Bienvenidos al pasado

Bienvenidos al pasado

El Gobierno regresa al lenguaje y las políticas de inicios de este siglo. Craso error.

15 de febrero 2019 , 07:44 p.m.

Con la reacción al demencial y atroz atentado del Eln contra la Escuela de Policía y la ofensiva internacional para sacar del poder al dictador Maduro en Venezuela, el Gobierno encontró su camino tras seis meses de ambigüedades e indecisiones, según sus copartidarios del Centro Democrático. Ahora, el jefe de Estado se percibe cómodo con su discurso duro de la guerra contra el terrorismo, similar al del 2002. Omiten Duque y sus asesores que en estos 16 años el país cambió y la mayoría de los colombianos no queremos regresar a esa época.

Cualquier ciudadano desprevenido que escuche a funcionarios del Gobierno, lea el Plan Nacional de Desarrollo o siga los discursos encendidos de dirigentes del CD en el Congreso sentirá que se metió en una de esas máquinas del tiempo de las películas de cine, que al ingresar a una cabina nos llevan a épocas pasadas. Sin comprender los tiempos modernos ni el mundo en que vivimos, como si nada hubiera pasado en el país en los últimos ocho años, el Gobierno regresa al lenguaje y las políticas de inicios de este siglo. Craso error, porque los ciudadanos hoy piensan en cómo conectarse con el mundo, defender sus derechos y libertades o avanzar en una mejor calidad de vida y no en cómo regresar a la guerra.

Basta con revisar declaraciones y textos de gobierno para constatar que nos quieren devolver en el tiempo. Se expide un decreto que flexibiliza la prohibición del porte de armas y semanas después, el jefe del CD pide autorizar armas a los ganaderos del Cesar para enfrentar a los grupos delincuenciales. Al mismo tiempo se anuncia la “nueva” política de seguridad, y con ella el regreso de las redes de informantes con un masivo involucramiento de la población civil en el conflicto. En ese mismo documento se cierran definitivamente las puertas a cualquier diálogo futuro con el Eln, al condicionar cualquier posibilidad de conversaciones al cese unilateral de todo acto de violencia y la concentración de sus tropas. Es decir, a su desaparición antes de la negociación.

En medio de esa discusión aparece el nuevo director del Centro de Memoria Histórica, quien señala que ¡en Colombia no hay conflicto armado! Olvida que esa institución nace con la Ley 1448, que precisamente asumió el compromiso del Estado con las víctimas del conflicto a garantizar su derecho a la verdad y la memoria. Tendremos, entonces, el director de una entidad que no acata la ley que la creó.

En otros frentes se restringen libertades y derechos logrados en los últimos años al penalizar la dosis personal de drogas o eliminar del Plan de Desarrollo la política en favor de la población LGBTI. Como también regresamos a la amenaza de la fumigación aérea y eliminación de los programas de sustitución social de cultivos y a una política exterior narcotizada. Ya no discutimos sobre las condiciones para el ingreso a la Ocde, los objetivos del milenio o la Alianza del Pacifico, sino sobre la lucha contra el narcotráfico.

Y para rematar este inverosímil regreso al pasado, el sainete en que convirtieron la aplicación de la ley estatutaria de la JEP. Empeñados en desprestigiar y acabar con el tribunal de justicia transicional, engavetan por más de un mes el texto de la ley, ya avalada previamente por la Corte Constitucional, y tras las denuncias de los medios aparece misteriosamente mutilada. Ahora, la ministra del Interior nos anuncia que evalúan la posibilidad de objetarla en un hecho sin precedentes.

En fin, bienvenidos al pasado. El giro a la derecha y al pasado del gobierno Duque es un hecho que llena de alegría a los fieles y acérrimos militantes del CD y de preocupación a la mayoría de los colombianos que no votaron por esas tesis y ven amenazados sus derechos. Pero al menos clarifica el escenario democrático. Duque representa a cabalidad esas ideas que triunfaron el año pasado, y gobierna coherentemente con ellas. Quienes no estamos de acuerdo tenemos la obligación y el derecho de oponernos en democracia, con argumentos y sin insultos ni descalificaciones personales.

Sal de la rutina

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