En defensa de los policías

En defensa de los policías

Lo deseable es que el fallo sirva para valorar el esfuerzo de quienes integran la Policía Nacional.

16 de septiembre 2018 , 11:35 p.m.

De manera cruel y contraria al ordenamiento jurídico, cometieron un abuso contra miles de policías al aumentarles, mediante un decreto, en cinco años el tiempo de servicio para acceder a su asignación de retiro. Y no fue un error inocente. La expedición del artículo 2 del decreto 1858 de 2012, que acaba de tumbar el Consejo de Estado, fue un acto deliberado y voluntario del gobierno Santos a sabiendas de su flagrante ilegalidad.

Así lo advertí en múltiples debates, audiencias y foros en defensa de los policías a quienes, incluso, alguno de sus propios directores abandonaron a su suerte, con tal de hacer méritos de silencio con el Presidente para que los ascendieran en tiempo relámpago, con estrellas manchadas de oportunismo e insolidaridad con su propia tropa y olvidando que un patrullero puede demorarse hasta 14 años para obtener su primer ascenso.

¡Cuántas mentiras dijeron desde la dirección de la Policía, el Ministerio de Defensa y el Ministerio de Hacienda para burlarse de estos hombres y mujeres humildes, luchadores, sacrificados y valientes, que se visten con los uniformes de la patria para defendernos a todos! ¡Cuánta mezquindad con ellos!

En una juiciosa sentencia recién adoptada, fechada el 3 de septiembre, emanada del Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, sección segunda, consejero ponente César Palomino Cortés, discutida y aprobada por la sala compuesta por los consejeros Sandra Lisset Ibarra Vélez y Carmelo Perdomo Cuéter, esta infamia llega a su fin.

La sentencia es diáfana y contundente. “El Gobierno Nacional desconoció y violentó los límites materiales previstos para la asignación de retiro de la Fuerza Pública, excediéndose de contera en el ejercicio de la potestad reglamentaria ampliada”.

Y sigue. Tal exceso ocurrió cuando “osó modificar el contenido de la Ley Marco, pasando por alto el hecho reiteradamente normado de que las disposiciones reglamentarias deben estar subordinadas a la respectiva ley y tener como finalidad exclusiva la cabal ejecución de ella”.

Y la sentencia no ahorra palabras a la hora de describir la norma que acaba de tumbar en su reprochable propósito de aumentar hasta 20 y 25 años las exigencias de tiempo para gozar de la asignación de retiro cuando habían sido fijadas en una norma superior en 15 y 20 años. “La norma demandada se constituye en regresiva y, por tanto, vulneradora de derechos y garantías constitucionales de los trabajadores”.

Y luego concluye categóricamente: “(...) lo cierto es que a partir de (esta) decisión se salvaguardarán derechos laborales de antaño conculcados a cientos de integrantes de la Policía Nacional, quienes, por cuenta del acto espurio que se expulsa del ordenamiento jurídico, han visto menoscabado su acceso a una prestación social muy importante que reconoce sus años de esfuerzo por servir a la patria y proteger a la ciudadanía”.

El impacto del fallo será gigantesco. Ojalá la actual dirección de la Policía tenga listo el plan de acción para enfrentar un número inmenso de solicitudes de salida para disfrutar de la asignación de retiro, así como un equipo jurídico leal con los policías para resolver las pretensiones de los miles de afectados. Cuántas podrán ser. ¿3.000? ¿10.000? ¿15.000? ¿18.000? Y ojalá el gobierno Duque no vaya a repetir la película de expedir decretos ilegales para resolver transitoriamente un problema y para que le estalle multiplicado en sus dimensiones a su sucesor.

Esta sentencia brinda una oportunidad para modernizar la Policía y revisar integralmente todas las infamias cometidas con nuestros policías y soldados por el propio Estado frente a sus derechos laborales, sus ascensos, su sistema de salud, sus liquidaciones y pensiones, en fin. Y lo deseable es que este fallo sirva para valorar en su real alcance el esfuerzo de quienes integran la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas y la dimensión de su aporte para el bienestar de Colombia. Dios y Patria.

JUAN LOZANO

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