Viejos venenos

Viejos venenos

El Novichok es todo menos nuevo. Su desarrollo pertenece a la historia de la Guerra Fría.

09 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Debo confesar que no me había asomado en absoluto, ni siquiera por curiosidad, ni por los lados, al tema ese de unos envenenamientos de una gente en Inglaterra de los cuales fue acusado el gobierno ruso –como siempre– y por los que se desató, desde hace meses, una crisis diplomática internacional. Mejor leerse una buena novela de espías, pensé. Mejor siempre la ficción que la realidad.

Hace unos días, sin embargo, terminé ojeando por azar un informe que hizo un periódico alemán no solo sobre la truculenta y apasionante trama de los pobres envenenados y sus siniestros victimarios, sino también sobre la historia del veneno que se usó para matarlos, para tratar de sacarlos del camino. El veneno se llama Novichok, que parece que en ruso significa ‘el nuevo’, y es una mezcla letal de agentes nerviosos.

Lo curioso es que el Novichok (ya habrá canción y baile de reguetón con ese nombre; qué más veneno que ese) es todo menos nuevo, y su descubrimiento y su desarrollo pertenecen a la historia de la Guerra Fría, cuando el mundo asistía aturdido al enfrentamiento siempre latente y siempre apocalíptico, y por suerte nunca consumado de verdad, entre dos grandes potencias políticas y militares, la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Y como la Guerra Fría fue más bien un sigiloso ajedrez de guerras subalternas y batallas ideológicas y golpes por lo bajo y conspiraciones y amenazas y secretos y engaños y astucia o torpeza diplomáticas, quizás nunca antes había habido en la historia mayor cabida para lo que en el lenguaje militar se suele llamar ‘la inteligencia y la contrainteligencia’: el espionaje; la combinación de todas las formas de lucha para derrotar al enemigo.

En el caso de los envenenamientos ingleses hay de todo, a veces la ficción más sórdida es la realidad: un espía retirado ruso que aparece inconsciente junto a su hija en la banca de un parque.

Por eso se producían y perfeccionaban entonces no solo doctrinas y prejuicios y armas convencionales sino también armas nucleares y agentes biológicos y químicos que pudieran servir, llegada la hora, para disuadir al enemigo de atacar primero, pues el que lo hiciera iba a cargar consigo, para siempre, con la culpa y la infamia de haber destruido al planeta Tierra con sus municipios aledaños.

Fue en ese contexto donde nació, entre otros, el Novichok: un nombre que encierra una serie de variantes de agentes químicos que pueden causar la muerte en minutos a quien entre en contacto con ellos, como casi le pasa a uno de sus propios creadores, cuyos alumnos pensaron, al verlo así, que estaba en un viaje sin retorno de LSD. Lo mismo creyó la policía en uno de los casos ingleses: que era heroína y no un veneno de la Guerra Fría.

En el caso de los envenenamientos ingleses hay de todo, a veces la ficción más sórdida es la realidad: un espía retirado ruso que aparece inconsciente junto a su hija en la banca de un parque. El policía que los recoge, casi muertos, se enferma una hora después. Un hombre, Charlie Rowley, se encuentra cerca de su casa la botella en la que iba el veneno y la confunde con un perfume para su mujer, se lo da. Ella lo usa y se muere.

Nadie escribe mejores novelas que la historia, decía Alessandro Manzoni, y es cierto. Porque en ellas, además, el tiempo no termina, ningún tiempo es pasado. Como los trazos de viejos venenos que allí laten hasta que alguien los vuelva a invocar; hasta que una mano los despierte de nuevo, no importa cuándo. También, en otra noticia, unos científicos suecos descubrieron tres libros del siglo XVIII bañados en arsénico.

Y otra noticia más que apenas leo: el verano europeo es tan feroz que muchos ríos se están secando y no se puede caminar por ellos por una razón macabra: en algunos han aparecido, con la amenaza tardía de explotar, varias bombas de la Segunda Guerra Mundial.

Eso es también el tiempo: un campo minado. Un perfume que es veneno.


JUAN ESTEBAN CONSTAÍN
catuloelperro@hotmail.com

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.