regionales y nacionales. Pocos responsables y comprometidos como el alcalde de Puerto Gaitán y el gobernador del Meta, que aplazaron importantes eventos para proteger la salud pública.

Aunque yo insisto en mi mirada optimista frente a este año que comienza y reconozco los importantes avances del plan de vacunación y la reactivación nacional, creo que el Ministerio de Salud no puede ser triunfalista frente a las coberturas de vacunados, ni laxo frente a las medidas de prevención, ni errático en sus comunicados públicos, ni mucho menos contradictorio en sus instrucciones, como ocurrió el viernes pasado.

En estos casi dos años de covid, el Ministerio de Salud y sus cuerpos asesores han tenido grandes aciertos y grandes pifias. El ministro es un hombre decente y comprometido, y su equipo trabaja con patriotismo. Sin embargo, cuando se están disparando los contagios, no es momento para mandar señales sobre la imposibilidad de responder eficientemente ni para sugerir que como todos nos podemos contagiar entonces que salgan alegremente a la calle todos los asintomáticos que hayan tenido contacto cercano con los contagiados.

Djokovic, allá, y el Minsalud, aquí, deben tener presente que aunque mucho se ha avanzado, esta infausta pandemia aún no termina y muchas vidas están en juego.

JUAN LOZANO

(Lea todas las columnas de Juan Lozano en EL TIEMPO aquí).

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