Mejor el divorcio

Mejor el divorcio

La equivocación y la mentira de creer que los problemas, todos los problemas, hay que solucionarlos.

30 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

A veces pasa, en este mundo absurdo en el que estamos, que hay noticias que van y vienen como el agua del mar. Se vuelven ‘virales’ de golpe y corren de mano en mano, de cadena en cadena de WhatsApp, de grupo en grupo hasta que desaparecen y se nos olvidan, sepultadas por la sucesión interminable de nuevos memes y nuevos chistes y nuevos embustes en los que se ha convertido, y parece que muy a gusto, la humanidad.

Hace poco un amigo me copió por el teléfono la noticia aterradora pero también ya muy vieja –aunque no por ello menos aterradora, al contrario– de Derek Medina, un hispano que en 2013 mató a su esposa de ocho balazos en su casa en la Florida. Y no solo la mató a mansalva sino que además tuvo la sangre fría, luego, de colgar en su perfil de Facebook una foto con el cadáver ensangrentado de la víctima. Horror.

Pero lo que ha hecho viral y recurrente a esa noticia que cada tanto vuelve a circular y vuelve a la superficie no son solo sus detalles escabrosos, no. Lo que más impresiona de ella a la gente, y quizás también a los periodistas que la rescatan y la refritan como nueva, es el hecho de que el perpetrador del crimen, Derek Medina, es el autor de un libro de autoayuda que se llama, oh, 'Cómo salvé la vida y el matrimonio de alguien'.

Un libro al parecer editado por su propio autor; digamos que ‘cometido’, como sus demás crímenes. Pero un libro que encontró en internet, donde aún se vende a granel, un público ávido y sin duda desesperado –cómo estarían, cómo estarán– que fue a buscar en él la solución de sus problemas de pareja, la salvación. El libro lleva un subtítulo macabro, sobre todo si se piensa en lo que vino luego: ‘Salvarse a través de la comunicación’.

Las doctrinas llenan ese vacío y lo ahondan, lo hacen mayor.

No lo he leído (no todavía) pero por las reseñas y por los fragmentos que se encuentran en la red se ve que no es un libro del todo malo. Algo inconexo, quizás, medio loco y delirante. Pero en fin: tampoco hay que olvidar que es un libro que se ocupa del matrimonio y sus posibilidades reales de salvación, y por esa razón dice lo que dicen todos los demás: que hay que ser felices, que hay que dialogar, que este es un camino largo y culebrero...

No tengo nada en absoluto contra los llamados ‘libros de autoayuda’, entre otras cosas porque creo que todos los libros lo son: no hay libro que no sea de superación personal, en especial los buenos. Los 'Ensayos' de Montaigne, por ejemplo. Pero en ese tipo de libros, como los de Derek Medina, pues escribió varios, suelen esconderse una gran equivocación y una gran mentira muy de nuestro tiempo.

La equivocación y la mentira de creer que los problemas, todos los problemas, hay que solucionarlos. La idea de que existen unas fórmulas mágicas para lograr de verdad la felicidad, el bienestar, la armonía, la empatía (ah, esta palabra les fascina), incluso la belleza y la riqueza. Todo con la premisa un poco obvia, aunque al parecer reveladora para tantos, de que es mejor estar bien que estar mal. Quererse a uno mismo, como dicen siempre.

También es que muchas de esas doctrinas son un sucedáneo de la religión y aun de la filosofía: un sistema de respuestas sonrientes y endulzadas que llenan el vacío que dejó en el mundo contemporáneo la antigua y casi olvidada preocupación humana por las cosas del espíritu; por aquello que tantas veces no tiene solución, ni tiene por qué tenerla. Por eso esas doctrinas llenan ese vacío y lo ahondan, lo hacen mayor.

Y por eso engendran un sentimiento religioso: una nueva fe; una forma no menos peligrosa del fanatismo, el dogmatismo, el proselitismo y el mesianismo.

Con sus gurús descarriados, como Derek Medina que mató a su esposa mientras escribía libros sobre cómo salvar el matrimonio.

JUAN ESTEBAN CONSTAÍN
catuloelperro@hotmail.com

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