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Cuando la Corte se equivoca

Cuando la Corte se equivoca

Pesó más la 'dignidad' de los violadores que los derechos de los niños.

05 de septiembre 2021 , 09:32 p. m.

Más doloroso que la caída misma de la cadena perpetua contra violadores y asesinos de menores, resultó el argumento esgrimido para privilegiar a los victimarios sobre las víctimas.

Las mayorías de la Corte Constitucional nos notificaron que el derecho prevalente de los niños consagrado como un principio fundante del Estado social de derecho en Colombia debe ceder ante los pobrecitos violadores, abusadores y asesinos de niños cuya dignidad humana se podía ver afectada si se convalidaba la cadena perpetua.

Los desamparados y perseguidos violadores de menores por los que la Corte llora y aboga se habrían visto vulnerados si esa norma cruel quedaba viva. Que a los niños en riesgo de ser violados los cuiden los santos espíritus, pero que a los rehabilitados violadores por nuestro infalible sistema carcelario, la Corte les evite que los molesten en su proceso de reinserción en las familias, comunidades y barrios donde habrán de convivir en el futuro con inocentes niñas y niños, que gracias a otra genialidad jurídica de ese alto tribunal ni siquiera les asiste el derecho a conocer el pasado de sus vecinos.

El mensaje de la Corte, más allá de los floridos argumentos, es contundente: primero la dignidad de los violadores que la integridad y la vida de los niños. Ese es, ni más ni menos, el efecto práctico de lo que acaban de aprobar.

Dicho eso, y convencido de que se equivocaron en materia grave; que olvidaron el alcance del derecho prevalente de los niños a pesar de todo el capítulo que le dedicaron en la ponencia a ese tema para terminar desconociéndolo; que se dejaron contaminar por un absurdo debate más político que jurídico sobre el populismo punitivo que perturbó su lucidez; que escribieron una bochornosa página de la jurisprudencia colombiana cuando vamos llegando a los 15.000 casos anuales de violaciones de menores, respetuoso como soy de las instituciones, creo que hay que recibir el fallo sin agredir a los magistrados.

Profeso el mayor respeto profesional por la magistrada ponente y no comparto los señalamientos y descalificaciones humanas que ha recibido en medio de la oleada de indignación que se despertó con este malhadado fallo. Cristina Pardo es una mujer honorable y estudiosa. Y lo son también quienes la acompañaron en la votación. Se equivocaron, sí. Pero no por ello se les puede llamar bandidos, ni corruptos, ni violadores, ni asesinos de niños.

Ojalá más allá de los reflectores del día, los seis magistrados que adoptaron la decisión vuelvan a repasar serenamente la génesis y el alcance de la consagración constitucional del derecho prevalente de los niños. Y vuelvan a sopesar en la balanza de la justicia los derechos de los niños y los de los violadores. Y vuelvan a estudiar la literatura especializada sobre violadores reincidentes, asesinos en serie, abusadores compulsivos. Y piensen otra vez en los Garavitos, y en los comandantes paramilitares y guerrilleros que han violado (y siguen violando) niños, los de antes y los de hoy.

Esta es una batalla larga y el asunto está lejos de haber concluido. La Corte ahora tendrá por delante decidir sobre la imprescriptibilidad de la acción penal contra los violadores y asesinos de niños. Esperamos que corrijan la plana.

Y es tan precaria la protección efectiva de los derechos de los niños en Colombia que ha de ser un propósito colectivo garantizar que no quede en letra muerta el texto constitucional. Y subsisten muchas preguntas por resolver, entre ellas la explicación sobre la cadena perpetua aceptada en el Estatuto de Roma, que ya hace parte del bloque de constitucionalidad y, por ende, de la normatividad colombiana. Y queda por recorrer el camino de la voluntad popular directa.

Por lo pronto, que Dios proteja a nuestros niños de los violadores y asesinos ya que, por ahora, la jurisprudencia les resultó esquiva.

JUAN LOZANO

(Lea todas las columnas de Juan Lozano en EL TIEMPO aquí).

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