El trío Maduro, Eln y Cuba

El trío Maduro, Eln y Cuba

'En Venezuela el Eln es… brazo paramilitar del gobierno': 'Semana'.

27 de enero 2019 , 11:45 p.m.

Trío, tríada, trenza, triángulo, como lo quieran llamar. Son tres en apariencia separados pero que se trenzan y se entrelazan. A veces son triángulo isósceles, con dos lados y dos ángulos iguales; a veces, triángulo escaleno con lados y ángulos distintos, pero siempre fundidos en un mismo polígono, polígono militar y doctrinario.

A la usanza de los triángulos amorosos, se niegan de día pero se cortejan de noche y aunque del legendario trío calaveras solo les queden las calaveras que fueron dejando a su paso, lo cierto es que no se pueden comprender por separado ni es posible entender aisladamente sus actuaciones. Sus voces tienen notas de partituras y pentagramas similares.

Y debo advertir, claro está, que cuando digo Cuba me estoy refiriendo a su régimen con todo su historial pasado de terror y no a su gente, maravillosa, alegre, talentosa, buena y bella. Así como Maduro tampoco representa a millones de venezolanos nobles, bondadosos, fantásticos a los que el dictador, usurpador y opresor martiriza sin compasión. Hasta en eso es evidente, Maduro ha seguido al pie de la letra la cartilla cubana. Alumno aventajado que retribuye generosamente al régimen cubano sus servicios aun a costa de sus propios connacionales.

La cartilla dice que entregarse a potencias hostiles frente al duro del barrio los hace fuertes. Lo hizo Cuba con la antigua Unión Soviética y luego con la misma Venezuela. Es como si a cambio de apoyo militar y plata alquilaran su importancia geoestratégica. Tal como lo ha hecho Maduro con Rusia o con China. Cobrando por pelarle los colmillos a Estados Unidos y por ofrecer posiciones privilegiadas a potencias emergentes que quieren meterse a su patio. Jugando duro y amenazando.

Se aplica a ojo cerrado el capítulo primero de la cartilla. El de no entregar el poder. El de disfrazar de democracia la dictadura. El de aparentar las garantías o hacerlas selectivas. El de desatar toda la furia, toda la crueldad, todo el poder represor que les confiere el mando de los cuerpos armados. El de negar las violaciones flagrantes de los derechos humanos en todas las modalidades, colores, formas y tamaños.

Y el Eln, ahí. En Venezuela y en Cuba. Protegido. Resguardado. Consentido. Recorderis necesario: en el caso de Cuba, a solicitud del propio Gobierno colombiano de entonces al que le prestó ingentes servicios como anfitrión de los diálogos de paz tanto con las Farc como con el Eln. Por lo demás, los funcionarios diplomáticos cubanos en nuestro país han sido hábiles y divertidos, dictando cátedra frecuente sobre ron, tabaco y son cubano. Y han sido eficaces repitiendo que Cuba respeta el derecho internacional, que no es una guarida caribeña de terroristas de todo el planeta y que están transitando hacia la democracia.

En todo caso, queda claro que la discusión sobre los protocolos arrancó con las cartas marcadas. ¿O es que a alguien le sorprendió que Cuba tomara partido por el Eln contra el gobierno Duque? Nuestra cancillería, sin embargo, prudentemente se ha negado a pronunciar una sola palabra contra el régimen isleño y se mantiene en que Cuba aún no le ha dicho a Colombia que no va a extraditar a los miembros del Eln, como si alguna esperanza le cupiera. Veremos qué pasa.

Y, aunque no tengo duda sobre la inaplicabilidad de los protocolos ante hechos de terrorismo brutal, que constituyen infracciones contra el derecho internacional humanitario y el derecho de la guerra, como esta masacre contra estudiantes desarmados, creo que ese debate no nos va a conducir a nada. Lo dice la última revista ‘Semana’, a propósito de un reporte de Insight Crime: “Mientras que en Colombia el Eln actúa como una guerrilla enfrentada al Gobierno, en Venezuela es más bien un brazo paramilitar del Gobierno”. Para que a la hora de tomar decisiones se tengan siempre presentes estos vasos comunicantes.

JUAN LOZANO

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