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Ante la agonía de la tributaria

Ante la agonía de la tributaria

La reforma radicada está casi muerta. Pero aún quedan caminos patrióticos.

25 de abril 2021 , 10:35 p. m.

El puntillazo corrió por cuenta de la directora del partido de ‘la U’, Dilian Francisca Toro, a través de un video divulgado el sábado por la noche, en el que informaba que ese partido no votaría la reforma tributaria.

Con buen criterio, la fogosa dirigente vallecaucana, al mismo tiempo que aceleraba el réquiem por el proyecto, invitaba a construir un gran pacto nacional dentro del marco de la discusión planteada por la radicación de la iniciativa en el Congreso.

Desde otra orilla, han sido manifiestos los esfuerzos y concretas las propuestas de Álvaro Uribe por construir consensos con otras colectividades, partiendo del reconocimiento de que el texto radicado debe ser modificado para garantizar coberturas deseables y realistas en proyectos sociales de equidad y para procurar unos mayores ingresos para el Estado, dentro de límites razonables ante la circunstancia que vive el país.

Y es que a estas alturas la aritmética es contundente: la reforma radicada, tal como está, ha muerto en el Congreso si se suman los votos de todos los partidos de oposición e independientes, más los del Partido Liberal y Cambio Radical, como lo han expresado sus jefes naturales, César Gaviria y Germán Vargas, adicionados ahora con los del partido de ‘la U’.

Por eso, hace bien el presidente Duque, obrando siempre con responsabilidad, en abrir la puerta para que los distintos sectores políticos “lleguen con sus propuestas al Congreso y que todos juntos construyamos una reforma que proteja a los más vulnerables y estabilice las finanzas de la nación”, como se lo dijo ayer a este diario, donde, además, agregó: “Hay propuestas muy interesantes por parte del Consejo Gremial y su presidente, Julián Domínguez; y hay propuestas sobre la mesa de la Andi, Fedesarrollo, Anif, Asocapitales, Fededepartamentos, entre otros, que enriquecen el debate”.

Ese, lo digo con todo respeto, es el tono adecuado y constructivo para evitar, como dice el propio Presidente, los dogmatismos y las actitudes hirsutas o cerreras, que parecían asomarse en el terco texto radicado, desatendiendo incluso la voz de sus más cercanos aliados.

Así las cosas, aunque la reforma radicada en su texto actual está hundida, ha quedado claro que sí se requiere una reforma para aliviar las finanzas de la nación y mantener los programas sociales. Voces ilustradas, como la de Juan P. Córdoba, presidente de la Bolsa, sin afanes políticos, lo dejan claro.

Sin embargo, sin votos para pasar el texto radicado, el Gobierno debe buscar acuerdos amplios para modificar con humildad republicana las propuestas ya rechazadas y para reconocer los errores cometidos, con sensatez política, con realismo ejecutivo, sin voracidad fiscal, con prudencia para proteger la reactivación y no afectar los sectores que se están comportando bien, como la vivienda, para citar solo un ejemplo.

Se requerirá, también, tino para no acudir a los expedientes facilistas de gravar con mayor severidad a quienes trabajan duro, hacen empresa y construyen país; para no castigar el éxito laboral o empresarial; para no maltratar a pensionados y empleados que, sin estar en pobreza extrema, reciben ingresos modestos sin margen de ahorro; para apoyar a quienes más lo necesitan con solidaridad y sentido redistributivo, pero sin configurar las rigideces peligrosas de asistencialismos irreversibles y para no ahuyentar la inversión.

Finalmente, se requiere de buen juicio para evitar que la discusión de la reforma se convierta en una plataforma para propiciar el populismo y una mayor inconformidad social y agitación innecesaria en la base popular de la nación.

Ojalá se pueda dar en el Congreso una discusión serena, sensata, propositiva y profunda, de cara al país, con participación de todos los estamentos que integran la nación colombiana.

Es hora de grandes acuerdos, y sobre el tapete hay muchas opciones.

JUAN LOZANO

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