El sentido del humor de Néstor Humberto

El sentido del humor de Néstor Humberto

No logra el exfiscal convencer al lector de que la paz de Colombia pasó por sus manos.

21 de octubre 2019 , 07:10 p.m.

Quienes han leído el libro del exfiscal Néstor Humberto Martínez (NH) destacan que algunos de sus apartes son muy divertidos. No me extraña. Siempre se caracterizó por el buen apunte, el sarcasmo y la ironía cachaca, adobada con una buena dosis de fantasías y exageraciones. Se necesitan esas virtudes juntas para afirmar que él fue el gran defensor del acuerdo de paz y que quienes negociaron con las Farc por cuatro años, y después de la derrota del plebiscito por más de un mes con los promotores del ‘No’ y la misma guerrilla, son los responsables de los tropiezos en la implementación de la paz. O también para señalar que en la reforma de equilibrio de poderes se constituyó en el “salvador” del presidente Santos porque sus ministros Reyes y Cristo querían quitarle el fuero que le permitía ser investigado por la Comisión de Acusación de la Cámara.

Cuando se refiere a las negociaciones con el ‘No’, frustradas, según él, por la designación de María Ángela Holguín como una de las integrantes de los compromisarios del Gobierno, olvida Néstor Humberto que después de ese episodio tuvimos más de 15 reuniones con el expresidente Uribe y sus compañeros del Centro Democrático, en las que se acordaron modificaciones sustanciales del acuerdo inicial e incluso alcanzamos a sellar un pacto, a comienzos de noviembre del 2016, con Iván Duque, Carlos Holmes Trujillo y Óscar Iván Zuluaga, quienes posteriormente fueron desautorizados por el propio jefe indiscutido del ‘No’ por las diferencias que subsistían en materia de participación política de las Farc. Eso sucedió el mes siguiente a la designación de la excanciller, y parece que el entonces Fiscal no se enteró de esas conversaciones, seguramente porque no participó directamente en ellas. Fue entonces Uribe al final, y no Santos al inicio, quien impidió el consenso sobre un nuevo acuerdo de paz.

Comprendo su preocupación por no aparecer como un poderoso funcionario que utilizó su cargo para obstaculizar los esfuerzos de paz y reconciliación

En el caso del episodio, inédito en la política colombiana, de un secretario general de la Presidencia que asiste al Congreso de la República para oponerse en penúltimo debate a un proyecto de su propio gobierno, con el fin de ganar puntos con la Rama Judicial para sus ulteriores aspiraciones, sí que resulta curiosa su fantasiosa versión. Dice NH que asistió para “desautorizar públicamente a los ministros de Interior y de Justicia... autorizado por el presidente Santos”. En las actas del Congreso y en el registro de medios de esa inusual sesión de la Comisión Primera de la Cámara quedó claro que se desplazó al Capitolio para atacar esencialmente la eliminación del Consejo Superior de la Judicatura, que con la supresión de la Comisión de Acusación de la Cámara constituían dos decisiones de fondo que generaban evidente malestar en ciertos sectores de la justicia, encabezados por el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Leonidas Bustos. Por cierto, cometió seguramente un lapsus Néstor Humberto al señalar que su sorpresiva e histriónica aparición fue motivada por el Presidente de la república, cuando lo fue por el de la Corte. Tan inexacta es la versión que al día siguiente, por instrucciones del propio jefe de Estado, tuvo que retirar sus “observaciones” al texto de la reforma, y pocos días después, dejar su cargo en el Gobierno.

En fin, en su original libro no logra el exfiscal convencer al lector de que la paz de Colombia pasó por sus manos en los últimos 20 años. Comprendo su preocupación por no aparecer como un poderoso funcionario que utilizó su cargo para obstaculizar los esfuerzos de paz y reconciliación. Sin embargo, hay mucho trecho entre buscar una exoneración histórica y pretender que los millones de colombianos que luchamos por encontrar una salida definitiva de esta guerra tengamos ahora que agradecerle su abnegada e incomprendida entrega a la causa de la paz. Como dirían nuestros amigos costeños, ‘se manda cáscara’.

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