Diplomacia ONU al estilo Duque

Diplomacia ONU al estilo Duque

El Presidente supo mantenerse firme contra intervención militar en Venezuela.

30 de septiembre 2018 , 11:58 p.m.

Sin estridencias. Sin verdades a medias. Sin mentiras. Sin pintar pajaritos de oro a la comunidad internacional. Sin esconder los pecados de la negociación. Sin imágenes apocalípticas sobre el presente y el futuro de Colombia. Sin exageraciones sobre la herencia. Sin magnificar los problemas ni ocultar las realidades. Sin desdén hacia la comunidad internacional, pero sin idolatría hacia ella.

Con dignidad. Con coherencia. Con claridad. Con una interpretación serena sobre el pasado, una aproximación realista al presente y una visión esperanzadora del futuro. Con propuestas de solución. Con una actitud propositiva. Con ganas.

Ni mendicante ni sumiso. Ni arrodillado ni insolente. Ni exaltado ni pasivo. Ni farolón ni ignorado. Equilibrado. Fiel a su talante, Iván Duque llegó a la Asamblea de la ONU rodeado del escepticismo de algunos que mal creían que diplomacia es sinónimo de maquillar realidades para conseguir aplausos en inglés y palmaditas en la espalda, y regresó tras ganarse un espacio real de respetabilidad y liderazgo en el hemisferio.

Y no era nada fácil mantener plena firmeza en su postura de rechazo a la intervención militar en Venezuela sin aparecer como un cómplice de ese régimen tenebroso o como un convalidador de su accionar inaceptable. La adhesión de muchos países –Francia incluida– a las denuncias ante la Corte Penal Internacional, camino en el que Duque fue valiente pionero, constituye un gran triunfo.

Su cara a cara con Trump arrojó un buen resultado. Contra lo que querían sus contradictores más agrios, no fue la ronda desequilibrada entre el poderoso magnate y el aprendiz de jefe de Estado. Muy por el contrario. Duque habló con precisión. Con sentido de patria. Con responsabilidad de gobernante. Y con habilidad para efectos de mantener un diálogo fluido con el Gobierno gringo y con el Congreso bipartidista, de cara a restablecer la confianza en Washington, que la sucesión de promesas incumplidas recientes había vulnerado por completo.

Y fue el mismo Iván Duque que es en Colombia. Igualito. Respetó sus promesas de campaña y sus anuncios presidenciales. No se dejó torear con el tema Venezuela. No cayó en provocaciones. No ofendió a nadie. No insultó a nadie. En la sesión previa a la asamblea sobre lucha antidrogas logró reconocimientos significativos, sin necesidad de despotricar de su antecesor ni de desconocer la compleja realidad que enfrentamos.

Así es la diplomacia de Duque. Sin alardes ni alharacas. Sin agendas ocultas que tramitan reconocimientos para él. Sin espectacularidad de titulares. Pareciera que en muchos frentes, Duque cree que su éxito no está en protagonismos de relumbrón sino en siembras permanentes. Y es una diplomacia honesta a partir de la verdad. Llamando las cosas por su nombre. Reconociendo logros al gobierno precedente, pero también señalando los errores.

Quizás la tarea pendiente, paradójicamente, tiene que ver con mejorar la comprensión de los colombianos sobre lo que está en juego en estos escenarios multilaterales y lo que implican estas batallas. El enfoque de la lucha antidrogas no puede seguir abordándose como un ‘round’ en la pelea entre uribistas y santistas.

Más que el consabido discurso ante la Asamblea retransmitido en cadena nacional con el frío mármol verde al fondo, que por su naturaleza se pronuncia en un lenguaje distante y alejado del pueblo colombiano, en ese mismo espacio habría sido interesante un balance integral sobre lo ocurrido en el que se explicara por qué a todos los colombianos nos fue bien con el viaje del Presidente.

Y no es tema menor. Ni cosmético. Al regreso al país, la dura realidad atropella, y mucha gente sigue sintiendo, sobre todo después de lo ocurrido en los últimos ocho años, que esos encumbrados encuentros internacionales le sirvieron más al Presidente que a sus compatriotas.

JUAN LOZANO

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